El guardián del Areópago

urio.jpgEn la época de los inicios del cristianismo (y desde mucho antes), existía en Atenas una plaza, el Areópago, donde había una especia de tribuna en la que todo el que quisiera podía subir y expresar la idea que tenía en mente sobre cualquier tema, pero especialmente sobre aquellos que interesaban más a la ciudadanía. También eran muy apreciadas las disquisiciones y discusiones sobre asuntos filosóficos o de la Religión. El mismo San Pablo usó esa tribuna de libre expresión, aunque salió malparado al presentar su “evangelio de la Resurrección del Señor”. No le hicieron caso, y lo miraron con conmiseración, casi con desprecio. Es a lo que uno es expone al defender honestamente sus ideas, sobre todo ante personas absolutamente seguras de que sus ideas son no sólo las mejores, sino las únicas.

 

Este blog quiere guardar y promover este espacio de diálogo, de contraste de ideas, de sana y respetuosa polémica, y de cambio educado de pareceres, más que choque violento de los mismos. Quiero que este espacio permanezca y se desarrolle, sobre todo en el ámbito de los temas eclesiales, sin más límite que el del único Dogma de todos los cristianos, pero no dogmatizando ni pareceres teológicos, ni prácticos, ni ideas diversas, ni escuelas teológicas y pastorales, que son legítimas en su rica diversidad. Quiero decir, si no ha quedado claro, que fuera de los  Dogmas, que no son tantos, es menester mantener y respetar la pluralidad y diversidad de ideas: en este blog no se aceptará nunca el pensamiento único”, ni en la Iglesia, ni en el mundo de la política, de la moral y de los temas sociológicos, culturales, científicos y de toda índole que puedan interesar al discurrir intelectual, que también tendrán trato y discurso en este blog del “Guardíán del Areópago“.

 

Me ordené presbítero (sacerdote) el añó 1968. Estudié por tanto la Teología durante la celebración del Concilio, y viví en la carne el debacle  del  abandono de tantos compañeros, desilusionados y defraudados en los primeros años de aplicación  del Concilio. Según mi opinión ha habido en los últimos 25 años una marcha atrás clara y dolorosa en la vivencia institucional (por decirlo de alguna manera no hiriente) del Vaticano II, con el pretexto de “corregir” los abusos. No estoy de acuerdo con esta impresión y esta política, y pretendo defender ardientemente no sólo las ideas y documentos del Concilio, algo relativamente inocuo, porque nadie las niega abiertamente, sino el espíritu, el aire, el estilo, el contexto, el “aggiornamento” necesario, el abrir las ventanas al mundo, y, en general, el maravilloso bagaje que recibimos esperanzados aquellos días, según mi opinión y mi sensibilidad, claro, pero sin dogmatismos. Mas tampoco pretendo aceptar sumisamente dogmatismos del otro lado. Estos son mis própósitos que pronto veréis si los pongo o no en práctica. A vuestra conspicua y benevolente crítica me remito.

 

 Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara.