No sé hasta dónde irán los pacificadores con su ruido metálico de paz, pero hay ciertos corredores de seguros que ya colocan pólizas contra la pacificación, y hay quienes reclaman la pena del garrote para los que no quieren ser pacificados. Cuando los pacificadores apuntan por supuesto tiran a pacificar, y a veces hasta pacifican dos pájaros de un tiros. Claro que siempre hay un necio que se niega a ser pacificado por la espalda, algún estúpido que resiste la pacificación a fuego lento. En realidad somos un país tan peculiar que quien pacifica a los pacificadores un buen pacificador será.
Mario Benedetti
Leo esta oda a la pacificación y no se por qué me viene tan rápidamente a la cabeza (malditas conexiones neuronales tan impertinentes) la situación mundial que estamos viviendo. Leo esta oda y me recuerda a esos cascos azules armados hasta los dientes que han ido a Oriente Próximo a garantizar con sus armas (¿quien se las fabricó? ¿Quién se las vendió?) que hay paz entre los hermanos. La ONU piensa que esa es la solución. La fuerza multinacional de soldados entrenados para pacificar por la fuerza a quien no se deje pacificar es el recurso que unos países con intereses más que interesados en la zona utilizan para justificar sus afanes pacificadores. Como en Afganistan, en Irak, en el Sahara…Como hicieron en Somalia en aquel primer desembarco mediático retransmitido en directo.
Siempre que se vuelve a “poner de moda” el conflicto árabe-israelí-palestino-judío, me acuerdo de una cena que Franky el brasileño nos organizó en el 2002, en Portoalegre. Poneos en situación. Brasil, buen clima, calorcito, de noche, un restaurante pequeñito, con un patio, amigos de varios países, Jairo toca la guitarra suavemente. Dos cocineros, uno palestino, el otro judío israelí. Nos van pasando platos con arroz, hojas de parra, garbanzos, cominos, dátiles, carne picada especiada, piñones, panes sin levadura, leche, pepino….Era una cena de las culturas, era una cena de paz. Por el estomago nos conquistaron. El primer plato árabe, el segundo judío, el postre hecho a alimón entre los dos. Luego hubo bailes y palmas, risas….. Por la música nos volvieron a convencer. El mundo es un mundo más habitable si comemos, bebemos y festejamos juntos (¿pascua? ¿eucaristía?…en el fondo una mesa/ sobremesa compartida entre amigos)
¿De verdad creemos que la solución a este enfrentamiento (last but not least que dirian los ingleses) entre Israel y el mundo árabe es el envio de tropas pacificadoras a golpe de fusil? No soy experto en política internacional, pero estoy seguro que estos pacificadores de casco azul ganarían mucho más si llevaran en sus manos un libro de recetas de cocina, una guitarra, un pastelito de pistachos y miel.
Recomiendo vivamente que, para profundizar un poco más en esto y ver un testimonio real, cercano, cálido, entrañable, busquéis y veáis el documental Promises, dirigido por Justine Shapiro y B.Z. Goldberg. Trata simplemente de lo complicado que es crecer en Jerusalén cuando tienes 7, 10 años. Siete niños (el aprendiz de rabino ortodoxo, el palestino guerrilero hijo de la intifada, el obeso niño de los asentamientos, los gemelos adolescentes consumistas de ropa y deportivos….) Aunque los niños viven a sólo veinte minutos de distancia entre sí, habitan en mundos radicalmente diferentes, prácticamente incomunicados. No desvelo el final si os digo que (fruto de nuestro tiempo eso sí) lo que al final une a estos niños, con, miedo, con recelos, con odio, con ganas de salir de esa situación es compartir… ¡una pizza!
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