Ellacuria, Romero y tantos otros

En marzo de 1995 escribi esta columna en ALANDAR , en recuerdo de Monseñor Romero. Hoy, 20 años despues del asesinato en la UCA de 6 jesuitas y dos persoasn qeu les ayudaban en las tareas cotidianas me gusatria releerla con vosotros, como homenaje a tantos y tantos martires de latinoamérica, callados por anunciar la Buena Nueva y silenciados a balazos por reclamar justicia y libertad para los oprimidos.

A monseñor Romero, en el XXV Aniversario de su asesinato (24 de marzo de 1980)

Se llaman Leonor y Eleuterio, y son Zapotecas de Oaxaca, en México. Pómulos salientes, piel anaranjada y morena, ojos profundos e intensos, pelo lacio muy muy negro….y mucho recorrido en la vida y mucho que contar. Ella tan sólo dieciséis años, él algo mayor. Se llaman, ya lo he dicho, Eleuterio y Leonor y han pasado por nuestras tierras a contarnos cosas de las suyas. Y lo que cuentan es escalofriante. Leonor ha estado en la cárcel, presa política a sus apenas 16 años, junto a otros 54 compañeros del Consejo Indígena Popular de Oaxaca Ricardo Flores Magón. Aún quedan compañeros suyos en prisión. Leonor se retuerce el pelo, se hace un moño mientras cuenta con voz firme pero dulce su historia, su lucha, su vida. ¡No Nos dejan ser Indios! es el grito que les trae desde Oaxaca a Madrid, a Londres a Bruselas, a Jerez, a Córdoba. Como en tantas y tantas otras zonas de Mexico, de Guatemala, de Centro y Sudamérica, de Africa, de Asia, de Australia, los indígenas, los diferentes los de la piel aceituna, los nadies que decía Galeano.
En su tierra hay hambre, hay paramilitares, hay balas, hay gritos. En su tierra hay sol y fecundidad, en su tierra hay mujeres, niños, vida, agua. En su tierra hay gentes que se quieren y bailan. En su tierra no hay fiscales, no hay paz. En su tierra hay trabajo y hay enfermedad, hay soledad, hay muerte violenta a manos de mercenarios, en su tierra no hay justicia. En su tierra hay cariño por las gentes, hay formas de organizarse colectiva y autogestionadamente. En su tierra no hay libertad. La dignidad, dicen ellos, sostiene su lucha
Se llaman Leonor y Eleuterio y hablan en voz bajita, serena, incuestionable de cómo el gobernador hace lo que quiere en sus tierras, de cómo este gobernador que tienen ahorita fue impuesto con apenas el 18 % del electorado (lo cual viene a significar que más del 80 % de los oaxaqueños están en contra de su investidura). Cuentan cómo entran los paramilitares y balacean a sus gentes ,a sus hermanos, a sus compañeros. Un muerto en San Blas, otro en Xanica, uno más en estancia grande, en Huautla, cuatro en San Martín Itunyoso, decenas de heridos, presos del CIPO. La situación es más que terrible
Eleuterio señala cómo en los últimos doce años la llamada Comisión Estatal de Derechos Humanos de Oaxaca ha participado paradójicamente en amenazar a las organizaciones sociales, en defender a funcionarios, en demandar a dirigentes sociales y acompañar a la policía federal y estatal a desalojar protestas. Es decir a funcionar como justificante de las arbitrariedades del gobierno.
Leonor nos habla de su dignidad como india, como Zapoteca. Nos habla de su resistencia de cómo no pueden ni quieren quedarse callados ante la situación. Nos habla de su elección por la resistencia pacífica, por la Paz y la No Violencia como su opción de lucha ante la injusticia, a pesar de los palos, a pesar de las cárceles, a pesar de las balas. Veinticinco años hace ya que a otro latinoamericano le mataron por lo mismo en El Salvador. Dijo Estoy seguro de que tanta sangre derramada y tanto dolor no será en vano y le dispararon en plena Eucaristia, en plena comunión, en plena fiesta por decirlo. Romero se llamaba: Monseñor Romero. Como Leonor, como Eleuterio, como tantos y tantos indiecitos que quieren seguir siéndolo y vivir y convivir en Paz. A ellos nuestro abrazo y nuestra sonrisa

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