El ‘sexo débil’

machismoAlgunos varones se sienten intimidados ante el auge con fuerza de las mujeres reivindicando sus derechos. Les parece que estuvieran perdiendo algo de lo mucho que durante siglos han disfrutado en detrimento del así llamado por la ideología machista «sexo débil». Porquehay que ser muy conscientes de que el machismo es una verdadera ideología de género que considera al género masculino, al varón, al macho, como superior a la mujer por el simple y mero hecho de ser varón. Esta ideología se infiltra en las mentes jóvenes desde la más tierna infancia, permea las conciencias hasta llegar a ser el modo normal de pensar. En algunas sociedades se marca la diferencia de modo que la superioridad sea explícita: niñas de rosa, niños de azul, ropa diferenciada, diversidad de útiles de la vida cotidiana, incluso juegos apropiados para unos y otras. Se trata de una organización total y perfecta de la sociedad desde la ideología que impone a los varones como superiores a las mujeres por su constitución biológica.

Las mujeres no son ni superiores ni inferiores como grupo; sin embargo, hay una superioridad moral en las mujeres por el hecho de haber soportado el patriarcado machista que se impone con violencia física, moral e ideológica. La superioridad moral de las mujeres reside en ser capaces de dar soporte a una sociedad que las somete. Es el caso paradigmático de la Benigna de Galdós, o de algunas mujeres de las obras de Dostoievsky, que son capaces de sostener la familia en la que son vejadas. Nos recuerdan a los pasajes evangélicos donde Jesús cura a mujeres que sufren enfermedades que son expresión pública de los efectos íntimos de la opresión cotidiana, como las posesiones, o  somatizaciones del mal social ejercido contra ellas. Cómo olvidar a esas mujeres que por sus hijos soportan los insultos y los golpes de maridos ebrios de odio ante quien consideran inferior. Todas estas mujeres deben recibir el apoyo legal, social y moral de una sociedad que sigue existiendo gracias a ellas y su sufrimiento.

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Fascies ad portam

co2_800kUno de esos dichos que escuchaba a mi abuela era “lo mucho amansa y lo poco espanta”. Es decir, que un hecho es impactante según el grado en que se muestra. En los años cincuenta, un escote de mujer podía provocar reacciones febriles en el público masculino; hoy, un desnudo apenas impacta. Es más, tiene el efecto de ‘amansar’ a las fieras. Me viene esta imagen cuando veo lo que sucede con el aumento de los niveles de CO2 en la atmósfera este año, estamos rompiendo todos los récords previos y ya no somos capaces de predecir hasta dónde podremos llegar. El quince de mayo llegamos a 415.70 partes por millón (ppm) de CO2 en la atmósfera. Es un dato que puede no decir mucho a quien no esté familiarizado con estas mediciones, pero si miramos el histórico de CO2 nos damos cuenta del valor relativo que supone. Desde que se toman registros en el observatorio de Mauna Loa, en Hawai, hemos aumentado desde el nivel de 300 ppm en 1958, cuando Keelling comenzó con las observaciones, hasta los 415.70 de este mes de mayo. Eso supone que en tan solo 61 años ha aumentado más del 33%. Si miramos la imagen que acompaña este escrito lo vemos como una recta que sube vertiginosa en muy poco tiempo, en términos geológicos es apenas un minuto, pues si lo comparamos con los 800 mil años anteriores, de los cuales tenemos datos por el CO2 atrapado en los hielos árticos, vemos cómo la oscilación siempre varió entre niveles muy bajos de unos 170 ppm, que coinciden con las eras glaciales, y los niveles máximos que nunca superaron los 300 ppm, en las eras de clima cálido. Es decir, que hay una relación directa entre glaciaciones y niveles bajos de CO2, y entre climas cálidos y niveles moderados de CO2. Sin embargo, y la gráfica habla por sí misma, en los últimos 60 años hemos entrado en terreno desconocido, pues nunca antes se tiene constancia de niveles de CO2 que superen las 400 ppm y, paradójicamente, esto no está suponiendo ningún problema mediático, social o político. “Lo mucho amansa”, nos hemos acostumbrado a las noticias del Cambio climático como quien ve llover.
Los científicos del IPCC llevan unos años dando la voz de alarma: de seguir con este aumento progresivo de los niveles de CO2, a finales de este siglo habrá un aumento medio de las temperaturas de más de 2ºC respecto a las temperaturas medias preindustriales. Este es un dato extremadamente optimista, pues ya hoy hemos superado los 0.6ºC de aumento y el efecto del CO2 es acumulativo, con lo que de seguir la progresión, será en 2050 cuando se alcancen los 2º y en 2100 podrán ser más de 4º y hasta 7ºC de aumento. Lo que sucede es que dicho así, asépticamente, no tiene ningún significado para la gente. Hay que traducirlo en efectos para la vida. Basta con imaginar los efectos que esta leve subida de 0.6ºC está produciendo y que estamos observando en nuestra vida diaria para hacerse una idea aproximada de lo que nos espera. En España, por poner un ejemplo, en los últimos 30 años ha aumentado el verano en cinco semanas, los episodios de lluvias torrenciales y de sequías se han multiplicado y las temperaturas extremas se ven con más frecuencia. En Murcia, por no ir más lejos, las olas de calor hacen insoportable el verano, con noches tropicales que se hacen insoportables durante muchas semanas.Y eso solo con este leve aumento. Los niveles de CO2 aumentan a un ritmo de 2.7 ppm al año. Si lo extrapolamos a 2050 nos da un resultado de 495 ppm de CO2. Este dato debería ser aterrador, porque supone un desquiciamiento del sistema climático tal y como lo conocemos, es decir, es imposible predecir la respuesta del Clima a estos niveles de CO2, pues, además, los cambios no son lineales, sino que casi son exponenciales, por la retroalimentación con otros elementos del Clima. El metano es un gas que tiene 20 veces más poder de efecto invernadero que el CO2 y el calor de la atmósfera está consiguiendo que el metano encerrado en sus cárceles de hielo, tanto en el fondo marino como en el permafrost, se esté empezando a liberar. Los océanos llevan décadas asumiendo parte del calor de la atmósfera, pero llegará un punto en el que dejarán de retener calor para contribuir a ello. Si todo esto se produce, 2050 será un buen momento para no estar presente en el Tierra.

