Asombrosos comportamientos ¿democráticos?

(Especialmente del partido de Ciudadanos)

No nos facilitan nada nuestros políticos el ánimo y el entusiasmo con los que abordar los la realidad cotidiana de nuestra Democracia parlamentaria. Cada vez que osamos posicionarnos ante el televisor para seguir atentamente las polémicas, mas que nada encontronazos, de la sesión semanal de control al Gobierno, nos topamos con situaciones esperpénticas, sobre todo en lo que podríamos denominar  calificación conceptual de muchos de los criterios y declaraciones de nuestros diputados. Se me amontonan los temas, las dudas, las contradicciones, y las imprecisiones no solo estilísticas, sino de contenido político y democrático. Señalaré algunas.

  1. La lista más votada. Esta expresión se la hemos oído, sobre todo, al PP, y a Ciudadanos. Se ha notado mucho el incremento de esta manera de expresarse, sobre dodo a partir de la aparición de dos partidos nuevos a nivel general, y asentados en toda la geografía nacional, Podemos y Ciudadanos. con lo que en este momento hay cuatro partidos e de implantación general en toda España, por lo que resulta bastante difícil conseguir mayorías absolutas, o que se aproximen a esa suspirada mayoría. Algo que, en una Democracia representativa, ni es, ni debería de ser, un problema, sino que tal vez facilite una más auténtica y mejor solución democrática. No podemos caer en una especie de deportivización  (¿?) de las elecciones, como si fuesen, una carrera que la gana el que primero llega, y que, después, no hay más. La carrera electoral es mucho más compleja, y no termina con el recuento de los votos, sino cuando se establece una composición , ésta sí mayoritaria en el Parlamento, que pueda gobernar. No son los votos de la ciudadanía los que marcan, ¡directamente!,  al presidente del Gobierno, y a su equipo, sino los votos de los parlamentarios, para eso se llama, y se asegura que se trata de, una Democracia parlamentaria. Lo de la lista más votada es un invento de aquellos que quieren gobernar sin una mayoría de apoyos parlamentarios, sin número suficiente de escaños. Por eso tienen razón los políticos al insistir machaconamente de que  en Las Cortes se ubica la soberanía popular, es decir, la soberanía de la nación española. Si bien es verdad que no se lo deben de creer demasiado, a la vista del número de asuntos que escaquean, que no quieren llevar al parlamento, y las veces, en la actualidad muchas más de las necesarias y de las correctas, y se niegan a aceptar las recusaciones políticas, que no hacen falta, ni es preciso, que sean judiciales ni penales.
  2. Ganar en los despachos lo que no se ha ganado en la calle. Una expresión especialmente usada, y querida, por lo que se ve,  por el partido de Ciudadanos. En la actual situación de la comunidad de Madrid, descabezada por la dimisión de la presidenta Cristina Cifuentes, esta partido ha intentado afear al PSOE, y a su portavoz en la Asamblea madrileña, Ángel Gabilondo Pujol, segunda fuerza más votada en las últimas elecciones madrileñas, su pretensión de, a través, de una moción de censura, impedir que el PP continuara gobernando Madrid, ya que el secretari9o general de Ciudadanos, Albert Rivera, ha calificado al partido del Gobierno, en Madrid, en los últimos días, y reiteradamente, como partido “absolutamente corrupto“. No se entiende muy bien, ni regular, ni mal, sino muy mal, que un partido que califica a otro de “absolutamente corrupto”, Ciudadanos lo mantenga en el poder, en una Comunidad Autónoma. A ese reproche, el señor Gabilondo ha respondido, con toda razón, que la Asamblea legislativa de la Comunidad es el despacho adecuado para dilucidar el candidato a la presidencia comunitaria , y no un despacho, ¡éste sí despacho de verdad!, de la calle Génova, o del palacio de la Moncloa. Yo tampoco me fío mucho del estilo democrático del señor Rivera.
  3. Reproches mutuos. Esta mañana hemos contemplado en la sesión de control del gobierno unja jugosos reproches entre políticos bien avenidos, como son los presidentes del PP y de Ciudad0naos, en  los que este último, el señor Albert Rivera ha tenido que oír, de parte de Mariano Rajoy, el dulce y cariñoso apelativo de “aprovechategui”, que nos recuerda el giro vascuence futbolero de “amarrategui”, para los entrenadores que se limitan a la facilona, pero aburrida y burda estrategia, de plantar el autobús de los once jugadores de campo en la portería, para impedir, por sofocamiento y uso abusivo del espacio, que el balón penetre de ningún modo en la misma. La expresión tiene tintes más que despectivos, y si en el fútbol significa falta de recursos y cobardía, en la política viene a querer decir algo parecido, con una sobrecarga en el mundo de la ética: recurrir al aprovechamiento indebido, y tal vez un tanto indecoroso, de circunstancias ajenas, no debidas, ni producidas, por el aprovechador. En este caso, por Ciudadanos, que después de esta breve nota, no queda muy bien parado. Y pienso que sus electores, en todo el tiempo que queda hasta las elecciones, lo van a descubrir, y se lo harán pagar.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

 

 

El caso Catalá

(Breve nota)

Este ministro es especialista en montar buenas y lucidas broncas. Hace tiempo que está recusado por el Parlamento, al que los políticos del PP exaltan fervorosamente como santo y seña, icono de la soberanía del pueblo español, pero al que no hacen demasiado caso, sino, más bien, driblan descaradamente en muchas de sus resoluciones. Hace tiempo que, con un mínimo sentido de la democracia, de la lógica, de la justicia y, sobre todo, de la propia dignidad, que este ministro debería haber dimitido, y carecería, por tanto, del amplificador que supone la cartera ministerial. Pero en esas estamos, en la continua y perenne contradicción, entre las bellas palabras y las acciones incoherentes, inadecuadas, y, no pocas veces, burdas e inaceptables del partido en el poder. A veces da la impresión de que los actuales altos cargos del Gobierno, en el estilo político actual, gozan de una impunidad sonrojante, altanera, y hasta provocadora.

En el presente caso, de su comentario sobre el voto particular en la sentencia de tres magistrados navarros en el caso de la Manada ha atravesado, temerariamente, un montón de líneas rojas. Una cosa es argumentar una crítica razonable, ¡y razonada!, a una sentencia judicial, tarea permitida, y de pleno derecho a cualquier ciudadano, y otra cosa es que el ministro de justicia se embarque en una tarea que, por su cargo y responsabilidad, ha de tener, con seguridad, mayor transcendencia y repercusión, lindando, o traspasando abiertamente, los delicados límites de la división de poderes, uno de los soportes fundamentales del Estado de derecho. Y esto, aun cuando la opinión púbica del señor ministro se mantuviera en los límites jurídicos y técnicos de la sentencia.

