Méjico nos pide cuentas

Tanto nuestro rey, Felipe VI, como el papa Francisco, han recibido una carta del presidente de México, López Obrador, en la que se les pide un relato fidedigno de las tropelías, y petición de perdón, de lo que hoy llamamos “abuso contra los derechos humanos”, (sic), tanto las que se cometieron en el terreno de la política y de la guerra, como de la Religión y el control de conciencias. Llama poderosamente la atención que un señor con tales rasgos indudables de etnia indígena, y con apellidos tan aztecas, haga ese tipo de reclamación, cuando, desde la fecha de independencia de México, hasta hoy, su país no ha tenido nunca un presidente de aspecto vernáculo. Y mira que hay todavía en esa bella nación una buena pléyade de habitantes nativos, tal vez una de los que los tiene más numerosos, lo que indica que la destrucción y los crímenes contra la Humanidad no fueron tan numerosos ni crueles como se proclama. Llama también la atención que este tipo de leyenda negra haya prosperado más en el caso de la colonización hispana, que en la inglesa, o de otras naciones europeas. Que sepamos, la gran mayoría, por no decir todos, de los indígenas norteamericanos han sobrevivido, casi hasta hoy, en la reservas, en las que fueron conminados tanto para preservarlos de la destrucción, como para tenerlos controlados. Y, desde luego, hemos visto en la gran nación norteamericana, el milagro de un presidente mulato, ¡ellos lo llaman negro!, pero no ha habitado la Casa Blanca alguien con rasgos indígenas, como, por ejemplo incuestionable, el presidente de Bolivia, Evo Morales. 

A mí me apena, y hasta indigna, más que me enfada o enoja, como dicen dulcemente nuestros hermanos latino americanos, que nos reprochen y condenen tanto el estilo de nuestra colonización, y no enfoquen más de refilón las de otros países europeos, cuando vemos la cantidad de rasgos indígenas que han llegado hasta nuestros días en países como México, Ecuador, Colombia, Bolivia, Perú, y tantos otros, mientras que los de la colonización inglesa en los EE.UU. han sobrevivido casi hasta hoy en Reservas, en las que fueron conminados tanto para no ser destruidos por la inercia de la ocupación de los territorios a la busca de tierras buenas para pastos, agricultura, y minería, como para tenerlos controlados. Y es bueno recordar que en las tierras dominadas por España la práctica de la esclavitud fue siempre residual, y que sucedió como algo anecdótico, de hecho, nunca de derecho.

Sin embargo, la actitud del mandatario mejicano me ha obligado a pensar, y a recordar algo que sí me hiere, me duele un montón, y me hace dudar de la (¡poca!) lucidez que hemos tenido los españoles para contar nuestros hechos gloriosos, algunos de ellos verdaderamente decisivos en el progreso cultural y humanista del mundo. Y pongo dos ejemplos: en Europa, y todavía menos en otros continentes, muy pocos conocen la obra colosal, de alcance cultural y social impresionante, de la Escuela de Traductores de Toledo, por la que llegó a las universidades europeas el pensamiento de Aristóteles, prácticamente perdido desde el incendio de la biblioteca de Alejandría, por el siglo VII. Y además de otras enormes recuperaciones de obras esenciales para la cultura, la propia convivencia y colaboración científica entre judíos, árabes y cristianos, es una experiencia que debería enorgullecernos.

Y ahora quiero recordar otra cumbre española, ésta del Derecho internacional, y que tiene que ver mucho con la polémica levantada por el presidente mejicano. Me refiero a la escuela de Derecho de Salamanca, que fundó y creó el núcleo de lo que hoy llamamos Derecho Internacional, que no se debe a Grocio, con el q1ue tanto hinchan el peso los italianos. Los verdaderos creadores del derecho internacional fueron Francisco de Vitoria, (1483-1546), y Domingo de Soto, (1494-1560), con el que llega a su máximo esplendor. Ambos eran dominicos, como el gran Fray Bartolomé de las Casas, que fue algún tiempo obispo de Chiapas.