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Un Planeta sin futuro

Greta ThumbergHace apenas cinco años, el movimiento Fridays for future, impulsado por la joven estudiante sueca Greta Thunberg, me habría llenado de esperanza. Que sean, precisamente, los jóvenes, que por ley de vida heredarán la Tierra, los que se movilicen para tomar medidas que detengan la barbarie climática de nuestra civilización capitalista, hubiera sido un aliciente para mí. Durante muchos años dediqué mi labor docente a la concienciación juvenil ante el terrible problema de las consecuencias climáticas del modelo de desarrollo capitalista, depredador de recursos y despilfarrador de bienes, amén de las enormes injusticias que genera y la pobreza en la que sume a dos tercios de la población mundial. Pensaba entonces que la humanidad solo tenía puesta su esperanza en los jóvenes, aún dispuestos a ver la realidad del mundo tal y como es, sin pasar aún por el filtro de los intereses o de la ideología. El resto de la población está sumida en la modorra del consumo o en la lucha diaria para la subsistencia, sin posibilidad de cambio y sin fuerzas para transformar el desorden de este mundo. Lo creía con firmeza, porque las generaciones jóvenes siempre tienen que hacerse con el mundo y podemos, mediante la educación y la concienciación, conseguir que ese mundo lo transformen.
Mis investigaciones sobre economía, historia y el sistema socioeconómico global, me llevaron a tener una visión muy clara del proceso de destrucción del hábitat planetario para la pervivencia del ser humano. Todo aquello se reflejó en varias publicaciones en revistas científicas y en libros. Impartí, e imparto, conferencias sobre esta situación; divulgué, y divulgo, los riesgos del modelo económico-social-ambiental, con la intención de llegar al mayor número posible de personas. Tengo constancia de que son miles quienes han seguido y siguen estas investigaciones y que tienen conciencia sobre el problema. Pero, tras quince años en la brecha, tengo la conciencia clara de que todo esto sirve de muy poco, casi nada, porque las personas individuales nada podemos hacer para frenar un problema que es estructural. Esto se ve con claridad en las conferencias que imparto, cuando llega el turno de preguntas, siempre, indefectiblemente, hay una que reza así: “¿qué podemos hacer?”. Ante esto siempre he contestado dando una relación de cosas que a nivel individual, familiar o comunitario podemos hacer. También incluyo en los últimos años una opción más: cambiar las leyes para cambiar la sociedad. Suelo expresarlo con una boutade: “Dadme el BOE 72 horas y cambio este país”. Sin embargo, ni con el BOE se puede frenar el cambio climático, lo único que se puede hacer es prepararnos para la catástrofe.