Pero el mayor agravante, la más chillona y visible línea roja que ha traspasado, ha consistido en entrar en la imprudencia, absolutamente temeraria, como he insinuado antes, de entrar en valoraciones personales de un magistrado. En este caso, el que redactó su voto particular, el señor Ricardo Javier González, al que le ha achacado, o insinuado, algún problema de salud, posiblemente mental, algo fuera de todo lugar, y equivocando todos los detalles de su capacitación para esa tarea, indicando, incluso, con temeraria osadía, que el Consejo Supremo del Poder Judicial debería haber intervenido antes, par evitar desajustes y desvíos en la administración de Justicia.

Esta intervención extemporánea, imprudente, y desajustada, ha provocado un verdadero terremoto en el ámbito judicial español. Por primera vez en la Democracia, las cuatro corporaciones de la judicatura, y las tres de la fiscalía, han presentado una queja furibunda contra el ministro, solicitando su dimisión, pero ignorando, por lo que se ve, que el señor Mariano Rajoy no se mueve cuando lo empujan desde fuera, o tiene esa impresión. Y, a su vez, el ministro se ha movido con prontitud, promoviendo una comisión de estudio de una eventual reforma del Código Penal, referente a delitos de índole sexual, aunque esa comisión ha sido anunciada compuesta exclusivamente por varones. Es fácil comprender la marea de protestas que se ha levantado, consiguiendo que los responsables de la comisión dieran marcha atrás, e intentaran algo tan elemental como cumplir lo preceptuado en la ley de Igualdad, en lo que sea posible. Hay que recordar que, en el mundo de la judicatura, las mujeres ocupan el 53% de los puestos.

(Nota atrevida para los miembros de la comisión de revisión penal a la que me he referido). En mi anterior artículo, titulado “El caso de la Manada, una sentencia aberrante, a pesar de las sesudas justificaciones  de muchos juristas”, expresaba mi opinión de que los jueces, por serlo, no tienen ni el cometido, ni la libertad, ni mucho menos el derecho, de alterar el significado de las palabras de nuestra lengua. Y muchos de los problemas de comprensión de las figuras delictivas derivan de la confusión, y el desvío al no entender las palabras en su significado, o bien oficial, del diccionario de la RAE, o, sobre todo del que entiende la inmensa mayoría del pueblo. Así, por ejemplo, si el código penal, al describir comportamientos como los descritos en la sentencia de la Manada por los mismos magistrados, no los califica claramente de agresión sexual, y de violación, es claro, aun con la oposición de los jueces y fiscales, que se está violentado , y desviando, el significado de las palabras, que no son propiedad ni de legisladores ni de jueces. (¡Líbrenos el Señor de la jerga jurídica!)

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

El caso de la Manada, una sentencia aberrante, a pesar de las sesudas justificaciones de juristas.

Soy uno de los millones de ciudadanos que no solo se ha quedado perplejo con el fallo del caso del grupo de energúmenos conocido como “La Manada”, sino que se ha sentido indignado. No soy profesional del  mundo de las leyes, pero tengo una formación jurídica aceptable después de haber estudiado los dos primeros cursos de Derecho en la UNED, y de haber completado la licenciatura en Derecho Canónico, con una tesina de más de 200 páginas, por la Pontificia Universidad de Salamanca. Sé lo que significa el principio de legalidad, su importancia, la exagerada importancia que le conceden los jueces, y la cantidad de atropellos y tropelías que ha provocado. Ya lo he escrito muchas veces, y ahora lo reitero: junto al principio de legalidad debería imponerse el principio de “legitimidad”. Ya sabemos que, por definición , toda ley es legal, y posee el atributo de legalidad, pero no siempre de legitimidad. La ley que permitía, e incluso obligaba, a fiscales y jueces de la Alemania nazi a perseguir y condenar a muerte a judíos, por serlo, era, legal, y gozaba, ¡desgraciadamente!, del principio de la legalidad, pero carecía de toda legitimidad.

Lo anterior va a cuenta de los jueces, lo que sigue ahora, viene a cuento a costa de lo legisladores. Éstos no gozan, en ninguna de las hipótesis, de total autonomía par legislar. Por ejemplo carecen de toda autoridad para violentar el lenguaje, y el sentido de las palabras. en esto estoy con lo que oí ayer en la Tele a Almudena Grandes, que ella no entiende de expresiones y trabas jurídicas, pero sí de la lengua española, que no se la pueden cambiar los legisladores, con esa tendencia insuperable al “farraguismo” (permítaseme este neologismo, casi tan bárbaro como muchas expresiones legales) y a la inclinación al empleo de fórmulas oscuras y abstrusas, que recuerda la crítica que una esposa-alumna de un profesor le espetó al mismo: “Si  puedes ser oscuro, ¿para qué vas a ser ser claro?”. Yo estaba presente cuando esa señora tuvo esa feliz ocurrencia. Y si estamos de acuerdo en etas consideraciones normalitas y nada del otro mundo, es imposible que un juez, y menos tres, o los que sean, después de los hechos probados que ellos mismos reconocen y afirman, en la sentencia de La Manada, es imposible, digo, que recurran a la figura penal de abuso, en nuestro caso, y no al de violación. Evidentemente, hubo las dos cosas, y reiteradamente, algo que evidentemente aumenta la pena.

Consultemos, pues al diccionario de la RAE. Violación: “Acción y efecto de violar”; “Violar”, “Tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad o cuando se halla privado de sentido o discernimiento”. Según el relato de los hechos, descrito por los propios magistrados, la muchacha ni estaba en su total discernimiento, a causa de la bebida u otras causas, y no  es creíble que una chica de su edad entrase de su entera  voluntad en un sórdido y oscuro portal, con cinco muchachotes dispuestos a una juerga. Como tampoco es  verosímil que al derivar el suceso a las acciones que detalladamente describe la sentencia, como penetraciones múltiples y reiteradas, con gestos y comportamientos execrables, incómodos y hasta dolorosos, y, desde luego, vergonzantes y “avergonzadores”, la protagonista no hubiera cambiado drásticamente de su hipotética y dudosa primera voluntad. Hay que recordar a los señores jueces, que en medio de una orgía, si la persona dice que “hasta ahí hemos llegado“, y quiere parar, todo lo que se le haga después en contra de esa ¿segunda? voluntad constituye un comportamiento delictivo. La misma gran periodista y escritora, Almudena, que he citado nos recordó ayer cómo, hasta no hace mucho tiempo, si en una relación sexual había comportamientos no deseados, pero no se llegaba a la penetración, los jueces se resistían a reconocer el delito de violación. En este brutal y vergonzoso caso de Pamplona, se admite en el auto que hubo penetraciones de todo tipo, y no por parte de un solo sujeto, sino de cinco., lo que aumenta ad nauseam el desvalimiento, la inseguridad, y la indefensión de la víctima. . ¿Qué más habrían de perpetrar los miembros de esa verdadera “manada” para que se declarase el delito de violación sexual?

