Tal vez sea interesante eliminar el cuerpo de cardenales de la Iglesia

Desde luego, el título más real  de los obispos, y que demuestra más honor, es el de “sucesores de los apóstoles”. ¿No es suficiente? Ya sabemos que a imitación del organigrama del Imperio Romano, con sus división en grandes provincias, y administraciones más pequeñas, inspiró a la Iglesia, y así fueron surgiendo las provincias eclesiásticas, Arzobispados, y los obispados, células más pequeñas de los archi-obispados, pero con todas las notas y atribuciones para constituirse en copias de la Iglesia entera. entonces, ¿para qué los cardenales? Con el engrandecimiento, y el ensanchamiento administrativo de la sede romana, y la creación, también inspirada en el Imperio, de la Curia romana, después vaticana, los cardenales surgieron como los “canónigos” de la diócesis de Roma, y como cuerpo de asesores directos del Papa. Pero hay motivos y situaciones que hacen cambiar por completo el panorama de la comunicación, y lo que era imposible no solo en el siglo VIII o XVI, sino hasta finales del XX, e inicios del XXI, hoy es perfectamente solucionable sin la presencia física de tanto curial, que más que otra cosa se estorban y empujan unos a otros.

La propia Catolicidad de la Iglesia debería haber desaconsejado que solo los canónigos de la diócesis de Roma, es decir, los cardenales, eligieran al Pastor Supremo de toda la Iglesia, si es que esta figura es estrictamente necesaria, con los medios que las modernas tecnologías, que van a más sin parar, modernizándose y mejorando semanal, y diariamente, ponen a nuestra disposición. Si la Iglesia fue igualmente Católica con cinco grandes patriarcados, en los que el obispo de Roma era, solamente, “primus inter pares“, (el primero entre iguales), sin teléfonos, sin internet, con los innumerables medios de comunicación que tenemos ya en el presente, y los que se anuncian en un futuro inmediato, la Iglesia podría resultar mejor y mas católica que todo lo  centralista que es hoy. Y sigo preguntando, además de loa caros y escandalosamente frívolos que resultan los cardenales, con sus capas magnas, y sus entornos principescos, ¿para qué sirven los cardenales, y para que servirán en un cambió previsible, y sobre todo, necesario, de la organización más católica, y más evangélica de la Iglesia?

Y  luego, o, ¡además, intolerablemente!, tenemos los casos de los cardenales Müller, Sara, Walter Brandmuller, Raymond Leo Burke, Carlo Caffarra, Velasio De Paolis, y ahora el pobre cardenal Pel, que, condenado por la justicia civil por pederastia, protesta e injuria desde Australia. Éstos son algunos de los que se oponen abiertamente al papa Francisco, es decir, al Concilio Vaticano II, pero hay muchos más, también en nuestra tierra, que están esperando una mejor ocasión para saltar a la palestra, y, ahora, en silencio, están rumiando lo que consideran una traición a la Iglesia, y una debacle existencial para la misma. Cuando de lo que se trata, sin duda, es de una inmensa traición al Concilio Vaticano II, tramada y realizada, desde las más altas esferas del Vaticano, después de la proclamación de Juan Pablo II como papa, con la inmejorable ayuda del Cardenal Ratzinger, que continuó la labor iniciada por su predecesor, ya como papa Benedicto XVI.

En el Evangelio no hay la menor disculpa para organizar en la Iglesia un sistema de escalafón, para preparar personas que puedan escalar puestos cada vez más altos de poder. Toda la parafernalia de arciprestes, prelados de confianza, vicarios pastorales, obispos auxiliares, arzobispos, Nuncios ¿Apostólicos?, cardenales, no es otra cosa que una estructura para facilitar la escalada, lo más rauda posible, a puestos de poder. Pero me gustaría que los que piensan que este tinglado, que existe en la Iglesia casi desde finales del siglo IV, y que se ha ido perfeccionando para mejor alcanzar los fines buscados, que esta maraña de subdivisiones del Poder tiene algo que ver con el Evangelio, den argumentos suficientes para demostrarlo. Les aseguro que no los van a encontrar, lisa y sencillamente porque lo que pretenderían defender es claramente anti evangélico.

Y termino recordando algo que todos los que piensan libremente, sin ataduras ni hipotecas clericales, por su puesto o su importancia, han señalado: el impresionante, ominoso, obsceno, y anti cristiano, escándalo que, siglo tras siglo, ha ido perpetrando la Curia Vaticana, incluyendo en ella, casi siempre, a los propios papas. ¿Alguien se extraña de que san Pedro Celestino saliera tarifando, asustado de la sucia realidad del papado y su entorno, o de que Lutero se quedara aturdido de la opulencia de corrupción, de abuso de poder, del atrevimiento de la ignorancia, que bajo oropeles y terciopelos se ocultaban en la realidad de la Sede romana? Y recuerdo como anécdota que viene al caso la afirmación de un famoso periodista español, que en su columna diaria de un conocido periódico, hablando de un cardenal, y de tema religioso, introdujo este paréntesis: (Ah, como ¡hay que recordar que, como cardenal que es, no cree en Dios!).

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara  

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