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La banalidad de la corrupción

barcenasEn la era de la postverdad no es cuestión menor definir los términos de un debate, pues así evitaremos que se pretenda una resignificación que vacíe de contenido la crítica que podamos hacer[1]. Hemos definido la corrupción en otro lugar siguiendo a la Real Academia de la Lengua y a Transparencia Internacional como “el abuso de poder otorgado para obtener un beneficio privado” y “en las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores” (La corrupción no se perdona, Madrid 2017, 23). Ampliando ahora esta definición para abundar en el sentido de bien común privatizado, nos acercamos a su etimología. Si analizamos la palabra en latín escorruptio, término compuesto de un prefijo, com, asimilado a cor, que significa conjunto, global, común; una raíz,rumpere, que significa destruir, hacer saltar o romper; y un sufijo, tio, que significa acción o efecto de. Si lo unimos todo, el significado preciso es la acción de romper lo común, o, en otros términos, la corrupción es la destrucción del bien común, por supuesto, en beneficio de un lucro privado.

Como vemos, la corrupción es, en esencia, la privatización o apropiación privada o privativa de los bienes comunes, sociales, colectivos o públicos. Esta apropiación se puede llevar a cabo de muchas maneras, ya sea mediante el robo, el fraude y la estafa, o mediante el soborno o el clientelismo. Pero, la forma sistémica con que se ha llevado a cabo por el neoliberalismo en las supuestas democracias liberales nos lleva a una estructura corrupta que ha puesto los bienes comunes al servicio del lucro privado de las élites, las corporaciones y las oligarquías, destruyendo a su paso las estructuras políticas y jurídicas que permitían hablar de bien común en las democracias liberales. No es casual, como reconoce Labaqui (2003: 2) que “durante los ’90 se produjo una verdadera irrupción de la corrupción. Tanto en países en desarrollo como industrializados…”. Sin embargo, este autor no saca las consecuencias del hecho de que los noventa sean los años de implementación del neoliberalismo y achaca la corrupción al subdesarrollo de la libertad económica. Por otra parte, Sui, Feng y Chang (2017) analizan la corrupción en 107 países entre 2002 y 2013 y llegan a la conclusión de que hay una correlación, un contagio dicen ellos, de la corrupción entre países que están en la misma zona geográfica e, incluso, que tienen el mismo PIB. Esto nos dice, claramente creemos, que la corrupción depende del modelo económico aplicado. La revisión de este trabajo citado nos permite ver que los países donde se extiende la corrupción coinciden en el modelo económico y difieren en cultura, tradición y costumbres. No podemos estar de acuerdo con el magnífico texto de Warren (2005), cuando afirma que la extensión de la democracia y el control de la sociedad civil son el antídoto contra la corrupción, que, según él, sería “el mal comportamiento de la política”. No es así, la corrupción depende de las estructuras ideadas por el neoliberalismo y que ha infiltrado la democracia. No puede ser la misma democracia quien elimine la corrupción cuando ella es corrupta. Los datos de España que aporta González Sanz (2013) apunta en la misma dirección que nosotros estamos proponiendo. La corrupción aumenta en España a partir de la aplicación de las políticas neoliberales más duras, es decir, desde 1996 en adelante, cuando España genera la burbuja de la construcción que debilitará las políticas sociales y creará en la ciudadanía el humus necesario para aceptar la corrupción como una forma natural de acción política y social. Ahora bien, debemos analizar cómo llegamos a esto.