Y otra idea, espero que final, que se me ocurre para este caso, pero aplicable a otros muchos. Si un juez, en conciencia, entiende que la figura de delito descrita en el código no le satisface, o deja serias dudas en su aplicación, por ética, algo que es perfectamente exigible a los jueces,  no solo puede abstenerse de formular la sentencia, sino que debe hacerlo. Y eso por un doble motivo: por que al persistir la duda, el principio de legalidad pierde fuerza y consistencia, y el de legitimidad para el juicio desaparece y pierde toda su consistencia. muy especialmente si, como en el caso que comento, está en juego el respeto escrupuloso a la libertad de una persona. Aspecto que, me parece, han tenido muy poco en cuenta los tres magistrados del tribunal de Pamplona.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Otra vez poca valentía, y espíritu pusilánime, en la congregación vaticana de Liturgia

(Pequeña, y leal y fiel, nota explicativa)

La congregación (vaticana) para el culto divino  y la disciplina de los sacramentos” ha denegado la petición de los obispos alemanes para que la parte no católica de las personas-parejas de matrimonios mixtos, es decir, entre católico/a y otra persona bautizada, pero de otra confesión cristiana, luterana, por ejemplo, puedan comulgar en la Eucaristía que celebren juntos. Esta congregación naveta para tras, y pierde alegre, irresponsablemente, cualquier ocasión de aplicar el Evangelio con sensatez, y con espíritu, lógico y cristiano al mismo tiempo. Hubo mucho autores, en los inicios de la época de la Ilustración, que aceptaban la obra y la herencia de Jesús, pero vituperaban de la Iglesia. Voltaire, sin ir más lejos, afirmaba, “Jesucristo predicó el Reino de Dios, y …¡he aquí! que surgió la Iglesia”, a la que no colmaba de flores ni loores, sino que, más bien señalaba como una traba , muchas veces, para el genuino, auténtico, y verdadero seguimiento de Jesús. 

Esta idea de la Iglesia como fuerza negativa, a veces, como rémora al seguimiento de Jesús, como obstáculo al la coherencia con el Evangelio es preciso aclararla. Si en algo se parece la comunidad cristiana al judaísmo es, precisamente, en el aspecto fuerte, preponderante, y necesario, de la vivencia comunitaria de la Fe, (del pecado, y de la Salvación), en contra de un individualismo estéril y paralizante. en este sentido, la comunidad eclesial, la Iglesia, es necesaria y fundamental. Pero hay otro aspecto, o perspectiva, que lograron imponerse a través de la Historia, desde los que la Iglesia es definida, fundamentalmente, por lo que tiene de administrativo, institucional, organizativo, y, por eso mismo, jerárquico. Es la Iglesia que, a partir del siglo IV, fue emparejándose con el poder, hasta convertirse, en la Edad Media y moderna, hasta nuestros días, en uno de sus principales baluartes en el mundo. Y como leía el otro día en Religión Digital (RG), el papado es uno de los más eximios ejemplos, o el que más, de encarnación y uso del poder en el mundo. Y esto en una comunidad a la que su Maestro enseñó: “el que quiera ser el mayor entre vosotros, que sea vuestro servidor”, y, “si yo, al que llamáis Maestro y Señor, porque lo soy, os he lavado los pies, también debéis lavaros los pires unos a otros”. (Por eso es tan bonito el título medieval del Papa, “servus servorum Dei”, (servidor de los siervos de Dios).

Y volviendo al tema que ha motivado esta pequeña nota, y, aun a costa de que me considere un rebelde y excomulgado cismático un jerarca eclesiástico anclado en el poder, me atrevo a afirmar que si los liturgos oficiales del Vaticano conociesen, limpiamente, y sin prejuicios, la escena de la institución de la Eucaristía por parte de Jesús, en la última cena, no se atreverían a impedir que fieles cristianos, no por   profesar una fe diferente, sino por militar en disciplinas administrativas y burocráticas diferentes, puedan ser apartados y vetados del cumplimiento de un mandato, ¡que es más que un deseo! de Jesús!: Tomad, comed, bebed, haced. ¿Es posible que ante mandatos tan claros, explícitos, y diáfanos del Señor Jesús, alguien tenga la osadía de dar contraórdenes, que eliminen la voluntad ineludible de Jesús?

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Mas escándalo que pena en la inauguración de la plenaria de la CEE (Conferencia Episcopal Española)

He leído atentamente el artículo de José Manuel Vidal, director de Religión Digital, en el número de hoy, 17 de Abril de 2018, y, como afirmo en el título, me ha provocado más escándalo que pena. Me meto mucho con los obispos, pero no es por desamor, y mucho menos por odio, sino por amor a la Iglesia. Como le dije en una ocasión al Cardenal Rouco Varela en una entrevista respetuosa y fraterna, remedando el “Me duele España” de los de la Generación del 98, a mi, en el mismo sentido fervoroso y leal que ellos sentían por su patria, a mí  “me duele la Iglesia”, y por eso me meto tanto con los obispos. Intentaré resumir los principales motivos para esa crítica y esos reproches hacia los miembros de la CEE.

