¿Hacia dónde camina la Iglesia española?

Tal vez esté mal formulada la pregunta, y sería mejor interrogarnos hacia dónde va la Iglesia oficial, institucional, jerárquica, de la Iglesia en España. O, para resumir, y dar en el grano, cuál es el plan, el itinerario, o, como se dice ahora, en plan cursi, y homenajeando a los boy scouts, cuál la “hoja de ruta” de la Conferencia Episcopal Española, (CEE).

  • Dejemos de lado los planes pastorales que todo obispo se siente obligado a lanzar a su llegada a una nueva diócesis, para él. Todos sabemos las horas que se pierden en reuniones plúmbeas, aburridas, y sin alicientes, ni evangélicos, ni teológicos, ni siquiera de apasionada y punzante sociología religiosa, hasta llegar a ultimar, tres o cuatro años después, el anhelado “plan enésimo de pastoral” de la diócesis en  cuestión, enterrando los anteriores, y los de antes de los anteriores, y los ilusionados deseos que desde décadas calientan los clérigos de esa diócesis para involucrar a los seglares, mejor laicos, por su connotación de “pueblo”, en sus planes y juegos pastorales. He celebrado ya mis bodas de oro presbiterales, o de cura, (¡ya he expresado montones de veces por qué no me gusta la denominación “sacerdotales”, así que no la repetiré otra más!), y he visto ponerse en faena, para inventar nuevas propuestas pastorales, que siempre acaban muriendo por inanición, por cansancio, por hastío, y por  impaciencia, y, sobre todo, por no tener valentía y agallas para proponer verdaderos planes, mas que de pastoral, de catequesis, de contenidos bíblicos, de reformas eclesiásticas, y, sobre todo, eclesiales, y, todo ello, a largo, a larguísimo plazo. Pero también he prendido, y percibido, que es más fácil, y placentero, para los obispos y sus inmediatos colaboradores, y da más réditos para el futuro a los que los/las promueven, la creación de unidades de pastoral, específicas y especializadas en temas variopintos, ninguno de ellos orientado a la conversión profunda, y al crecimiento, en la fe, y en las actitudes cristianas, no católicas, que no es lo mismo, de los fieles. En fin, reuniones y planes que nunca tocan asuntos capitales, como la superación del clericalismo en la Iglesia, la revisión de las condiciones para el cumplimiento de la misión de los sucesores de los apóstoles, y de todo el organigrama ministerial, como el celibato obligatorio, la ordenación de mujeres, la fijación de los obispos, superando el escandaloso y obsceno movimiento de ascensos en el escalafón episcopal, la reducción de toda la clerecía al primitivo estado laical de las primeras comunidades, la revisión y el reconocimiento del carácter y jerarquía de los carismas, un planteamiento valiente y sereno del carisma “petrino”, un profundo, serio, y verdadero reconocimiento, de los caracteres conciliar y sinodal de la Iglesia. Exactamente algo, o mucho, de lo que pretendía el concilio Vaticano II, y que las altas jerarquías eclesiásticas, a comenzar por el papado, paralizaron.
  • Y prestemos atención a otro tipo de planes y objetivos, … como  como la superación del clericalismo en la Iglesia, la revisión de las condiciones para el cumplimiento de la misión de los sucesores de los apóstoles, y de todo el organigrama ministerial, como el celibato obligatorio, la ordenación de mujeres, la fijación de los obispos, superando el escandaloso y obsceno movimiento de ascensos en el escalafón episcopal, la reducción de toda la clerecía al primitivo estado laical de las primeras comunidades, la revisión y el reconocimiento del carácter y jerarquía de los carismas, un planteamiento valiente y sereno del carisma “petrino”, un profundo, serio, y verdadero reconocimiento, de los caracteres conciliar y sinodal de la Iglesia. Exactamente algo, o mucho, de lo que pretendía el concilio Vaticano II, y que las altas jerarquías eclesiásticas, a comenzar por el papado, paralizaron. Y como fruto de todo ello, conseguir un encuentro vital, experiencial, pero gozoso y alentador, con el Evangelio, con las palabras, hechos y comportamientos de Jesús. Y este encuentro nos hará dejar nuestros cuarteles de invierno, y salir, como pide y anhela el papa Francisco, de campaña, a las periferias y suburbios, más sociales y psicológicos que urbanos, e intentar convertir este nuestro mundo desbaratado, injusto y cruel, en un remedo del Reino de Dios. Esta es la misión de la Iglesia, que describe con tanta precisión como belleza el nº 1 del proemio de la “Gaudium et spes”, documento conciliar sobre la Iglesia en el mundo actual:1. Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del genero humano y de su historia. (Llegar a este punto, y conseguirlo, en la medida de la debilidad humana, será la principal ocupación de todas las conferencia episcopales del mundo, y su objetivo pastoral fundamental, esencial, e irrenunciable).
  •  Mas sombras que luces en la hoja de ruta de la Conferencia Episcopal Española  (CEE). 1ª) sombra: el secretismo. He admirado muchas veces en este blog la sinceridad y valentía de las comunidades primitivas, retratadas en Los Hechos de los Apóstoles,  y en las cartas apostólicas, especialmente de San Pablo, hasta conseguir la total transparencia. Y también he reconocido, comparándolo con el estilo de actuación de la CEE, que ésta pierde por goleada en la comparación. Pues aquí radica, en mi opinión, la primera gran sombra de nuestra Conferencia Episcopal. No podemos reconocer estilo y espíritu evangélico en la ocultación, en el uso de tácticas y estrategias que ocultan las discusiones, y cruce de opiniones de nuestros obispos, al conocimiento de los fieles. Y habrá que recordarles a nuestros pastores que los fieles no somos niños asustadizos y fácilmente escandalizables, y que los que nos escandaliza es, justamente, la ocultación y la falta de claridad, que nos avoca a pensamientos potencialmente malos para nuestros pastores, y para el total de la comunidad.  Que recuerden la casi brutal sinceridad del llamado primer Concilio de Jerusalén, y comparen.

