La tremenda hipocresía en España

Políticos, periodistas, tertulianos, obispos, grupos y colectivos sociales, no encuentro, en mi desilusión, casi estado deprimido, no veo a casi nadie que se salve. La situación general, y con esta palabra quiero abarcar muchos campos: económico, político, social, ético, y, desde un punto de vista muy específico, y que me toca directamente, también eclesial; la gente llamaría a este último punto “aspecto religioso”, pero ya me he pronunciado muchas veces sobre este extremo: lo cristiano no es sinónimo de lo religioso, o mejor, es, casi, la negación de la Religión, con sus dios autoritario y vengador, sus sacrificios, sus ritos, y su moral estrecha e inmovilista. El Reino de Dios de Jesús es otra cosa muy diferente. Iré, pues, desarrollando, brevemente, los diferentes apartados que he señalado.

1º), En lo económico. La crisis ha golpeado brutalmente a las clases económicamente más frágiles, mientras que, por unas artes que deben de ser mágicas, las familias más acomodadas han aumentado escandalosamente la diferencia de su poder adquisitivo con la de los asalariados de nivel más bajo. Podemos decir, pues, en contra de la hipocresía oficial, que son las clases menos favorecidas las que han financiado la travesía de los años más tormentosos, una afirmación que si a alguno le suena a marxista, le diré que tiene razón, pues una de las tesis centrales de Marx, en su obra magna “El Capital” es la injusticia de la plusvalía del capital sobre el trabajo, hasta límites tan astronómicos como obscenos. Y la hipocresía de los economistas al servicio de las grandes empresas multinacionales y de los grandes capitales españoles consiste en fijarse, y no por casualidad, sino de propósito, en la cifras macroeconómicas, cuando es la economía de la calle, de supervivencia, de la cesta del mercado, la más difícil de cuadrar, porque atañe a millones de ciudadanos. Por eso, según el famoso informe de Caritas, al final de la crisis había aumentado en un millón el número de los afectados por el riesgo de exclusión social, es decir, había pasado de 13 á 14 millones de españoles. Una economía nacional, ¿puede ir bien, o excelentemente, según las autoridades, con esas cifras demoledoras de precariedad económico-social?

2º), En lo político. La hipocresía entre os políticos, tanto a nivel individual y personal, como colectivo, en los `partidos políticos, es, en .os ´días que corren, abrumadora. Hay dos partidos, el PP, y ciudadanos, que proclaman todos los días su interés y amor a la madre Patria, cuando sus proceder demuestra, o eso parece, todo lo contrario. Estamos cansados de contemplar cómo, proyectos que son evidentemente buenos para España y la ciudadanía, como el caso del techo de gasto, con el acuerdo  económico con la Unión Europea, ventajoso en 5.000 millones de euros, es rechazados hipócritamente por no sé qué dogma ideológico sobre el dichoso techo, cuando todos sabemos que tanto el partido azul de la Gaviota, como el naranja de Ciudadanos, lo rechazan simplemente por la autoría del acuerdo: el de un Gobierno que, por lo visto, no es el de España, sino de alguien que pasó por ahí, lo usurpó, al que ahora lo quieren empujar para que se vaya. Ora hipocresía flagrante: esos partidos de la derecho no paran de hablar del respeto a la Constitución, y de declarar al Parlamento la sede de la soberanía nacional. Y lo es, por lo visto, menos cuando por respeto a una disposición de esa misma Constitución, más de la mitad de la Cámara apoyó la Moción de Censura, provocada por la corrupción del partido del Gobierno, Censura ampliamente merecida, según la inmensa mayoría de la población. Tan hipócrita como insistir en que un ciudadano votado por más de la mitad de los representantes del  Pueblo no ha sido elegido por este mismo Pueblo. ¿En qué quedamos, los diputados son o no nos los representantes de la soberanía popular? Otro ejemplo indiscutible de hipocresía es la reacción de ambos partidos de la oposición ante el así llamado “atajo jurídico” que ha encontrado el Gobierno del presidente Pedro Sánchez para soslayar la mayoría apisonadora del PP en el Senado, cuando esa misma “treta” jurídica, como ellos la llaman, fue usada por el Ejecutivo de Mariano Rajoy en ¡23 ocasiones!  ¿Tan mal informados están los diputados y senadores de ambas formaciones, que no saben algo que es de dominio público?

3º), En lo social, y el mundo de la información. Siempre ha habido entre nosotros, lo españoles, la idea de que nuestro país es muy propenso a la maledicencia, la envidia y  la mala uva. Nosotros no hemos necesitado una especial era victoriana, en la que campease a sus anchas la hipocresía social, sino que esa época se ha ido extendiéndose y perdurando como una lacra. Ahora, con las redes sociales, el fenómeno se ha ido desarrollando como si lo abonáramos todos los días, y ha deparado el marco ideal para la maledicencia y la hipocresía, con sus amplios resortes de divulgación, y la protección de un cobarde anonimato. el desprecio a la verdad, y el culto a la creación, propagación y divulgación, con fines políticos, mercantilistas, o de agresiva competencia de falsas noticias,  fake news en la lengua del imperio, favorecen la expansión de una hipocresía social, que se va convirtiendo en materia de culto. No solo no se considera como una actitud inmoral y de una evidente y vergonzosa falta de ética, sino que como digo, se va sacralizando como método del debate público, y se alaba y exalta al que es capaz de inventar las historias más inverosímiles, si se tiene el poder de sostenerlas, y sacar  todas las ventajas de su difusión. El señor Trump sería un buen paradigma de loa que pretendo decir. Voy a poner un ejemplo sencillo: he oído al medio día en la tertulia de TVE a un tertuliano que defendía la teoría de que una de las principales tareas, y la primera en implantarse cronológicamente, de los diferentes Parlamentos era la de revisar las cuentas del Rey, y de cortar, o impedir, eventualmente, los gastos a realizarse con el dinero público. Así que, proseguía, admitiendo que el atajo que se propone el Gobierno para impedir el obstáculo de la mayoría popular aplastante en el Senado, tratándose de tema tan relevante, no debería poder usarse. Pero el tertuliano en cuestión ha olvidado, (¡¿?!) que justamente es el Parlamento, en España, el Congreso de Diputados, y que es una aberración política, la necesidad de la intervención del Senado, así como su ventajosa composición, fruto de una política electoral inicua e injusta. Sorprende el silencio de la mayoría de medios de comunicación, o la intervención con sordina, ante los abusos no tan pretéritos del Gobierno del PP, y de su tentativa descarada de querer mantenerlos desde la Oposición, como si de un patrimonio familiar, o tribal, se tratara. A esa actitud de la prensa, de alguna, más de la deseada, denomino yo hipocresía.

(Me he alargado en exceso. Continuaré otro día con los aspectos éticos y eclesiales).

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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