  • Los obispos no siguen a Jesús en su ocupación, más que preocupación estéril, por los problemas de los hombres. El Señor se ocupó mucho más por los problemas corporales y materiales de su gente que por la “salvación  de las almas”. Esta última expresión, que tanto gusta en medios clericales, pues hasta es usada en el cierre del código de Derecho canónico, (CIC), nunca fue usada por Jesús, ni ninguna otra equivalente. Por la sencilla razón de que, para un judío, la salvación de las almas era humo, pura palabrería, un brindis al sol. Y para la moderna antropología, también. Lo que llamamos alma, sin el cuerpo, es cero, nada, sombras, humo. Jesús, con su vida y su muerte, salva a la humanidad entera, -¡no a muchos!-, para una vida corporal diferente, como estamos viendo en los textos de este tiempo de Pascua. En el evangelio del último domingo, 3º de pascua, el mismo Jesús resucitado, que es Él mismo, con carne y huesos, y no un fantasma, entra primero en el cenáculo con todas puertas y ventanas cerradas, -cuerpo más sutil y flexible que el nuestro convencional-, y después, ante la duda y la incredulidad de los apóstoles, apela a la prueba definitiva: pide algo de comer, y come y pescado asado. De hecho, en su vida mortal, el ¨Maestro de Nazaret” se ocupa de los siguientes problemas de su gente: de sus enfermedades, ¡y los cura!; de su hambre, ¡y les da de comer!; de sus impurezas legales, ¡y limpia a los leprosos, y corta la hemorragia de la hemorroisa!; de sus vergüenzas y sus dudas, ¡y habla con la Samaritana, y bebe de su pozal!, una mujer impura, prostituta, y, ¡encima!, samaritana; d los abusos de os poderosos hacia el pueblo, ¡y por eso monta el pitote de las puestos del mercado por los suelos, con el dinero y los artículos a la venta; y consuela el dolor de quienes han perdido seres queridos, devolviéndoselos a la vida!; y superando la marginación de la mujer, rodeándose de ellas en sus andanzas evangelizadoras, y encomendando a une mujer, María Magdalena, la misión de anunciar, con autoridad su Resurrección, carisma principal de los obispos, sucesores de los apóstoles, elevando a la mujer, en contra de lo que dicen prohombres de la Iglesia, a las alturas del ministerio sagrado.  (En el discurso inaugural de la Asamblea Plenaria,  por parte del presidente de la CEE, no hubo ni una palabra, ni siquiera de recuerdo, de los problemas de los emigrantes, de la angustia de los jubilados, de la tremebunda corrupción política, del desamparo de los jóvenes bien preparados que tienen que emigrar, de los problemas de los trabajadores, provenientes de las reformas de las leyes laborales, siempre mejorando la condición de los empresarios, y empeorando las de los empleados, et., et.).
  • Nuestros prelados tampoco imitan al papa Francisco, que no para de clamar contra los desmanes del sistema económico liberal-capitalista; contra el tráfico y comercio de armas, (ahora nuestro Gobierno acaba de firmar un contrato de venta de armamento con Arabia Saudita,  muy ventajoso económicamente, bendecido por los obispos, a través de sus veceros de la 13tv, pues si los señores obispos están en desacuerdo con la opinión de sus tertulianos, ¡que salgan a la palestra y los desmientan!, o que los retiren de sus emisoras); contra el abuso en el trato a los emigrantes y refugiados; que no cesa de gritar a favor de los derechos de los más pobres; del respeto a todas las tendencias sexuales; denunciando los horrores y sin sentidos de las guerras; del exceso de clericalismo, a quien ha llegado a tildar del “mayor mal de la Iglesia actual”. No se pueden entonar loas al papa Francisco, y, después, hacer lo contrario de lo que él predica y hace, y así dedicar íntegramente el discurso de apertura de la Asamblea Plenaria de los obispos a problemas internos, es decir, al mundo clerical. (Menos mal que el cardenal de Madrid, Don Carlos Osoro, sí ha recordado al gobierno de España su ineludible responsabilidad con la acogida, el trato, y la defensa de los inmigrantes)
  • ¡Y el presidente de la CEE insiste en el problema de la falta de sacerdotes en España! No me gusta nada ese tono plañidero, ni me hace ninguna gracia insistir en el error de la nomenclatura: que lean nuestros obispos la Carta a los Hebreos, y dejarán de emplear na terminología propia de las religiones naturales, y se irán, poco a poco, amoldando al hecho del sacerdocio único y eterno de Jesús, Sumo sacerdote según el rito de Melquisedec, con un sacerdocio profundo y nada convencional, ¡pues Jesús no era cura, ni pertenecía a la casta sacerdotal, ni en los primeros siglos hubo clérigos, a ver si alguna vez, en lugar de lamentarnos, cogemos el toro por los cuernos, y producimos una valiente, profunda y decisiva revisión e nuestros parámetros pastorales  convencionales, y volvemos a una situación parecida a la Iglesia primitiva, con los adelantos sociales que la evolución de la humanidad  nos ha proporcionado, ayudándonos así a resolver con más agilidad y libertad ciertos problemas, insolubles con la mentalidad del Impero Romano, como el papel de la mujer, elevándola a puestos ministeriales, que siempre debería haber ocupado, y con una organización más democrática y socialmente más adecuada, que no se opone en nada, sino que combina mucho mejor, con el estilo y talante de Jesús.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Otra vez con la comprometedora TV13

Tv13, todo el mundo los sabe, es la “tevé de los curas”, como reza el aserto popular, por lo menos en Madrid. Es decir, que el mayor accionista de la cadena es la Conferencia Episcopal Española (CEE), que es la que la gestiona , se eu0pone que dirige sus contenidos, y paga a los periodistas y tertulianos. Las noticias de su resultado económico de los últimos años, del último no tengo toda la constancia que me gustaría tener, son pesimistas:  a pesar de todos los esfuerzos por conseguir obtener lucro, el ejercicio  de la tv13 ha dado una secuencia de pérdidas cuantiosas. El caso es sangrante, porque si se tratase de perder audiencia por exponer con claridad y valentía el Evangelio, sus valores, implicaciones, sus denuncias al Poder, su ataque frontal al dinero, “no se puede servir a dos señores, … no podéis servir a Dios y al dinero“, su preferencia por los pobres y desasistidos, su verdadera y asombrosa revolución de la práctica del perdón y del amor, et.. etc., tal vez muchos de nuestros fieles lo comprenderían. Pero resultar una carga para las cuentas de la Iglesia en España cuando “La TV de la Conferencia Episcopal ha optado por el dinero y ha olvidado cuidadosamente el evangelio” , como afirma Monseñor Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger, y azote de las políticas de extranjería, y de otras, como la venta de armas, del gobierno del PP.

Espero que este valiente y evangélico arzobispo sea conocido de mis lectores, pues he trascrito varios de sus artículos, publicados en Religión Digital (RD). En realidad, mi reflexión de hoy, ésta que estoy escribiendo, se debe, y está inspirada, en el artículo que el profeta Agrelo publica hoy en RD con el titulo “Monseñor Agrelo denuncia: “13TV avala la venta de armas a la marina real de Arabia Saudita“. (“La TV de la Conferencia Episcopal ha optado por el dinero y ha olvidado cuidadosamente el evangelio”). En esta entrega de su blog nos cuenta como el día 12 de abril de este año 2018 ser armó de paciencia, y esperó hasta pder ver el programa estrella de información-opinión, -bastante más de esto que de lo primero-, EL CASCABEl, en el que los tertulianos abordaron el acuerdo entre el Gobierno español y el Reino de Arabia Saudita para vender cinco corbetas de la empresa española Navantia al país árabe. Y explica como los tertulianos legaron a la conclusión que parece “norma de la casa” , y que resume una filosofía vergonzosamente capitalista, y, evangélicamente, infame, de “El acuerdo es un buen negocio; ergo, es un buen acuerdo”.

El arzobispo gallego de Tánger distingue muy bien en la libertad d expresión de los periodistas, y el lugar, el soporte, en el que los tertulianos  manifiestan sus opiniones. Es evidente, que nadie tiene obligación de ser cristiano, ni de profesar las ideas de Jesús, ni de aceptar los valores del Evangelio: pero un medio de información propiedad de la Iglesia, al que le pondríamos, por eso mismo, el calificativo de Cristiano. -¿o no?-, no puede enseñar, exhibir, y airear ideas u opiniones, que aunque sean muy normales en los ambientes socio-económico-financieros, chocan frontalmente con las enseñanzas del Evangelio que ha ratificado, oficialmente, la Iglesia. Los tertulianos de 13tv tal vez no sepan, o si lo saben , tal vez no les interesa, que el Capitalismo ha sido condenado en documento papal por el papa Pío XI, en el mismo documento, y con la misma intensidad y gravedad en que fue condenado el Comunismo. Esos periodistas, como alguna otra vez que he curioseado en el Cascabel, ha tomado a chirigota tanto lo que afirmaban las ONGs, como el partido podemos, opuestos, unos y otros, a la venta de armas a un país del que se sospecha seriamente, e incluso hay quien afirma que está demostrado, suministra armas sofisticadas al movimiento iyadista internacional, pero como he recordado  más arriba, como proporciona mucho dinero al Estado español, es considerado por los sesudos (¿?) tertulianos como un buen acuerdo.