    2ª) Sombra: falta de sentido profético. Me refiero al abandono de los fieles, por parte de los obispos,  en sus problemas terrenales y humanos pero acuciantes,  o así lo sentimos muchos miembros de la comunidad eclesial. Ha habido en España una crisis económica que ha provocado unos recortes en los servicios públicos de asistencia, como sanidad, dependencia, enseñanza, empleo, así como reformas laborables que han perjudicado claramente a los trabajadores, y a las clases más bajas social y económicamente, reformas que no por casualidad favorecían, en sentido inverso, a los empresarios y a las grandes empresas. Se supone que si los obispos, individualmente, y la Conferencia Episcopal, como institución, se consideran pastores y guardianes y defensores de sus fieles, podían haber puesto el grito en el cielo, denunciando los atropellos, como han hecho conferencias episcopales de Alemania, Francia Holanda, Reino Unido, Brasil, y hasta el episcopado católico de los EE.UU., que es minoría en el arco total de las Iglesias  cristianas norteamericanas. En España ha sido Caritas la que, soportando la crítica y hasta el sarcasmo del ministro de Hacienda, ha ejercido el papel de denuncia profética que corresponde a los obispos, e, incluso, con la crítica abierta y directa de algún obispo.

    3ª) Sombra: poco o nulo propósito de la enmienda. Me refiero ahora al gravísimo delito de la pederastia clerical, que lo ha habido, y mucho, en la Iglesia española, y a la vuelta del gran encuentro convocado en Roma por el Papa para estudiar ese peliagudo y acuciante problema en la Iglesia, se ha podido comprobar que el presidente de la CEE, arzobispo de Valladolid, cardenal Ricardo Blázquez, representante de los obispos españoles en Roma, no ha caído en la cuenta de que aunque haya habido también ese desvío infame en el ámbito de la familia, y en espacios educativos y deportivos, los obispos no se pueden poner de lado, en la parte que les toca, como vigilantes,  de la salud física mental, moral y  espiritual de los niños y adolescentes que se relacionan con sus curas, no pueden mirar para otro lado, ni tampoco esperar que los jóvenes, víctimas de abusos, tomen la iniciativa de denunciar y de mover las investigaciones pertinentes. A su vuelta de Roma el cardenal Blázquez se ha afanado en declaraciones, muy en especial en la TV13, de la que es el último responsable. En ellas ha demostrado, desgraciadamente, lo ineficaz y estéril que ha sido, para el episcopado español, el encuentro con el pues no se tomaron medidas concretas, ninguna de las que todos esperábamos, y menos la que esperaban las víctimas. El presidente de la CEE ha dejado claro, sin ninguna duda, que la Conferencia episcopal que él dirige, no piensa, ni va a hacer ninguna investigación sobre la pederastia clerical española en el pasado, porque, se excusan, afirman carecer de autoridad para ello, ya que están esperando las órdenes del Papa. En otros países, y otros episcopados, como en francés, no ha habido ese delicadeza cómplice con los pederastas o encubridores. El cardenal primado del país vecino, Cardenal Barbarín, arzobispo de Lyon, denunciado a los tribunales civiles, ha sido condenado a seis meses de cárcel, y apartado de su misión pastoral clerical.  Tal inacción contrasta con las actuaciones  que se han llevado a cabo por otras conferencias episcopales como la alemana, la irlandesa, la belga, la holandesa, la francesa, y algunas  ya han hecho públicos los resultados. Por ejemplo, “la Conferencia Episcopal Alemana ha documentado 3677 casos de agresiones sexuales provocadas por 1670 clérigos tras una rigurosa investigación de cuatro años sobre un período de varias décadas. Varias congregaciones religiosas españolas están llevando a cabo también investigaciones entre sus miembros. Lo que deja más al descubierto la falta de voluntad de la CEE o, al menos, de su presidente para aclarar crímenes tan horrendos”, como afirma el teólogo Juan José Tamayo, en artículo del 22/03/2019, en Redes Cristianas .

    No nos extraña, pues, que Juan Catrecasas, padre de un joven víctima de abusos en el colegio del Opus Dei de Gaztelueta, en Guipuzcoa, y presidente de la asociación que quiere proteger los que han sido privados de su infancia, arremeta con pasión contra la CEE y su presidente: “la jerarquía eclesiástica es insoportable, insustancial, mentirosa y muy cobarde”.  Juicio que hace extensible al presidente de la CEE: “Blázquez sabe lo que oculta la iglesia española y conoce la soberbia de la institución que él mismo dirige. Las palabras de Blázquez me producen estupor, y no tengo reparo en decir que desprecio y una profunda aversión”. ¿Dónde queda la tan cacareada transparencia y la repetida asunción de responsabilidades?

    (Seguiré)

    Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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