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La era de Aquarius

hair 2“Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”, dice San Pablo (Rom 5, 20). Donde los Estados europeos actúan con criminal indecencia, las organizaciones de la sociedad civil aportan la misericordia y justicia que nos permite seguir reconociéndonos como miembros de la humanidad. Esta nueva Italia, la del neofascismo, ha demostrado ser capaz de dejar a su suerte a 629 personas recogidas por una organización humanitaria en medio del Mediterráneo. Decidió cerrar sus puertos al barco salvador para dar una imagen de fortaleza ante los votantes que han aupado a partidos demagógicos, pues saben bien que incumplen el derecho internacional negando la asistencia a personas recogidas de un naufragio. No pueden hacerlo, pero dan la imagen de fuerza ante los débiles, que es justo lo que les aporta votos. La demagogia, que no populismo, es la estrategia de estos partidos, pues bajo mano cumplen sus obligaciones, pero vociferan exabruptos contra los emigrantes. Son los mismos que aquí en España hablan del tan manido “efecto llamada”, una indecencia moral que no son capaces de sostener en privado, pero que airean en público para arañar votos entre los incautos afectos a causa tan peregrina como cerrar las fronteras al sufrimiento y al hambre, es decir, poner puertas al campo o diques al océano.
Doy gracias a estas organizaciones que se esfuerzan por sostener la humanidad de una Europa que ha perdido sus referencias morales más profundas, ancladas en la Iglesia católica y la Socialdemocracia alemana, pilares intelectuales fundadores de la Unión Europea tras la Segunda Guerra Mundial. Son las personas, no los Estados, las que toman como obligación poner en práctica los valores que han conformado este territorio con milenaria tradición y cuna de grandes culturas que aún hoy configuran nuestro mundo. Los Estados se han plegado a los intereses del capital transnacional que está en guerra contra el Planeta y contra la humanidad. Las personas debemos tomar la bandera de la civilización contra la barbarie de los intereses mezquinos de las grandes empresas y las élites globales. Por eso, estamos de enhorabuena cuando un gobierno como el actual español rompe la lógica que impera en los Estados europeos y da acogida a un grupo de seres humanos necesitados. Importa poco la motivación, importa que esa decisión ha cambiado el tablero de juego, ha forzado a Italia a aportar dos barcos para transportar y Francia ha ofrecido su colaboración para acoger personas del Aquarius, nombre con reminiscencias hippies del barco salvador.

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Ministro florero

maxim-huerta1-zMe pongo la venda antes de la herida: no tengo nada contra que haya más mujeres que hombres en el nuevo gobierno, incluso me parecería muy bien que fueran todas mujeres. Bien, aclarado esto, paso a lo que iba a decir.
Creo que la expectativa de un cambio de gobierno y de gobernanza en España ha levantado muchas expectativas entre un amplio sector de la población, especialmente aquel que se siente identificado con un visión de la sociedad denominada como “progresista” y que sus detractores califican despectivamente como “progre”. Las expectativas están fundadas en el discurso que desde la oposición ha sostenido el Partido Socialista de Pedro Sánchez, quien le torció el brazo al aparato del partido y venció en unas primarias en las que la militancia optó por políticas de oposición clara al Partido Popular. Sin embargo, estas expectativas están más alimentadas por un cierto imaginario de progresía creado a su alrededor que por hechos probados y ciertos; o bien, por el hartazgo de una forma de entender el gobierno en los últimos seis años que nos ha puesto en cotas de democracia de muy baja intensidad. Entre las esperanzas que algunos sostienen por sí mismos y los deméritos de un gobierno zafio se ha creado una aureola entorno a Pedro Sánchez por la que parece el nuevo líder que va a sacar a España de una modorra democrática que se parece en exceso a regímenes pretéritos. Por eso, el cambio de gobierno ha sido muy bien acogido por un amplio sector de la población, que espera de él un giro radical a la política de libertad pública, a las políticas de igualdad, a las destinadas a combatir la desigualdad social, a las privatizaciones encubiertas, que son el magma donde se fragua la corrupción, y a las formas de gobierno autoritarias que hemos padecido.
Entre las políticas que más ánimos levantan son las referidas a las mujeres. Desde el 8 de marzo, las mujeres se han hecho definitivamente presentes en la agenda pública, hasta el punto de que una banquera se ha denominado a sí misma como feministaEl anterior gobierno ha hecho oídos sordos a las justas demandas de igualdad en el plano público y de protección ante una violencia que se ceba, como siempre, con la parte débil de la sociedad. Las mujeres son esa parte débil (no el sexo débil) porque no gestionan los conflictos mediante la violencia y porque el varón suele ejercerla como medio de obtener satisfacción para un ego que la educación y la estructura patriarcal ha convertido en patológico. Por este motivo, que el nuevo gobierno esté compuesto por más mujeres que hombres es un signo positivo para indicar a la sociedad que en cargos de responsabilidad tan bien o tan mal lo pueden hacer las mujeres como los hombres. Suelo recordar a mis colegas feministas que fue una mujer, Thatcher, la que peores políticas aplicó en relación a la igualdad y a las injusticias sociales. Que haya mujeres en un gobierno no asegura que sus políticas sean más justas o más “progresistas”. De hecho, podría darse la paradoja que con muchas mujeres un gobierno tomara medidas que van contra la justicia social. Y, me temo, que eso lo vamos a ver en este gobierno, si es que dura para ello.