Pero seguro que los señores obispos sí que saben la condena del capitalismo, y la enseñanza del Evangelio de que “no se puede servir a Dios, y al dinero“. Es decir, monseñor Agrelo no carga directa y explícitamente contra la Conferencia Episcopal Española, o la comisión permanente, o los encargados de controlar los contenidos de un medio de comunicación de titulación eclesiástica, por lo que seré yo el que, con humildad, y sin el más mínimo ánimo ofensivo, recordaré a los señores obispos, que es de su estricta y grave responsabilidad que los fieles de nuestras parroquias, y los católicos creyentes, y los no tan creyentes, y parta éstos es todavía más delicado no escuchar soflamas antievangélicas, son responsables, digo, de graves desvíos, o, por lo menos lagunas, en la enseñanza de los principios evangélicos.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

 

 

Nuestro país no es “aconfesional”

A modo de introducción. Tal vez lo sea en teoría, en el papel, y en las explicaciones académicas universitarias. Pero en el día a día, y sobre todo, en la Semana Cristiana por excelencia, la “Semana Santa”,  la aconfesionalidad salta por los aires. La toma de las calles de las ciudades con los pasos procesionales, y la multitud de encapuchados, con el solemne pretexto de la Tradición, ya sería motivo suficiente de indicio de quiebra de la aconfesionalidad del Estado español. Pero si a eso sumamos la profusión de uniformes militares, de fusiles, espadas, y exhibiciones legendarias de los legionarios, con el Cristo tumbado volando por el cielo de Málaga, el indicio se convierte en prueba fehaciente. En España no solo se tiene en cuenta la peculiar situación jurídica de la Iglesia Católica, como propugna con esas exactas palabras en el artículo 16 de la constitución, en su apartado 3º, Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguiente relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones”, sino que el trato de favor, los convenios y estipulaciones con la Santa Sede, la exención de ciertas obligaciones, como el pago del IBI, la facilidad de matriculaciones de inmuebles históricos y artísticos convierten dicho artículo en una caricatura, y en una piadosa intención, superada con creces por la realidad y la dinámica de la Historia. Y ahora concretaré el tema en diversos casos ejemplares:

  1. Ministros militarizados contando el himno “El novio de la muerte“. Ya choca, sin entrar en los terrenos movedizos de la singularidad religiosa católica, que cuatro ministros civiles, entonen con entusiasmo el más que polémico himno “El Novio de la Muerte”, al paso del Cristo de la Muerte, trasportado con enérgica decisión por los nervudos brazos de los legionarios. Pero si nos trasladamos al campo de la fe y de la tradición cristiana, el despropósito es monumental. No sé, ni se me ocurre, aun empleando la más calenturienta imaginación, qué relación, parentesco, afinidad, o proximidad, puede haber entre el señor de la Pasión, entre el Crucificado, y un cuerpo militar caracterizado, ¡sobre todo!,  por su delicadísima y singularísima sensibilidad cristiana, tipo amor, perdón del enemigo, etc. En este punto mis reproches van dirigidos a dos estamentos institucionales destacados, y muy importantes, en la vida de nuestro país: a), al Gobierno de la nación, que debería atender con finura y precisión el carácter neutral del Estado en asuntos religiosos, y b), a la Conferencia Episcopal Española, (CEE), o a alguna comisión de la misma, o a algún obispo, como el de la diócesis donde se perpetra esa escena, que podemos describir, por lo menos, como sorprendente y chocante. Y todavía voy a precisar más: entiendo la actitud de los políticos, y de los militares, en su ilusión por contentar al pueblo, acatando y cumpliendo sus tradiciones, (¡díganme si esto no es populismo, y del barato!), pero no puedo entender, ni defender, ni alabar, el silencio de los obispos, ante tamaña mezcla desafortunada de símbolos cristianos, y evangélicos de la Pasión, con actitudes políticas y militares.
  2. Las banderas a media asta por la muerte de Jesús. A la ministra de Defensa, y a los militares, en general, y a los políticos, habrá que recordarles que Jesús, constituido “Señor y Cristo“, después de su muerte, como nos dice Pedro en su discurso la mañana de Pentecostés, (“Sepa entonces con seguridad toda la gente de Israel, que Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros crucificasteis”. Hech, 2, 36) Y que Jesús ha muerto por todo el mundo, también por los mahometanos, los comunistas, los terroristas, los sirios y los afganos, y que no es unos de los nuestros, por su protección a los malagueños, o a los legionarios, ni a lo españoles, sino que es uno de los nuestros como cristianos, Y como el Cristianismo no es la Religión oficial del Estado español, no hay por qué ondear las banderas a media asta. (Además, no es a partir del Jueves Santo, sino, exclusivamente, el viernes Santo, cuando la litúrgica cristiana celebra la muerte de Jesús).
  3. Trato especial de la jerarquía de la Iglesia a las autoridades. Los medios de comunicación, las redes sociales, y los mentideros de la villa, y del medio rural, y de las ciudades, comentaron ampliamente un incidente de gran altura, sucedido entre abuela, nuera, marido y padre, e hija y nieta, todo muy normal dicho así, como si de solas relaciones familiares se tratase. Pero el incidente ganaba muchos enteros porque las abuela y la madre son reinas, el padre, rey, y la niña, princesa de Asturias. Pero incauto debería ser  yo si me metiera en semejante charco y berenjenal. Pero nadie comentó la imagen, por repetida ano menos chocante para mí, de la familia real esperada a las puertas de la catedral por el señor obispo, y despedida así mismo reverencialmente. Aun remando contra corriente, insistiré en algo que ya he tratado en este blog: los que celebramos los misterios de la fe cristiana, en esa celebración somos absolutamente iguales, y nadie participa en ellas en su, o por, condición social, política o de rango. Lo dice con claridad meridiana la carta del apóstol Santiago: “Hermanos, si realmente creen en Jesús, nuestro Señor, el Cristo glorioso, no hagan diferencias entre personas. Supongamos que entra en su asamblea un hombre muy bien vestido y con un anillo de oro y entra también un pobre con ropas sucias, y ustedes se deshacen en atenciones con el hombre bien vestido. Le dicen: «Tome este asiento, que es muy bueno», mientras que al pobre le dicen: «Quédate de pie», o bien: «Siéntate en el suelo a mis pies». Díganme, ¿no sería hacer diferencias y hacerlas con criterios pésimos?  Miren, hermanos, ¿acaso no ha escogido Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe? ¿No les dará el reino que prometió a quienes lo aman?” (Santiago 2, 1-5).                            El que se hayan convertido ya en costumbre esas deferencias con reyes, nobles, gobernantes, y personas distinguidas, no invalida, como un hecho consumado, la enseñanza y la luz  que nos comunica la Palabra de Dios, y no hace que un Estado deba perder por eso su condición de aconfesional. (Otra alusión que me hizo gracia, -y no me incomodó tanto, solo eso, me resultó jocosa-, fue la precisión con la que algunos medios, televisiones y periódicos, haciendo ostentación de sus conocimientos (¿?) litúrgicos, señalaron que la familia real se colocó en el lado del Evangelio, ubicación espacial que desapareció hace muchísimos años, con la reforma litúrgica, primero de Pío XII, y, después, y sobre todo, con la del Concilio Vaticano II).
  4. Y, sobre todo, la supranacionalidad de la última instancia en las relaciones Iglesia-Estado. Considero que lo que más desfigura la aconfesionalidad del Estado, en el caso de España, es la especial relación-subordinación-dependencia de la cúpula de la Iglesia en España con el Vaticano, que arrastra al Estado. El Concilio Vaticano II ya insinuó que el ideal sería, a partir de ese gran acontecimiento eclesial, que las iglesias particulares se entendiesen directamente con sus Gobiernos respetivos, y tratasen y pactasen los asuntos más importantes que concerniesen a ambos. La Curia Vaticana se opuso ferozmente, y las componendas y compromisos e intereses de ambas partes en el tema fundamental de la Educación compromete, real y verdaderamente, el carácter  aconfesional que nuestra Constitución proclama. Pero este es asunto es muy largo, amplio y ancho, y en estas líneas solo quiere apuntarlo, para que no se olvide.

