No me gusta el estilo del Tribunal Supremo

…. Y el de la Fiscalía General del Estado, todavía menos

La decisión de someter a prisión preventiva a los gobernantes catalanes responsables y dirigentes del Procés nos ha parecido, a muchos, exagerada, y un verdadero abuso de ley. Cuando todavía no se conocían los detalles de los sucesos turbulentos que sucedieron en Cataluña los años 12017-18, resulta por lo menos chocante que la Fiscalía, y los Jueces del Supremo, se dieran tanta prisa en catalogarlos como delitos de Rebelión, lo que puede inclinar a muchos observadores a pensar que los que menos deberían caer en el supuesto de no respetar la presunción de inocencia, como son los jueces, hayan traspasado, tal vez esa línea verdadera y terriblemente roja de nuestra arquitectura judicial. (Ya sabemos que el ministerio fiscal, puede, y debe, por los indicios reales de delitos, acusar a los responsables de los mismos, con carácter indiciario ¡solamente!, nunca con apariencias de delito definitivo, cuando no se ha pronunciado sentencia. Por eso, la descripción por el fiscal, en el día de ayer, 4 de Junio, de que esos señores sentados delante de él habían cometido un delito de rebelión, sin distingos, y sin matices, a mí me parece un abuso. Tenía que haber dejado claro que “están acusados del delito de Rebelión“, no que lo habían cometido. Y pueden leer los periódicos de hoy para comprobar cómo se ha traducido el ex abrupto del fiscal Zaragoza. 

Y no soy el único que opina así, cosa que me tranquiliza, porque me evita la tentación de pensar que soy un bicho raro, que me ocupo en cosas peregrinas, y que no estoy de acuerdo con lo que la mayoría de los medios de comunicación, digamos “sensatos”, están bombardeando  a la opinión pública. Espero que a la hora de la verdad, los abusos, las exageraciones, y la prepotencia de un Tribunal Supremo politizado, ¡que se lo digan a Cosidó!, sean subsanadas por los jueces, cuando éstos, sin focos, ni cámaras, sino en la soledad de su conciencia, y de la solidez o endeblez de sus criterios, pruebas, y juicios, tengan que pronunciarse sin prejuicios, y lejos del clamor de la opinión pública.

No puedo entender cómo la Fiscalía, ante los primeros síntomas visibles de lo que los políticos catalanes venían preparando a la vista de todos, sus desmanes en el Parlament, su desprecio a las decisiones y advertencias del Tribunal Constitucional, su reiteración en el rechazo a colocar las enseñas nacionales en los edificios públicos, y tantos otros atropellos, repetidos hasta convertirse en “normales” y, por tanto, permitidos, no puedo entender, digo, como la Fiscalía no actuó mucho antes de que se produjeran acciones que por su calado, significación, e inmediatas consecuencias, eran difíciles, después, de conducir.

Es evidente que la dejadez en el cumplimiento de los Mossos en sus tareas tendentes a la legalidad estatal, digamos, que no catalana, o de la Generalitat, venía de muy lejos. Nada impedía al Gobierno de la nación, con la proa de la Fiscalía general por delante, haber apartado a los Mossos de su función policial, para lo que no se precisaba ni siquiera promover el artículo 155 de la Constitución, que se puede promover en su totalidad, o por partes, así como tomar otras decisiones de muy acusada influencia en la vida cotidiana de los catalanes. ¿Fue una equivocada consideración de ¿prudencia política? la que impidió esa decisión, esa fuerza y esa valentía que están demostrando ahora las instituciones gubernamentales, o una pertinaz cobardía a incomodar a los próceres catalanes, y esperar a que las cosas fueran tan enormes y evidentes que hasta la población “sensata” de Cataluña lo admitiera, y hasta lo aplaudiera? Y es escandalosamente chocante que los que entonces tenían la sartén, por el mango, los políticos del PP con mayoría absoluta, sean ahora los que crucifiquen a los del PSOE, porque ¡quieren destruir la unidad de la nación! Como es escandalosamente alarmante e intolerable que los poderes judiciales, Fiscalía y Tribunal Supremo, que ahora vemos funcionar a toda presión, (que no “sub presión”, sino todo lo contrario) no fueran capaces de hacerlo cuando ya había motivos judiciales, menos graves, desde luego, y, por lo mismo,  de más fácil componenda, y de no tan gravísimas consecuencias.

Quiero decir, que si se ha podido judicializar la política, ante desmanes gravísimos, se podría haberlo hecho, de manera incluso pedagógica, pero real, ante desvíos menores de los Gobernantes, pero, no por menores, no sujetos a control y persecución judicial. Esperar a que estalle una bomba destructiva, para actuar, no será nunca una buena política de Gobierno. Es lo que han hecho los poderes Ejecutivo y Judicial españoles en el caso catalán.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

2 Responses to “No me gusta el estilo del Tribunal Supremo”

  1. El gran imperio de la ficción que creó Castilla (Consejo de Castilla) se pasaba por el forro las Constituciones y los Derechos de los Catalanes y se dedica a sangre y fuego a edificar una España de cemento y dinero. Expolian, abusan, roban en Catalunya. América ya no da el dinero que daba. Castilla es ludópata. La España falsa que construye es una máquina tragaperras. Y Catalunya tiene que pagar la fiesta, la enfermedad, la adicción. Sus palabras de espada y cañón no respetan las palabras de las leyes y las personas. Las palabras del conde-duque de Olivares, mano derecha de Felipe IV: “Al diablo las Constituciones! y consagra la sacrosanta unidad del imperio Y desgarra las palabras de las leyes, de la historia, de la realidad, de la verdad. E impone sus palabras letales. Los catalanes dicen: no. Comienza la Guerra de los Segadores. Ganan unas palabras clave: Castilla, Madrid, Monarquía. Pierden otras palabras: la Cataluña Norte; toda Cataluña, los catalanes. El país entra en el diccionario de la derrota absoluta. El próximo vocablo ya se prepara en Francia: Felipe V. Nos han ganado las palabras. Nos han definido la vida. Cornudos y apaleados.