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La última tentación de Jesús: fundar una iglesia.

La revolución de JesúsEn La revolución de Jesús. El proyecto del Reino de Dios, propongo una lectura de las tentaciones como proceso de prueba de un revolucionario. Las tentaciones en el desierto son claras: el poder, el prestigio y los privilegios. Hay una cuarta tentación, que está presente en todo movimiento revolucionario: pactar con el mal (hablaremos de ello). Pero hay una quinta y última tentación que se abre justo al final de la vida de Jesús. Lo que sigue pertenece a las páginas 79-83 de La revolución de Jesús.

Hay una quinta tentación que le surge a Jesús en los últimos momentos de su vida: crear una escuela de discípulos que guarden su memoria. Esta será la última en ser vencida por Jesús. El novelista Nikos Kazantzakis escribió algo parecido en su obra La última tentación de Cristo. La novela parte de las palabras de Lucas al final de las tentaciones donde dice que el Diablo se apartó por un tiempo. Ese tiempo es la vida de Jesús hasta la crucifixión. En la cruz, Jesús recibe la visita de un ángel que le expresa la voluntad de Dios de que no es necesario el sufrimiento hasta el final. Jesús es desclavado y bajado de la cruz. Se casa con María Magdalena, tiene hijos y al final de una vida gozosa muere en la cama rodeado de su familia y sus discípulos. Pero, en un giro final, Jesús despierta del sopor en que estaba por el sufrimiento en la cruz, es consciente de que está en la cruz y emite las últimas palabas: «Todo está cumplido». Con un gesto de alegría por haber cumplido su misión, entrega el espíritu.

La última tentación es morir rodeado de los suyos y querido por todos, llevar una vida normal como un servidor del poder. Satanás espera a un momento de suma debilidad humana para presentarse como un ángel de Dios, pero Jesús resiste esta última tentación. Sin embargo, la tentación es mayor aún, es la tentación de formar una escuela que guarde su memoria, de crear una comunidad que lo recuerde, haga sacrificios por él y extienda una memoria de servidor público, de un buen hombre que vivió por los demás y murió por nosotros y al que debemos estar eternamente agradecido. La quinta y última tentación es la de crear una Iglesia. Pero Jesús también resiste esta tentación.
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La revolución de Jesús. El proyecto del Reino de Dios.

La revolución de JesúsLa revolución de Jesús. El proyecto del Reino de Dios, PPC, Madrid 2018

A una revolución estamos llamados en los difíciles tiempos que nos ha tocado vivir. Hasta hoy día han fracasado todas las revoluciones emprendidas porque se quedaban en lo meramente estructural, en lo institucional, en lo social. De esta manera, las revoluciones no eran nada más que simples cambios de posición de los actores sociales. Por eso fracasaron, pues una revolución debe ser una transformación del corazón humano a la par que de la sociedad humana.

La verdadera salvación cristiana es un encuentro entre el don de Dios, la redención, y el esfuerzo humano, la liberación. Primero el don divino y luego el trabajo humano, los dos integrados. Esta es la revolución de Jesús, su proyecto del Reino de Dios: don de Dios, primero, y esfuerzos humano después. Redención y liberación como los dos elementos nucleares del proyecto salvífico de Jesús.

Para comprender esta revolución es necesario contar a Jesús desde su proyecto vital más íntimo, el Reino de Dios, aunque no se trata de hacer un mero análisis de lo que significa este Reino, sino de mostrar las consecuencias en la vida de la gente de entonces. La consecuencia fundamental es una revolución que supone comprender a la persona de Jesús, su origen, su historia, la historia de su pueblo, el contexto social, económico y político donde va forjando su conciencia. A esto lo he llamado Los códigos de un revolucionario.

Jesús fue ajusticiado por el Imperio romano por propagar un reino distinto al del César. Los varones lo abandonaron, pero las mujeres organizaron el rito del duelo y en este rito recobraron la vida entera de Jesús.

Las mujeres están presentes tanto en la ejecución como ante la tumba vacía y son las primeras en encontrarse con el Resucitado. Ellas son las que darán inicio al nuevo proyecto del Reino de Dios tras la ejecución de Jesús.