Y este es el segundo caso que quiero recordar y reivindicar. Este gran dominico, que luchó contra tantos interesados en conseguir lucros, ganancias y beneficios excesivos, ha sido considerado por algunos pensadores y divulgadores españoles como uno de los causantes de la “Leyenda Negra” antiespañola, cuando es al revés. Es el mejor argumento que podemos esgrimir contra los que, como el presidente de Méjico, hablan de falta de respeto a unos Derechos Humanos que no estaban declarados ni reconocidos. Pues bien, hemos olvidado lastimosamente que uno de los momentos de mayor grandeza de la Historia española sucede el año de 1542, cuando el emperador Carlos V convoca, a instancia de fray Bartolomé, a quien siempre escuchó, y respetó, a los mejores teólogos y juristas de la época, que siguiendo los dictados de la escuela salmantina, y la audacia generosa del que había sido nombrado “Protector de los Indios”,  se adelantaron cuatrocientos años a la Declaración de los Derecho Humanos de la ONU. Entre sus disposiciones  destacamos: Estas leyes nuevas “prohibieron la esclavitud de los indios y ordenaron que todos quedaran libres de los encomenderos y fueran puestos bajo la protección directa de la Corona. Disponían además que, en lo concerniente a la penetración en tierras hasta entonces no exploradas, debían participar siempre dos religiosos, que vigilarían que los contactos con los indios se llevaran a cabo de forma pacífica dando lugar al diálogo que propiciara su conversión. Las Leyes Nuevas fueron uno de los más importantes aportes al derecho de gentes que efectuó el rey Carlos I como consecuencia de sus conversaciones con fray Bartolomé de las Casas”.

Soy de la opinión de que recordar actuaciones como las de la Escuela de Salamanca, de Fray Bartolomé de las Casas, del emperador Carlos V, y de las “Nuevas Leyes” que bajo su auspicio y amparo promovió el “Consejo de Indias” ayudan mucho más a entender, y hasta disculpar los primeros abusos, y hasta exaltar después que se corrigieran, que no la salida extemporánea de Pérez Reverte profiriendo el insulto de “imbécil” al presidente de nuestro país hermano Méjico.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara        

 

2 Responses to “Méjico nos pide cuentas”

  1. Si vemos lo que la Iglesia esta expoliando en Navarra, ¿ con cuanto arramblaria en Mexico? navarra sigue siendo vanguardia del movimiento contra las escandalosas inmatriculaciones de la Iglesia católica. Si antes, gracias a la gestión de su Parlamento, supimos que había habido 1.087 inmatriculaciones en el período 1998-2007, ahora ha sido el actual gobierno de cambio el que ha solicitado a Madrid todas las inmatriculaciones anteriores a 1998. Y la sorpresa ha sido mayúscula: 1.431 nuevas inmatriculaciones que, sin duda, fueron muchísimas más, pues los registros de la propiedad solo dan los datos de lo que hoy todavía está en manos de la Iglesia y no de cuanto ya ha vendido desde el año 1947. Que la ciudadanía haya estado décadas sin enterarse de semejante trasiego inmobiliario, es la mejor prueba de la alevosa opacidad con la que han operado.

    Entremos en detalle. Recordemos que ni siquiera el franquismo permitió a la Iglesia inmatricular los lugares de culto. En eso siguió en alguna manera a la República, hasta tal punto se sobrentendía que eran bienes públicos. Pues bien, abierta la veda en 1998 por el gobierno de Aznar, la Iglesia inmatriculó en Navarra 849 iglesias, ermitas y varios cientos de bienes diversos más, desde helechales hasta cementerios y frontones.

    La Iglesia quiso desviar la polémica centrándola solo en los templos, y mucha gente ingenua, que no conoce su archivo municipal, creyó lo que decían los obispos, esto es, que eran suyos los bienes levantados para el culto cristiano. Esta falacia se desmoronaba en cuanto se comprobaba que todas las iglesias de patronato particular habían sido respetadas, mientras trincaban exclusivamente las de propiedad pública. Claro, era más fácil arramplar todas las ermitas de la Baldorba que tocar una sola de la duquesa de Alba o de cualquier ricohombre local. El botín fácil siempre está en la bolsa pública.

    Al mirar estas nuevas 1.431 inmatriculaciones, comprobamos que hay algunos lugares de culto (pese a que la ley prohibía entonces su inmatriculación) pero el 95% de los bienes son tierras de cereal, edificios, huertos, solares, pastos y algunos cementerios y frontones.

    Cualquiera que pasea por el campo sabe que por allí solo hay dos tipos de propiedad: o es pública-comunal o es de alguien particular. Y ese alguien debe tener un título de propiedad. Entonces, ¿de dónde han sacado los obispos miles de terrenos para inmatricularlos, es decir, para registrarlos por primera vez? Pues lógicamente de los terrenos públicos y comunales, aprovechándose de la desidia de los ayuntamientos, de su buena fe y sobre todo, de las prerrogativas ventajistas que les concedió el franquismo para actuar como fedatarios públicos (“es mío porque yo lo digo”), prerrogativas que, increíblemente, han durado hasta el año 2015.