    Hoy el Consejo de Castilla es el Tribunal Supremo: el Estado nacional-judicial español. Y de propina la mafia bancaria de Francia nos envían el monarca de la mala educación inmoral: Valls.

  2. El fiscal del proceso contra Catalunya Javier Zaragoza durante los años 2007 y e 2009, se reunió varias veces en su despacho con responsables de la embajada de Estados Unidos que le presionaban, él y más fiscales y políticos españoles, porque detuvieran las investigaciones que había abiertas en España por los vuelos de la CIA de traslado ilegal de prisioneros; contra militares estadounidenses acusados ​​del asesinato del cámara de televisión José Couso en Bagdad en 2003; y contra responsables de Guantánamo por torturas. Zaragoza cedió a las presiones, y anunció que se opondría al procesamiento de los tres militares acusados ​​de haber matado Couso y el archivo de las otras causas. No sólo actuó en este sentido, sino que proporcionó información muy valiosa a las autoridades estadounidenses sobre la evolución de las investigaciones en estos casos. El escándalo, lo destapó WikiLeaks y lo publicó El País.

    La reputación de Zaragoza y de más jueces (como Ismael Moreno) y fiscales (como Conde Pumpido) no se encontró comprometida a pesar de unas evidencias que habrían tenido que enterrar sendas carreras. Al revés, para que todos mantuvieron y mejoraron las posiciones de poder que ocupaban. En el caso de Zaragoza, haciendo y deshaciendo a sus anchas en la fiscalía de la Audiencia española; todo pasaba por sus manos. Él tenía la última palabra en los casos que se investigaban, y durante sus últimos años ocupando este cargo emprendió investigaciones y acusaciones por delitos de odio en la red, con un peculiar criterio a la hora de seleccionar las opiniones merecedoras de castigo y las que eran perdonables; hizo que un juez metiera en la cárcel por apología del terrorismo unos titiriteros de Madrid por haber bromeado en un espectáculo con un cartel que incluía la palabra ETA; pidió veinte meses de prisión contra el cantante de Def Con Dos por enaltecimiento del terrorismo por la letra de unas canciones y denunció por injurias a la corona y ultraje contra los símbolos españoles la pitada contra el rey y contra el himno de España en la final de Copa de 2015 en el Camp Nou. A medida que el gobierno de Rajoy endurecía la legislación, con la ley mordaza, la reforma del código penal y la de la ley del Tribunal Constitucional, para que se convirtieran en herramientas efectivas de represión judicial, Zaragoza se iba amoldando.

    Hacia la causa general
    Hasta que el independentismo se atrevió a hacer el 9-N y ganar unas elecciones como las del 27-S. Entonces decidió aplicar una vieja doctrina que él mismo había hecho ir con mano de hierro durante años, la del ‘todo es ETA’, reformulando la y rebautizándola implícitamente: ‘Todo es el proceso’. Por eso el otoño de 2015 abrió una vía represiva que llega hasta hoy, encargando a la policía que investigara todo lo que tuviera que ver con el independentismo. El teniente coronel de la Guardia Civil Daniel Baena, alias ‘Tácito’ en la red (desde donde insultaba independentistas), explicó en el juicio contra el proceso que desde finales de 2015 que investigaba dirigentes independentistas siguiendo las indicaciones de Zaragoza. Baena lo hizo durante meses, hasta que el juzgado número 13 de Barcelona, ​​a raíz de una querella de Vox, hizo lo mismo, a principios del 2017. Diversas investigaciones abiertas por un mismo motivo, en una causa general de carácter prospectivo que aunque se fue ramificando, con causas abiertas al TSJC, en la Audiencia española y al Tribunal Supremo.

    Pero, a pesar de haber sido un alumno tan aplicado, las familias políticas terminan pesando más. Y a principios de 2017, justamente cuando se judicializar la causa general en el juzgado número 13 de Barcelona, ​​pocos meses antes del anuncio de la fecha del 1-O, Javier Zaragoza fue relevado -al cabo de once años- del cargo de fiscal jefe de la Audiencia española. Fue un revés para él, que se tuvo que conformar a ser fiscal de Sala del Tribunal Supremo, una posición de menos responsabilidad y de menos acción, en un tribunal de última instancia donde prácticamente no se hacen juicios. Y uno de los pocos que se han hecho estos últimos tiempos ha sido precisamente el juicio contra el proceso, que para Zaragoza fue como una bendición. Porque le permitía cerrar judicialmente un procedimiento que él mismo había nutrido, cuatro años atrás, y con un lucimiento mediático que le ha hecho recibir el favor de una buena parte de la prensa de Madrid, por haberse exhibido como el azote del independentismo.

    Este papel, lo comparte en el ámbito mediático español con Manuel Marchena. Porque uno de los hechos más destacados, al tiempo inquietantes para los presos, durante este juicio, ha sido la progresiva convergencia de criterios y pareceres entre Zaragoza y Marchena, en decisiones trascendentales que el magistrado ha tenido que tomar recientemente, como la negativa a tramitar suplicatorio al congreso español para continuar juzgando los presos diputados; la denegación de dejarlos en libertad provisional; y la prohibición a Junqueras de ejercer de eurodiputado.
    (PUBLICADO HOY EN CATALAN EN EL DIARIO DIGITAL VILAWEB.CAT POR JOSEP CASULLERAS)

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