Propuesta, ingenua, de medidas para intentar aniquilar la pederastia clerical

En mi artículo de este blog de hace unos días, 20/08/2018, titulado “No basta con pedir perdón”, siguiendo la argumentación del arzobispo de Dublín, Diarmuid Martin, en su carta al Papa de preparación para el “Encuentro Internacional de las familias”, de que urgía en la Iglesia “aniquilar para siempre” esa terrible y vergonzosa lacra de la pederastia clerical, terminaba mi escrito prometiendo apunar algunas medidas para conseguir esa erradicación. He aquí las que se me ocurren, intentado solamente opinar y proponer con la “santa valentía y libertad” de los hijos de Dios:

1ª) Eliminar la división canónica Clero-Laicado.

2ª) Urgente puesta de la mujer en el lugar que le corresponde en la Iglesia, según la estadística, la sociología, y la psicología.

3ª) Profunda revisión de la doctrina, y pedagogía, sexual oficial de la Iglesia.

4ª) Anular la ley del celibato obligatorio de los ministros ordenados, y volver a la praxis de los primeros siglos.

5ª) Revisión audaz de los procesos de preparación al ministerio, (y de la necesidad, utilidad, y conveniencia de los seminarios, tal como los entendemos).

6ª) Privilegiar el acolitado adulto, (dejando el infantil para las Eucaristías con niños, acompañados por sus padres o responsables).

7ª) Estudiar la utilidad y conveniencia de la confesión frecuente de los jóvenes y de la dirección espiritual, actividades sin fundamento teológico ni histórico-bíblico en la Iglesia.  

8ª ) Exquisito control, por fieles responsables, de probada madurez y equilibrio psicológico-afectivo, de los campamentos, jornadas y días de entretenimiento y de formación (¿?).

Se trata pues, como se puede ver en esta lista de temas y propuestas, que no caben más largas en este asunto, ni más manifestaciones plañideras de pena y empatía o simpatía por las víctimas, ya que la ola de abusos y maltratos morales y psicológicos a menores, muchas veces niños y adolescentes, y en casos horripilantes casi bebés, está dañando la credibilidad de los ministros de la Iglesia, en lo más esencial de su testimonio, es decir, en la veracidad de los verdades y sentimientos que se anuncian y se predican. Escribía un día de éstos en la portal “Religión digital” su director José Manuel Vidal un artículo duro, pero relista y respetuoso, en la línea de la carta del Arzobispo de Dublín de no poner paños calientes a la dramática situación de la Iglesia, sumida en el escándalo:

“Examen de conciencia, dolor de los pecados …..Eso significa, a mi juicio y en primer lugar, acercarse de verdad a las víctimas. Para escucharlas, acogerlas y, sobre todo, resarcirlas de su dolor y de sus heridas. Con protección real y ayuda psicológica, evidentemente pagada por la institución. Y con todo tipo de ayudas que necesiten, especialmente las materiales. Que a esas vidas destruidas no les falte lo necesario para vivir y puedan salir adelante lo más dignamente posible. Y si eso significa que la institución tiene que arruinarse, que se arruine. Y si tiene que vender palacios, iglesias y hasta el propio Vaticano, que lo haga. Vale más la vida de un inocente que todas las riquezas eclesiásticas acumuladas durante tantos siglos”.

Palabras fuertes, rasgadas y comprometidas, con las que concuerdo plenamente. No hay más que abrir periódicos, revistas, y portales digitales para comprobar el tremendo impacto que esta situación verdaderamente problemática produce en los medios de comunicación, no solo de los no creyentes, o que incluso buscan motivos serios para atacar a la Iglesia, sino de ambientes eclesiales nada sospechosos, que se sienten transidos de dolor y vergüenza de ver como la honorabilidad y la confianza que la gente ha ido cultivando a la Iglesia está cayendo a pedazos, sumidos en el dolor y en el estupor. Por eso que nadie se extrañe que el desarrollo de los puntos que he marcado para los siguientes escritos en mi blog no sean nada complacientes. Fiel a mi estilo, procuraré evitar toda expresión que resulte ofensiva o hiriente, pero pienso que hay que enfocar y abordar la situación actual, más eclesiástico-clerical que eclesial, a Dios gracias, como una emergencia de vida o muerte para toda la Comunidad, porque los fieles, en su lealtad, han ido, durante siglos, aprendiendo a identificar lo eclesiástico con lo eclesial, y, ahora, cuando están viendo la terrible sima de ese mundo clerical, para ellos, ahora hipócrita y podrido, es necesario, y como he marcado más arriba, urgente, meter el bisturí con pulso sereno, pero cono decisión y valentía.

(Seguirá)

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

  

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