Jesús Mª Urío Ruiz de V ergara

 

 

 

Anomalías litúrgicas

Llevo tanto tiempo desazonado con el devenir de la Liturgia en nuestra Iglesia de/en España como los años que han pasado desde el término del Vaticano II hasta nuestros días. Todos estábamos enterados de que el Concilio, en su plan de reforma litúrgica tenía previstas tres etapas, para no provocar un brusco y repentino cambio de timón: los períodos a), b), y c), que irían implantándose según el ritmo de aceptación y comprensión que el pueblo cristiano demostrara.  La Liturgia fue la primera que abordó el Concilio, por la tremenda visualización, y la consecuente repercusión de la misma, por su alto sentido pedagógico, y su consecuente eficacia. No recuerdo todos los cambios de los que nos informaba el padre Garrido, o.s.b., monje benedictino de la abadía del Valle de los Caídos, perito conciliar, y profesor nuestro de Liturgia en esos días de pos-Concilio.

Lo que sí recuerdo con seguridad es que los cambios no pasaron de la primera etapa, en la que nos hemos mantenido hasta nuestros días. Pero me vienen a la mente detalles como que el ofertorio, mál ubicado después de las preces de los fieles, pues su localización acertada es inmediatamente después de la Consagración, (como vemos nítidamente en la Plegaria Eucarística nº II, (“Así pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia“, donde se aprecia, sin género de dudas, que lo que ofrecemos es “el pan de vida“, -el Cuerpo de Cristo-, y “el cáliz de Salvación”, -la sangre de Cristo. Con lo que quedan desechados los balones y los bolígrafos de los chicos, los picos y linternas de los mineros, y toda la parafernalia que tan pródigamente nos ofrece la 2 de Televisión española en las retrasmisiones del “Día del Señor“, todo ellos en un afán poco, o nada teológico, y, en mi opinión, un poco esperpéntico, de una falsa humanización del misterio Eucarístico). en el grado b), el ofertorio, simplemente, desaparecería, tal como hoy está-Algo parecido sucede con el Gloria, una simpe repetición un poco camuflada de la Anáfora, un bello himno que gustó a los que lo conocieron por el siglo XIV, y no seles ocurrió cosa mejor que incorporarlo a la Eucaristía. Este proceso se repitió en demasiadas ocasiones, hasta desfigurar el esquema de la celebración, alejándola cada vez más de la hermosa simplicidad de la que nos describe san Justino en el siglo II.

Estas añadiduras se ensañaron, sobre todo, con las fórmulas penitenciales, hasta convertir la Fiesta de la Eucaristía, un banquete fraterno, en el que antes de comer, se escuchaba y compartía ampliamente la Palabra de Dios, en una insufrible letanía suplicante, casi obligando al perdón de Dios de tanta insistencia. Fórmulas que han ido haciendo olvidar al Pueblo de Dios la Misericordia divina, y la gratuidad del perdón, y de la salvación. El Concilio Vaticano quiso restaurar el sentido comunitario de la Penitencia, para lo que invitó, e inspiró, a realizar celebraciones comunitarias del perdón, en liturgias específicas penitenciales, al mismo tiempo que acentuó el aspecto cuasi-sacramental del rito penitencial del inicio de la Eucaristía. Pero eso iba acompañado, en las sucesivas etapas, con la supresión de la inadecuada, inoportuna, e insufrible repetición de fórmulas de petición de perdón.  En la celebración actual, encontramos todavía más momentos penitenciales momentos penitenciales: en la Plegaria Eucarística 2ª, si se proclama el Gloria, otros dos, en la repetición de  “Tú, que quitas el pecado del mundo,  ten piedad de nosotros;  tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica“. (El Credo, sin embargo, pieza de los primeros siglos de la Iglesia, no tiene ninguna nota penitencial). Pero seguimos: en las oraciones de enlace entre el Padre Nuestro, y la Comunión, hay otras dos fórmulas de penitencia, “Señor …para que , ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado, …” ; Y en la siguiente oración, otro pedido penitente, “no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia …”

Y todavía nos quedan las dos invocaciones penitenciales más insistentes y apremiantes: “Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros”, dos veces, y, `para acabar, “cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la Paz”. Y para completar esta sinfonía penitente, la invocación inmediatamente, anterior a la Comunión: “Señor, no soy digno de que entres en mi cas, pero una palabra tuya bastará para sanarme”, precedida de esta invitación del presidente, penitencial, como no podía dejar de ser:  “Éste es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo0, …, etc. No sé qué pensáis. Ml opinión es que asistir alegremente a una banquete de Gloria y alegría, y encontrarte, más bien con una retahíla de momentos penitenciales, seis, exactamente, tres de ellos con triple invocación penitencial, y otras dos con dos, ¿qué queréis que os diga?, a mí me parece una exageración, un abuso, y un desvío litúrgico teológico.