    Descubierta y señalada, la jerarquía católica solo ha sabido balbucear que acudamos a los tribunales, porque sabe que aunque pierda algunos pleitos (como la demoledora sentencia de Estrasburgo o la de Muskilda) siempre le quedarán miles de bienes sin reclamar, por desidia, prescripción o incapacidad de los pequeños pueblos para soportar la carga judicial. La solución justa debe ser colectiva: vuelta al estado inicial y que la Iglesia acceda a la propiedad de sus bienes como el resto de los mortales, con trasparencia y documentación. Como Dios manda, vamos.

    De otro modo, todo será un calvario para la jerarquía eclesiástica. Los pueblos ya tienen una Guía local para obligarle a mantener de su bolsillo todo ese patrimonio mal apropiado. Los cristianos de base, los que “no se avergüenzan del Evangelio”, como diría el párroco de Altsasu, Marino Ayerra, están colaborando con las plataformas populares que luchan por la devolución de lo robado. “No me vas a arrebatar mi fe” le dijo el ex-misionero Pedro Leoz, presidente de la plataforma navarra, al obispo Sebastián. Salvo sus monaguillos oficiales, nadie, ni la prensa más afín, saca la cara a la Iglesia en este tema. Apesta a avaricia, a corrupción, a simonía, a desahucios, a todo lo contrario al mensaje que predica.

    Son años de descrédito y de muchas almas avergonzadas y perdidas, sin que la jerarquía eclesial haya hecho el menor gesto de dialogar, de bajar del púlpito de su soberbia, de reconocer sus pecados, reparar el daño causado y hacer propósito de enmienda. Escandalizan, y lejos de arrojarse con una piedra de molino al mar (Mateo, 18, 6) se pasean arrogantes. No tienen miedo al Infierno. Saben que no existe.

    Poco a poco, miles de bienes más serán vendidos o alquilados. Quieren hacer caja y prevenirse de una posible devolución forzosa. Pero el Gran Ladrón está nervioso: sabe que miles de ojos están puestos en ese patrimonio y que ya no va a poder mercadearlo como quisiera. Hace diez años se lo advertimos: vuelvan las cosas a su sitio; dejen, como en Portugal o Francia, que los poderes públicos cuiden y mantengan esos bienes y úselos la Iglesia para un culto que nadie ha cuestionado. Dejen ustedes de amasar, de pecar y de escandalizar. Lo dijo San Lucas: “No podéis servir a Dios y al dinero”.

    Publicado en Noticias de Navarra autor Jose Mari Esparza de Tafalla

  2. La conquista de un reino soberano muy cercano del imperio español, el de de Navarra. se produjo veinte años más tarde del llamado descubrimiento de América, el reino de Navarra empezó a ser atacado a sangre y fuego por las tropas comandadas por el duque de Alba con la ayuda de la facción beamontesa y una falsa bula papal.

    El reino independiente de Navarra fue en parte conquistado tras la batalla de Amaiur en 1521. Desde el año 851 con el primer rey Eneko Aritza hasta el rey Juan de Labrit, el viejo reino vascón frenó todos los intentos de anexión por parte de sus vecinos. Los reyes legítimos buscaron refugio en la Navarra norteña y el condado del Bearne, con capital en Pau, que fue durante 200 años la capital de la Navarra Libre

    Conquistada Navarra, el viejo reino vascón pasa a ser un virreinato como fueron el Perú o Méjico. Pasaron los siglos hasta que, principios del siglo XIX, el libertador Bolivar(de abuelos vizcainos del pueblo del mismo nombre; boli-ibar: el valle del molino en euskara)

    Felipe VI también debe pedir perdón a Navarra como reclama López Obrador para Méjico y los demás pueblos que fueron masacrados y saqueados durante siglos. Hay gobiernos que lo han hecho en Canadá con los indios o en Australia con los aborígenes, por poner algunos ejemplos. Por esa razon el rey de España es solo rey de España y no de muchas de sus antiguas colonias como lo es la reina de Inglaterra. Inglaterra si reconocio el derecho de autodeterminacion de algunas de sus antiguas colonias, mientras España recurrio a la guerra para evitar el ejercicio de ese derecho , con el resultado de millones de muertes . Y siguen contumaces con Cataluña

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