No me gusta el “Halloween”

1º) En primer lugar, no me gusta porque se trata de la importación de una práctica norteamericana  que nació como burda y vulgar imitación de sus vecinos mejicanos, en la imaginativa y teatral celebración que éstos tienen en el recuerdo de los difuntos. Y, además, porque, según todos los indicios, la “fiesta y noche de las ánimas” nació en el mundo celta, y se ha celebrado en España desde la más remota antigüedad, adoptada por la liturgia cristiana, y convertida, antes siquiera del nacimiento de los Estados Unidos de Norteamérica, en secular tradición. Y tampoco me gusta porque han cambiado, sin saber por qué, la noche de los muertos, que según la tradición católica, y española, es la que va desde el uno de noviembre, día de la “festividad de Todos los Santos”, a la mañana del día dos, “Conmemoración de los todos los Fieles difuntos”. Es la noche del Tenorio, y la que me tocó pasar, el año 1988, en una hondonada del Montseny, con más de cuarenta chicos de trece y catorce años, además de unos antiguos alumnos de nuestro colegio Sagrados Corazones de Barcelona, que nos servían de entendidos en acampadas, y lo eran, azotados por una inclemente lluvia, en nuestras tiendas de campaña, y acompañados por el pertinaz repiqueteo de la campanita de una cercana ermita, que así celebraba su noche de difuntos. Ni la lluvia, ni la persistente esquila, nos impidieron dormir después de la paliza que nos habíamos pegado, después de caminar a buen ritmo desde la estación de Sant Celoni. (Pero en Madrid, también desde tiempo inmemorial, el día de los difuntos, con sus visitas a los cementerios, se ha celebrado el día uno, “Festividad de  Todos los Santos“).

2º) Oí a una señora en la televisión comentar que a sus hijos esto de las visitas al Cementerio, las flores, y toda la parafernalia que se monta en estos días les parecía una perfecta tontería, y que se trataba de una idiotez. Seguro que a los únicos que no les desagrada esta tradición es a los floristas, cuando uno de ellos afirmaba, también en la tele, que con motivo de estos días, de la Celebración de todos los Santos, y de la Conmemoración de los fieles difuntos, llegaba a facturar el 50% de las ganancias de todo el año. Yo estoy bastante de acuerdo con los jóvenes de hoy, aunque me parece que no se dejan guiar por sus principios y valores, sino por la ola de los tiempos y de los acontecimientos. La absurda, burda, vulgar, y para mí, pesada y ruidosa celebración del hallowwen, me resulta, más que una tontería, algo atontador e idiotizante. Lo de las visitas al cementerio implica una relación seria y sentida  con los antepasados, y, en este sentido, conecta con la más antigua y pura experiencia de la religiosidad natural. Claro que desde el punto de vista teológico de la tradición cristiana, expresiones como la que he oído a otra señora de que hoy era “su día“, (no es verdad, en la liturgia católica el día de los muertos, como he expresado más arriba, es mañana, día dos), y que se sentía bien visitando con frecuencia, y en estos días, más, “a los que habitan en el cementerio, porque esta es su casa”. La pura razón, y la ciencia, nos aclaran que lo que queda en el Camposanto no son sino los restos biológicos de lo que fue una vida humana. Y éste es también la enseñanza y el sentir de la tradición cristiana. El lugar en que viven y exultan corporalmente, no solo en un vago espiritualismo,  los que murieron, es en otra dimensión, en lo que el Apocalipsis denomina la Jerusalén celeste, y la denominación normal y popular, el Cielo. Lo de corporalmente constituye uno de los ejes centrales, y más humanistas, de la fe cristiana, como proclamamos todas las veces que recitamos el Credo, y aseguramos creer en la “Resurrección de los muertos”. Entre otras cosas porque lo que llamamos “alma”, sin el cuerpo, no es nada, es un cero absoluto.

3º) Y no quiero acabar esta pequeña misiva sin un recuerdo de la celebración del día de los difuntos en México. Con elementos prehispánicos, como la ascripción a una especie de paraíso a los que morían en relación con el agua, ahogados por ejemplo, y a una situación parecida a la concepción popular católica del purgatorio de todos los demás muertos. Lo cierto es que los misioneros españoles se encontraron en Méjico con una poderosa, fuerte, y evocadora tradición de la celebración de lo que la liturgia cristiana denomina “Conmemoración de los fieles difuntos”, del día dos de Noviembre. Así que se dedicaron a una especie de simbiosis, inculturando los ritos cristianos, que existían también muchos siglos ha, en la Iglesia española y la universal, con elementos típicos de la cultura llamada “mexica”, cuyo principal resultado ha consistido en celebrar con simultaneidad la tristeza de la separación de la muerte, con la alegría de la llegada de las personas a un nivel nuevo, maravilloso, sin dejar de ser humano, de existencia. Por eso, ofrecen dones de diferentes tipos, hacen cenas en familia para celebrar esa fantástica noticia, y consiguen, a pesar de la presión que la fiesta laica e infantiloide del Halloween, de los vecinos del norte, mantener lo esencial de sus tradiciones, y ofrecer al mundo un ejemplo animador y , sobre todo, esperanzador, de la memoria de los muertos en el mundo de los vivos. Así que en México el día de los difuntos es una fiesta que mezcla Fe, cultura y tradición.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara       

One Response to “No me gusta el “Halloween””

  1. Cada uno habla de la fiesta segun le va en ella. Vean si no como acaba la fiesta en algunos casos. https://elcaso.elnacional.cat/es/sucesos/dos-monjas-misioneras-embarazadas-viaje-africa_20059_102.html

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