¡Qué vergüenza de NO homilía, en la misa televisada por TVE!

¡Qué vergüenza!, No de homilía, que no ha sido, sino de proclama ideológica, con argumentos falaces y aparente seriedad antropológica.

Acabo de escuchar, en el programa de TVE “El día del Señor“, transmitido desde la Parroquia de la Purificación de María, de San Fernando de Henares, en Madrid, la homilía de monseñor Juan Antonio Reig Plá, obispo de la diócesis complutense, que, suponemos, pretendía exhortar, y meditar, con su asamblea, sobre la festividad que hoy celebramos, es decir, “Festividad de la Sagrada Familia de Nazaret, o de Jesús, María y José. Ni a sus feligreses, ni a los televidentes y escuchantes, nos ha dado ninguna oportunidad de escuchar algo sobre un tema tan interesante, que yo diría que, si bien planteado, ¡apasionante!. Y en esto de aprovechar las homilías en TVE, con una audiencia significativa, para largar un verdadero alegato de ideología homófoba, y con otras connotaciones extra, y hasta anti, constitucionales, que nada tiene que ver con la Palabra de Dios, el obispo de Alcalá de Henares es recalcitrante, y, por ende, especialista. No sé si muchos obispos, y cardenales, y prelados, en general, tuvieron, en sus años de formación, clases de homilética, pero está claro que, si las tuvieron, las han olvidado. En el diccionario de la RAE, homilía es definida así: homilía, f. En la misa católica, comentario que hace el sacerdote tras la lectura de los textos sagrados. Se ve por esta definición, y por otras, que los académicos entienden de palabras, su procedencia y uso, pero que los conceptos que expresan a veces les resbala un poco. En nuestro caso, lo que importa queda claro, y es que el “comentario se hace tras la lectura de los textos sagrados”, y, por lo tanto, provocado por esa lectura. Aunque quedaría mejor la definición así: “Comentario de los textos sagrados que hace el sacerdote tras su lectura en la misa (católica)”, porque así queda  explicitado que el comentario es por los textos, y sobre ellos y su contenido.

Todos estamos de acuerdo en que monseñor Reig Plá, como ciudadano español, puede tener la ideología que más le satisfaga, o le guste, excepto una que sea antievangélica, cosa que tienen que ver, pero en serio, y si dilaciones ni componendas, sus superiores eclesiásticos. Leí el otro día un artículo duro, en Religión Digital, con el que estoy de acuerdo, en el que se pedía, ante las informaciones que aparecen, intermitente, pero frecuentemente, de actuaciones episcopales, con el clero, o con grupos concretos de fieles, como Caritas, u otros, y que en algunos casos derivan en situaciones bochornosas para la paz y serenidad de la comunidad cristiana, que los que proponen a un presbítero para obispo, sean otros obispos, o el nuncio, o la congregación vaticana de los Obispos, o quien sea, se responsabilice, y no mire para otro sitio, ante los problemas, que pueden llegar a ser escandalosos, que los señores obispos puedan provocar. Y volviendo al obispo de Alcalá, y a su famosa y, para mí, y para muchos, escandalosa homilía, es preciso señalar, 1º) que una homilía no es el momento de mostrar, por parte de un eclesiástico, su ideología socio política, especialmente si choca, expresamente, con situaciones legales establecidas democráticamente; 2º), que la excepción en un Estado aconfesional, que no privilegio, de que la Iglesia Católica use los micrófonos de la Televisión pública de una Estado aconfesional, como consecuencia de un convenio con la Santa Sede, no puede servir de coartada para deslizar, en un espacio televisado pagado también por el ente público, temas no concernientes a la Palabra, que decimos de Dios, que la  libertad religiosa en España nos permite difundir y proclamar. Pero, ¿tenían algo que ver las maravillosas lecturas de libro del Eclesiástico, o de la carta de San Pablo a los Colosenses, o el evangelio de Lucas, con las despenalización del aborto, con las malas consecuencias de la filosofía de Género, o con las facilidades para el divorcio, o con el matrimonio entre personas homosexuales?

Me pregunto, ¿Qué credibilidad y fiabilidad nos pueden merecer nuestros pastores, si en sus homilías, eso sí, bien argumentadas y leídas, dan más cabida y peso a sus elucubraciones ideológicas, y a sus técnicas expositivas y de argumentación académica, que a la fuerza convincente de la propia Palabra de Dios? Credibilidad y fiabilidad, poca. Aburrimiento, y sensación de hablar de sus ideas preferidas de memoria, y con  excesiva y sospechosa  convicción, mucha. Y no quiero terminar sin recordar de que en la Comunidad eclesial denunciar los desvíos, o, incluso, abusos intolerables, como el miedo, descuido, y sensación de desprecio de la Palabra de Dios por parte de los dirigentes y pastores de la Iglesia, no solo es legítimo y honesto, sino necesario, y, en situaciones críticas, como la presente, incluso esencial. No hay sino comprobar este tipo de comportamiento, sincero y claro, en la Iglesia primitiva, como dejaron patente en el Nuevo Testamento.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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