Y aun queda la anomalía más reciente, novedosa, como se dice ahora, y, en mi opinión, muy peligrosa, no ya para una explicación teológica, sino enfrentada a lo más profundo y esencial de nuestra fe. Me refiero a la disposición de la Conferencia Episcopal Española (CEE) de cambiar, en la fórmula de la consagración, el “derramada por vosotros y por todos los hombres”, por “‘p0r vosotros y por muchos”. Me han preguntado algunos parroquianos, ¡qué!, ¿ya no ha muerto el Señor por toda la humanidad, sino por muchos de sus miembros? Este era el asunto que me movió a escribir estas líneas, porque el Domingo de Ramos, en el programa de TV2 “El día del Señor“, trasmitido desde el Vaticano, el papa Francisco, en ese momento crucial, y de marras en este artículo, pronunció bien fuerte y nítido “…e per tutti”, sin ningún lugar para las dudas. Es verdad que cuando celebrábamos la eucaristía en latín oíamos, y decíamos, “et pro multis”. Yo no soy experto teórico en la profundidad de los matices significativos de la lengua del Lacio. Pero ni yo ni nade que sepa, se exprese y piense en español, albergará la más mínima duda de que “muchos” no significa en español, de ninguna manera, ni directamente no de manera indirecta, toda la Humanidad. Y si nosotros creemos, y estamos seguros, de que en nuestra lengua lo adecuado y simétrico con lo que quiere decir el artículo profundo y esencial de nuestra fe, sobre la salvación que Dios quier, es “toda la Humanidad”, y el Papa usa el equivalente italiano tutti, ¿por qué en italiano lo pueden decir y nosotros no? No sé los matices que todo este tema podrá tener en alemán, pero a nosotros no nos incumben esas dudas ni esos problemas epistemológicosNo estaría de más, y nos gustaría mucho, conocer la opinión autorizada del departamento de Liturgia de la CEE.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

Desmanes clericales (II)

2º) Desmanes irregulares (inaceptables)

Ahora me refiero a esos otros desmanes que sí tienen contenido jurídico, e, incluso, penal; o, por lo menos, contencioso. Me pronunciaré sobre tres, que llaman la atención por lo que indican de sensibilidad antigua, desfasada y equivocada de algunos eclesiásticos y de su ubicación en el mundo de hoy.

A) El caso del prior del Valle de los caídos. El año 2016 el juzgado de San Lorenzo del Escorial  sentenció que fueran exhumados los restos de los cuerpos de los hermanos Lapeña, fusilados durante la guerra civil. El prior circunstancial del monasterio benedictino ubicado dentro del recinto del monumento conocido como Valle de los Caídos, Santiago Cantera, ha ido poniendo todos los obstáculos posibles al cumplimiento de la sentencia, hasta que los abogados de la familia consiguieron que el Senado formara una comisión para revisar el cumplimiento de la ley de Memoria Histórica en ese lugar tan emblemático, para lo que citó al prior para que el día 26 de marzo se personara ante la comisión senatorial. El prior se negó a comparecer en los términos propuestos por los senadores, e indicó que sería mejor que éstos fueran hasta el Valle. El motivo que adujo fue el compromiso con sus “sus ocupaciones en el monasterio, … y su condición de religioso”. Solo cabe calificar de esperpéntica tan excéntrica y delirante excusa. Y a mí, personalmente, admirador y apreciador del estilo y el saber estar de los miembros de la orden benedictina, me entristece y hiere esta salida de tono de un ciudadano español, religioso, además, ciertamente acostumbrado al voto de obediencia, al que se supone cabal y equilibrado, en una especie de vuelta a lo más reaccionario y bochornoso de un mundo medieval, lleno de privilegios, y responsable de una sociedad desajustada y asimétrica. Es intolerable que algunos eclesiásticos se consideren por encima del común de los mortales, y, en vez de servidores, como pedía el Señor Jesús, nos convirtamos en servidos, protegidos, e intocables. Menos mal que esta vez sí ha actuado el presidente de la Conferencia Episcopal, don Ricardo Blázquez, haciendo ver al monje benedictino la sin razón de su postura, e incitándolo a cumplir su obligación de ciudadano. Hay que reconocer, sin embargo, que un alto representante de la comunidad eclesial ha desaprovechado un magnífica ocasión para seguir el ejemplo del papa Francisco, y actuar con sencillez, sin complejos, y oliendo más a oveja que a empresario ganadero.

B) El caso doloroso del obispo de Almería.

El curso 2001.2002 la profesora de Religión, Resurrección Galera, fue despedida por casarse con un hombre divorciado. Desde entonces, E obispo, D. Adolfo González Montes, ha desoído las todas sentencias sucesivas de los diversos niveles jurídicos que han intervenido, hasta llegar a la última instancia del Tribunal Supremo, (TS).que declaró nulo el no llamamiento de la profesora para el curso escolar 2012-2013, al entender que se produjeron dos elementos negativos en esa decisión: una violación de los derechos fundamentales  de una trabajadora, y, además, el indicio de una acción en represalia a un pleito emprendido por la docente hace 15 años. Por lo que, al margen de la readmisión, ordenó que se le pagasen los salarios de tramitación desde entonces. Todo esto ya resulta penoso y preocupante. Pero todavía me produce más incomodidad y desasosiego los argumentos esgrimidos por el prelado de Almería: ha declarado que “hay sentencias que son imposibles de acatar” apelando al derecho a la libertad religiosa que garantiza la Constitución Española como “fundamental”,  para después afirmar tajante que “nadie me puede obligar a otorgar la venia religiosa para enseñar Religión” a Resurrección Galera, docente despedida en el curso 2001-2002 tras contraer matrimonio civil con un hombre divorciado”. Ha asegurado, también, que, en este caso, “estamos ante la colisión de dos derechos, el laboral, que debe ser respetado, y el derecho a la libertad religiosa”. “Los tribunales deben ver cómo se resuelve“, ha solicitado, para, a continuación, señalar que la postura de la Iglesia es que debe “ampararse  el derecho a la libertad religiosa”. “¿Cómo se salvaguarda si usted me obliga a tomar esta decisión contraria a la libertad religiosa?”, se ha preguntado el obispo, quien ha reiterado que “a mí nadie me puede obligar a que yo le otorgue una venia religiosa para enseñar Religión a esta señora o a cualquier otra persona”. “Es una violación de los derechos fundamentales”, ha concluido.

Tal vez el señor obispo esté cayendo en el mismo fallo que él pretende señalar en no se sabe quien que pretenda obligarlo a respetar el derecho fundamental a la libertad religiosa. Este derecho es reconocido por una legislación civil, y no puede entrar en el mundo de la fe. Una persona casada con un divorciado puede ser una magnífica profesora de Religión, y, en lo profundo de su conciencia, también ser una seguidora fiel del Señor Jesús, y de sus valores evangélicos, aunque no cumpla tajante ni escrupulosamente ciertos mandamientos o prácticas católicas. El obispo de Almería haría bien en preguntarse si no es tal vez él quien coarta la libertad religiosa de la señora Inmaculada Galera. (Nota: de cualquier modo parece que uno de estos días va a recibir sus atrasados, y, en el momento adecuado, será repuesta en su puesto docente).

