Las ridículas críticas de Felipe González y de José Mª Aznar al Gobierno actual

De auténtica vergüenza ajena me resultan las lacerantes críticas de los dos expresidentes, acomodados y aburguesados, al modo con el que el actual Gobierno de España está intentando reconducir la relación política entre Cataluña y el resto de España. Yo viví el encumbramiento y la exaltación del joven abogado sevillano, Felipe González, sin aparentes cualidades ni méritos destacados previos, a la jefatura del Gobierno de España, desde Brasil, donde realizaba una misión eclesial y evangelizadora de quince años. Volví a España el año 1985, en plena época del primer Gobierno socialista después de la 2ª República, la Guerra civil, y la Dictadura franquista. Y, a pesar de mis simpatías por políticas de izquierdas, el presidente del Gobierno socialista no me impresionó por su clarividencia y arrojo en implantarlas, me decepcionó su sumisión a las fuerzas económicas dominantes, en la famosa y sangrante decisión de facilitar, “¡por el bien de la economía y del empleo!”, el despido laboral de los trabajadores, y no me sedujo en su instinto acomodaticio a las limitaciones, prudencias excesivas, miedos, e injusticias, olvidos y miradas a los lados, con los que se

El joven socialista andaluz tuvo la vista, y la intuición, de adaptarse a la peculiar e interesante sensibilidad socio política del momento, y la valentía de mostrar flexibilidad a la hora de acomodarse a los vientos cambiantes que a toda velocidad se producían en una sociedad española ahíta de nuevas y fascinantes aventuras. Una de las frases más célebres que usó la oposición contra él es, en mi opinión, el reconocimiento más exacto, y no pretendido, sino todo lo contrario, de que “El Gobierno solo acierta cuando rectifica”, como en el caso de la entrada o no en la OTAN. Los que usaban ese eslogan como insulto representaban, de manera preclara, ese carácter cavernícola y macho que se ha dado, y se da tanto, en España, de que rectificar es de gente sin personalidad, de esa que surge y sube desde lo más profundo del entramado visceral. Pero, de cualquier manera, González nunca me impresionó ni como gobernante, ni como  hombre de Estado, ni como hábil piloto de la Transición, que, digan lo que digan sus artífices, dejó abiertas muchas costuras, abiertas hasta hoy, en situaciones que ahora tanto él, como su ex antagonista y hoy fiel colega Aznar, se atreven a criticar sin mover un dedo para intentar un arreglo.

El caso es que ambos políticos han protagonizado hoy la inauguración del 1º Congreso Nacional de la Sociedad Civil, organizado por SOCIA, (Sociedad civil Ahora), en el Casino de Madrid. De hecho, junto, supongo, a otras nobles actividades intelectuales, si esto es laudablemente posible, se han dedicado a rajar a gusto sobre el Gobierno actual, sobre todo en su política catalanista. Felipe, en su inglés castizo y ha asegurado que “La Mesa de Diálogo” es una

Felipe González y José María Aznar han sido los protagonistas de la inauguración del I Congreso Nacional de la Sociedad Civil, organizado por la entidad Sociedad Civil Ahora (SOCIA), y que se ha celebrado este jueves en Madrid. Los ex presidentes han repasado la actualidad política de España, dedicando especial atención a la situación de Cataluña. Ambos se han pronunciado sobre la mesa de diálogo abierta entre el Gobierno central y la Generalitat, que comenzó el miércoles su andadura. González la ha definido como una “performance” de cara a las elecciones catalanas, mientras que Aznar ha asegurado que será “devastadora” de cara a las instituciones. En ambos casos solo puedo expresar mi sorpresa, porque los períodos electorales no son desconocidos, ni han sido enojosos para Felipe, ni José María es inocente, como asesor e inspirador del PP, de verdaderos y penosos trastornos institucionales.

Devastadora ha sido, sin la más mínima duda, la política perpetrada por Gobiernos del PP en relación a las instituciones catalanas, con los frutos que todos sabemos: dos referéndums ilícitos, una proclamación si es no es teatral o significativa, jaleos con la Policía Nacional y la Guardia Civil, la aplicación del artículo 155 de la Constitución, la siembra y cultivo de nacionalistas y separatistas, desde el rechazo del Estatuto de Cataluña, a instancias del PP al Tribunal Constitucional, y un sin fin de logros socio políticos. Entonces, señor Aznar, ¿qué autoridad y categoría esgrime ahora Vd. para poner en duda y vituperar, sin ningún argumento de altura, la sana, honesta y ética tentativa de unos políticos responsables de arreglar el desaguisado que unos gobernantes irresponsables, romos e ineptos, han causado en la política territorial española?

Pero el señor Aznar podría comentar más situaciones en las que su partido, el PP, del que se ha instalado como inspirador y consejero, ha estado seriamente comprometido con deficiencias y efectos devastadores en instituciones de importancia capital en la estructura democrática de un Estado. Recordemos la financiación irregular de campañas electorales, la corrupción de las mordidas pre y pós contratos inmobiliarios, el vergonzoso e intolerable Tamayazo, la Gurtel, los líos del Canal de Isabel II, y un largo etc, hasta terminar en el mayor desastre y la más innegable demostración de fracaso en el ejercicio del más alto poder político de un país, que acaba con el éxito de una moción de censura.

Así como habría que recordar a ambos mandatarios, señores Felipe González, y José Mª Aznar que están dando a sus seguidores, y a todos los conciudadanos, un pésimo ejemplo de desprecio al principio más sagrado de la Democracia. La ciudadanía concede el uso y la responsabilidad del poder a los que vencen las elecciones. El PP, en las elecciones de abril del año pasado, fue doblado en escaños por el PSOE. ¿Hay algún convenio o norma que disponga que en esos casos, inciertos y dolorosos, de derrota de la digna derecha y victoria de la sospechosa izquierda, tenga que ser aquella la que marque las líneas esenciales de las políticas sociales, económicas y políticas que debe seguir el Gobierno? ¿O tal vez sea también de recibo pretender que quien no se ha presentado a las elecciones, pero tiene una vaga  intuición de batallas pretéritas, como las que pueden venir a la mente de Felipe, tenga “ipso facto“, autoritas real y eficaz para diseñar el dibujo de la política práctica que conviene?

Señores expresidentes: acudan a sus consejos de administración, vivan felices su provecta edad dorada, y dejen a los nuevos políticos, tan dignos, y tal vez mejor preparados que Vds., ejercer sin excesivos ni injustos sobresaltos, la tarea que el pueblo español, vía Congreso de los Diputados, les ha encomendado.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

 

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