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La construcción de la realidad imperial

Totalitarismo InvertidoEl mundo se ha construido desde hace al menos 5.000 años como una realidad imperial que se ha extendido paulatinamente a todo el orbe. Desde los inicios de los primeros imperios en Mesopotamia y el Nilo, pasando por los imperios griego y romano, hasta llegar al mundo moderno y sus imperios: España, Holanda, Gran Bretaña y el último, Estados Unidos. Esta construcción imperial asumía en cada momento todo lo logrado en su estadio previo, de tal manera que el Imperio romano será la culminación de un proceso imperial en la antigüedad. Roma siempre será el modelo de Imperio hasta nuestros días, donde los neocons hablan abiertamente de New Roman Empire para referirse a Estados Unidos.

El nacimiento de la realidad imperial, que se plasma en los imperios concretos, puede tener una misma fenomenología, identificada por Villacañas (2016: 22-26) en el nacimiento del patrimonialismo como ruptura de la propiedad común, política o económica, de la tribu y el surgimiento de la propiedad privada centrada en un clan o en una familia, de la que el pater familias sería el depositario absoluto de los derechos. Estos derechos pasan, con el tiempo, a ser hereditarios, con lo que el patrimonialismo da lugar al Imperio. El proceso sería así: irrupción de la propiedad privada, primero de los bienes y después del mando político, a partir de una situación dominada por la comunidad de bienes, luego la constitución hereditaria del patrimonio obtenido por la apropiación privada de lo común, y por último el nacimiento del Imperio cuando esa herencia incluye el poder político que se hace omnímodo mediante la forma funcionarial que evita el nacimiento de una sociedad estamental. Así lo expresa Villacañas:

Expropiación, patrimonialismo económico, aristocracia senatorial, patrimonialismo del poder político, funcionariado y economía del dinero tienen un camino convergente en la dominación imperial.[1]

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¡Dichosos los ricos…, porque os llamarán bienhechores!

RicosEl capítulo 22 de Lucas nos dice: “Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar bienhechores”. El evangelio da justo en el clavo a la hora de analizar cómo funciona el mundo en que vivimos, ayer y hoy. A los poderosos, sean reyes de las naciones, jefes o simplemente multimillonarios, no les interesa solamente acumular poder y enseñorearse del mundo; necesitan que el resto los tome por bienhechores, es decir, que todos crean que lo que hacen lo hacen por el bien de la humanidad. Hoy, estos tales se hacen llamar filántropos. Suelen ser multimillonarios que dedican parte de su riqueza a realizar donaciones, normalmente con gran publicidad y dejando patente lo que pretenden. Donan cantidades ingentes a ONGs, a grupos de apoyo a colectivos marginados y, ahora también, a la propia administración pública, mermada en su financiación gracias a que se bajan los impuestos a esos mismos enriquecidos que luego donan parte de los impuestos eximidos.

Saben muy bien que su riqueza, aunque resulte paradójico, es precaria. Sí, precaria. Porque la riqueza depende de tres factores externos a ella misma para generarse y mantenerse. El primer factor es que tiene que existir un marco legal que proteja la riqueza acumulada. Si las leyes penalizaran la acumulación de riqueza, esta nunca se crearía. Cuando Estados Unidos cayó en la crisis más grave de su historia en 1929, la forma de salir de ella fue aplicar un impuesto del 89% sobre la riqueza, de modo que fuera esta riqueza acumulada la que salvara al país, como es lógico hacer. El segundo factor es la existencia de un Estado que proteja la riqueza, sea mediante las leyes, sea mediante la policía o sea mediante el consentimiento de la administración. En todas las revoluciones, lo primero que desaparece es la riqueza acumulada, pues el nuevo Estado se la apropia. El tercer factor y más importante es el asentimiento generalizado de la sociedad que rodea a aquellos que acumulan la riqueza. Este asentimiento puede ser impuesto por la fuerza, en cuyo caso también es precario, o bien puede ser asumido como el anhelo social. Puesto que todos queremos ser ricoses bueno que existan ricos y riqueza a la que poder aspirar, aunque eso sea una quimera, pues en cualquier sociedad los ricos pueden serlo unos pocos. Según los datos que tenemos de la historia, en cualquier sociedad los ricos nunca superan entre el 1 y el 5%, dependiendo el momento y la sociedad. Por ejemplo, en el Imperio romano era el 3%, mientras que en los Estados Unidos hoy no llegan al 2% y en España es el 1%. Por supuesto, hablamos de ricos de verdad, no de personas con algunos bienes más que la media.

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