C) El caso del obispo de Cádiz 

  • A todas las noticias que nos llegan de la diócesis de Cádiz sobre el malestar de sus curas, quienes han escrito incluso una carta al Papa solicitando un aviso, o una corrección fraterna al obispo Rafael Zornoza, se ha unido otra que produce malestar y desazón: la denuncia de grupos cristianos de que has sido despedidos cinco trabajadores remunerados de Caritas, sin respetar los derecho laborales, y con modos y maneras más propias de una empresa ávida de ganancias. El Grupo de Cristianos Populares denuncia la catarata de despidos de trabajadores de parroquias, colegios o instituciones católicas de la diócesis, como la destitución fulminante de la Directora del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Cádiz, Mª del Carmen Fernández, sustituyéndola por el sacerdote Jesús Zúrita, un sacerdote que viene de Madrid. Esta práctica es muy habitual den el obispo de Cádiz, que trae presbíteros de fuera de su cuerda y línea. Yo pienso que la Conferencia Episcopal Española (CEE) podría, o tal vez debería, controlar y coordinar ese movimiento descontrolado de clérigos, que, muchas veces, significa un desmantelamiento de la diócesis de procedencia, y un asalto a la diócesis de destino. También es censurado Zornoza porque según ciertos grupos de cristianos comprometidos,  este la ha liado separando de la gestión de algunos centros a distintas comunidades de religiosas en Cádiz, Puerto Real y La Línea de la Concepción… “para ponerlos en manos de Educatio Servanda, una Institución que nuestro obispo muy bien conoce desde que estaba en Getafe, de la que es patrono, de orientación conservadora como los Kikos y el Opus y que es la que controla la Fundación que ahora se encarga de la gestión inmobiliaria de los pisos del obispado·.
  • El caso de las declaraciones frecuentemente aberrantes del obispo de Alcalá de Henares. He aquí una afirmación de su última carta pastoral: “Reig Pla acusa al Estado de promover una “apartheid” contra la tradición cristiana”. Y una síntesis de su diatriba contra los males de la cultura actual, más que tolerada, promovida por el Estado:  “Injusticia social (con la síntesis del marxismo y el liberalismo), ecología idolátrica y fragmentada, anticoncepción, esterilización, aborto, ‘amor romántico’, divorcio, ‘amor libre’, técnicas de reproducción asistida, ‘pornificación’ de las relaciones personales y de la cultura, sexualidad sin verdad, usurpación deliberada de la filiación natural de los niños, manipulación arbitraria de la anatomía, de la fisiología y de la identidad personal, eutanasia y suicidio asistido, ‘poliamor’, realidad virtual sustitutiva, manipulación y mejoramiento genético de embriones, bio-neuro-ingeniería posthumanista, etc. son sólo una parte de los escalones, programados, científica y sistemáticamente, en orden a la deconstrucción de la ‘identidad-misión’, querida por Dios para el ser humano”.

¿Hace falta algo más delirante?

Jesús Mª Urío Ruiz de  Vergara

 

 

 

Desmanes clericales

Primero aclaremos qué quiere decir “desmán“. El diccionario de la RAE trae dos acepciones: 1. m. Exceso, desorden, tropelía: 2. m desgracia (suceso que produce dolor). Me quedo con el primer sentido. Al hablar de desmanes clericales me refiero, exactamente, a actitudes, acciones, intervenciones, de clérigos, es decir, ministros del orden sacramental de la Iglesia, obispos, presbíteros, diáconos, superiores generales, abades, etc, dirigidos contra personas concretas, o contra organismos o instituciones civiles oficiales. Y en este escrito me voy a  centrar más en esta segunda acepción, porque aunque también comente algún desmán contra personas concretas, me referiré más directa, y principalmente, a la institución civil que se ve involucrada en ese desmán, o abuso o exceso de pretendido poder.

A las autoridades públicas se les puede incomodar de muchas formas, y destaco dos: 1º) algunas totalmente inocuas y aceptables, dejando de lado el posible incómodo, o daño que puedan producir, y 2º), otras totalmente inaceptables, que se salen de, e incumplen, las reglas de juego, y a las que la autoridad competente no puede menos de responder aplicando la ley. Me referiré, en este artículo, a estas segundas, pero también haré mención a las primeras, sobre todo para lamentar su falta y poco aprovechamiento que de ellas se puede hacer en beneficio de la comunidad. Iré por orden.

) Una de las funciones esenciales de la intelectualidad de una comunidad humana, como son los científicos escritores, periodistas, artistas, creadores y gestores de opinión, es la de crítica y la tentativa de desmantelamiento de las mentiras, tretas, incoherencias y contradicciones, y no digamos nada de los abusos e injusticias, que puedan perpetrar los poderes públicos. Todo este acervo de actuaciones, declaraciones, opiniones emitidas, escritos y proclamas, incomodan enormemente a las autoridades, pero son no solamente legítimas, sino necesarias, imprescindibles, e irrenunciables. Las sociedades que carecen de esta dinámica son, en realidad, comandadas y dirigidas por tiranos que abusan de sus ciudadanos, que se convierten, así, en súbditos.

La tradición judeo-cristiana, tanto en el Antiguo (AT), como en el Nuevo testamente (NT), ha contemplado la presencia de un fuerte movimiento profético, de denuncia y protesta ante los abusos de los poderosos, tanto religiosos, como políticos, económicos y sociales. Pues es en este campo donde se echa de menos, echo de menos, la intervención profética de nuestros obispos, y no de voces sueltas, o “versos libres”, que se agradecen, sino de la Conferencia Episcopal Española (CEE), como un todo, y un colegio con fuerza y potencia en sus voz denunciante. Pero con la que está cayendo en España, -groseras mentiras de los gobernantes; leyes que degradan la dignidad y la calidad de vida, como la reforma laboral, primero del PSOE, y, después, y más grave, la del PP; la muy bien denominada popularmente como “ley mordaza”; los recortes inmisericordes contra los más indefensos y maltratados de las sociedad; , creciente desigualdad socio-económica, por la que incluso el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha recriminado recientemente a España; la insufrible falta de dinero para necesidades tan acuciantes como la dependencia, la enseñanza, la investigación, el acicate para la formación, promoción y empleo de los más jóvenes, para que las pensiones de los mayores sean no solo, ni principalmente dignas, ¡que también!, sino justas; mientras hay dinero para salvar a los bancos, para modernizar el armamento de las fuerzas armadas, para sosegar la codicia y mal planteamiento de los promotores e inversores en autopistas de adorno y fanfarria, y una interminable lista de tropelías o ineptitudes-, con todo esto, nuestros obispos, los pastores del rebaño, ¡y la mayoría de nuestro pueblo se proclama católica, pero ¡aunque no lo fuera!, con todo esto, digo, la CEE, se mantiene callada.

Ha habido, sí, una tentativa profética descabellada, inquietante, errática e hiriente, por parte del obispo de San Sebastián, señor (eludo lo de MONseñor,, porque, dese luego, mi señor no lo es) Munilla, dirigida, además no solo contra las autoridades, sino contra el pueblo, para más INRI, el femenino, (algo que jamás hizo Jesús, ni contra le pueblo , en general, ni contra las mujeres, en particular), al afirmar el obispo donostiarra que este feminismo que se echa a la calle está profundamente equivocado, y “es diabólico”.

(Queda el 2º) punto, que sería el de los desmanes contra las autoridades, no respetando las reglas del juego. Y para no alargar excesivamente este artículo, lo terminaré mañana, Dios mediante).

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara