No creo que ese inoportuno panfleto sea de autoría de Benedicto XVI

¿Cómo es posible que un papa tan culto y bien informado como Benedicto XVI, que debe de saber “que la pederastia ha acompañado toda la historia de la institución eclesiástica, lo único que esto ha sido escondido de forma obstinada siglo tras siglo“, desconozca estos extremos. Así como tampoco es plausible ni creíble que Ratzinger no sepa que el concilio de obispos españoles de Elvira, en 306, condenó a los “violadores de chicos”, recuerda, Marco Politi, quien, como tantos otros, pone en tela de juicio la autoría de Ratzinger, “un hombre tan erudito”, del panfleto sobre la pederastia en la Iglesia, aparecido el 18 de abril de este año.

Hay casi unanimidad entre los autores que es prácticamente imposible la autoría física, e intelectual, del papa emérito, de un panfleto de tan poco rigor, y tan desafortunado en las formas, contenido, y fecha de publicación. Pueden estar de acuerdo, incluso, en que haya sido el papa emérito el que haya firmado el documento, empujado, o incluso engañado, por algunos de los cardenales más beligerantes contra el Papa, el auténtico, Francisco, el papa Bergoglio. Y es que esa sería la respuesta a la pregunta clásica ante un crimen, o faena notable, a favor de no se sabe quien, y en contra de otro, u otros desconocidos. Y la pregunta, en latín, que es más elegante, es “cui prodest?  ¿A quién interesa? Y, evidentemente, a quien más interesa este tipo de publicación, escandalosa en el fondo y la forma, es a aquellos que se oponen a la realización de la misión pastoral que el papa actual ha adoptado como de su estricta responsabilidad: proclamar, anunciar, y defender, la aplicación auténtica y veraz del Concilio Vaticano II.

Y ahora entraré, breve, y resumidamente, en el contenido de la misiva-panfleto que está significando un terremoto en los mentideros eclesiásticos, sobre todo Vaticanos, de la Iglesia. Puesto Benedicto en la tarea de encontrar el origen, y las causas, del terrible delito de la pederastia clerical, no tiene otra ocurrencia que, mezclando churras con merinas, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, es decir, el Tiber por Roma, afirmar que el Concilio vaticano, y los desmanes del mayo de 1968, son la indiscutible causa de la laxitud sexual que se produjo en el  mundo,  y, por rebote, en la Iglesia. Porque efectivamente, ambos acontecimientos sucedieron en el mismo mes de mayo del mismo año. Solo que hay que tener en cuenta el pequeño detalle de que la vieja pederastia del clero es tan antigua como la ribera del Ebro, -recordemos la fecha del concilio de Elvira del año 306-, y la nueva. la reciente, como sabe muy bien Benedicto XVI, prefecto de la Congregación romana del Santo Oficio un montón de añosen cuya mesa principal del despacho se acumulaban documentos fehacientes de los abusos sexuales clericales desde los años cuarenta del siglo pasado. Concretamente es dado como seguro y cierto que había noticias contrastadas de ese tipo de comportamientos de uno de los mayores artífices de ese abominable delito, como fue Marcial Maciel, fundador de Los Legionarios de Cristo Rey, (¡que cuajo debían de tener por aquel entonces en el Vaticano para admitir este título provocativo para ¿soldados? agresivos de Cristo, que es lo que quiere significar!), noticas documentadas ya, como digo, por los años 40.

Además, unos de los aspectos más decisivos, y terribles, que se desprende de la fuerza causal de la pederastia en la crisis de fe, es demoledora para la propia jerarquía de la Iglesia, que, por el número, y la categoría institucional de muchos de los protagonistas de los abusos sexuales, habrían caído en el ateísmo, la descreencia, o el agnosticismo. Fenómeno, que, a ser verdad, aun en un nivel más bajo del que supone la magnitud del incuestionable desvío sexual, hubiera hecho necesario y urgente un concilio ecuménico renovador, y reformador, que tanto incomoda a quienes usan todos sus recursos, muchas veces nada éticos, ni leales, para entorpecer la aplicación del mismo, aun demostrado, como queda por todo lo anterior, que sería de urgente y grave necesidad en la Iglesia.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

One Response to “No creo que ese inoportuno panfleto sea de autoría de Benedicto XVI”

  1. Pensé en una demencia. Porque siempre me había parecido Benedicto impecable cuando abordaba estas cuestiones.
    ¡Ni se me había ocurrido que fuera falso! Gracias

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