Demolición controlada: ellos sí pueden.

españaLas élites de nuestro país están embarcadas en un proceso de demolición controlada de España. Por eso deben hacer todo lo posible para que Podemos no acceda al poder y para que el PP y el PSOE se coaliguen tras las próximas elecciones y así seguir aplicando la misma política económica que hasta ahora, con variantes, sí, pero la misma en esencia. Desde que Zapatero aceptó el chantaje alemán, la orientación de la política económica no es otra que permitir que los capitales rentistas se sustenten y que sigan ganando como antes de la crisis. No estaría mal que alguien continuara el trabajo de Piketty aplicado a España, porque es un ejemplar perfecto de cómo el capitalismo se ha vuelto rentista y feudal. Aplicando la máxima del destripador de Londres, vayamos por partes.

La economía española, hasta 1997, fue siempre muy dependiente de las entradas de dinero procedentes del turismo y la inversión extranjera. Nunca creamos un sector productivo autóctono capaz de competir con las economías principales de Europa. La crisis del 93, fruto en parte de los fastos del 92, puede ser considerada una crisis global que se intensifica en España por la megalomanía del PSOE y su intento de competir con las élites mundiales. Aquella crisis costó mucho porque hubo que devaluar la moneda en varias ocasiones para ser competitivos. Esas devaluaciones empobrecieron a todos los españoles, tanto a pobres como a ricos, pero permitieron sacar la cabeza del agujero. Esa población golpeada duramente se lanzó en brazos de los cantos de sirena del PP y éste aplicó inmediatamente su programa, llevado a cabo por Rodrigo Rato de forma similar a como hizo recientemente con Bankia.

La aplicación del proyecto económico del PP de Aznar tenía tres pilares fundamentales: 1. entrar en el euro a cualquier precio, aunque fuera con ingeniería contable y financiera, vamos, engañando a todos; 2. crear una inflación inmobiliaria mediante la liberalización del suelo con una ley que estipulaba que todo el territorio español fuera un solar para construir; y 3. ‘relajar’ las normas para la realización de préstamos hipotecarios y de todo tipo, permitiendo que las entidades bancarias dieran préstamos sin más garantía que la propia vivienda a construir. La liberalización del suelo y la relajación bancaria empezó a mover el mercado inmobiliario en 1998. Los capitales afluían a la construcción, primero los propios y tras la entrada del euro los ajenos a raudales. Los bancos alemanes, rebosantes de liquidez, tenían que dar salida a esos capitales ociosos y vieron una gran oportunidad en el sector inmobiliaria español. Durante más de cinco años, entre 2001 y 2006, en España se construyeron más casas por año que en Alemania, Francia, Italia y Gran Bretaña juntos. Una burbuja en toda regla que todos quisieron crear porque se beneficiaban de ella.

Los bancos españoles, especialmente las cajas de ahorro con control de políticos del PP (Caja Madrid, Bancaja, CAM) se lanzaron al endeudamiento masivo. Se puede estipular en varios billones de euros los que se invirtieron en España. La sensación de riqueza era enorme entre la gente. Pensaban que su casa valía lo que el mercado decía y nadie creía que esto cambiaría. Sin embargo, la distribución de esa riqueza fue desigual. El 90% de toda la riqueza creada a crédito se quedó en propiedad de unos pocos que aprovecharon para acaparar medios de producción como grandes empresas y medios de comunicación. La concentración de la riqueza en España fue de las mayores jamás conocida. Pero, ¿qué pasa con la deuda contraída por los bancos para financiar toda esa nueva riqueza? La deuda está en la contabilidad de los bancos. Dicho de otra manera: los bancos se quedaron con las deudas y unas cuantas familias (3.000 según INE) se apropiaron de la riqueza.

Pero llegó 2007 y 2008 y la crisis mundial apagó el flujo de financiación que sostenía artificialmente la farsa de la Economía española. El gobierno Zapatero no vio que los capitales extranjeros y propios querían mantener su riqueza creada de la nada a costa de lo que fuese y analizó la crisis al modo keynesiano: aplicar políticas anticíclicas; el Plan E y servicios sociales. Eso duró hasta que las élites dijeron que querían su parte sí o sí. Zapatero empezó a demoler el escaso Estado de Bienestar español y aumentó la deuda en 240.000 millones para que los bancos no cayeran. En lugar de dejar caer a los bancos y aplicar el Fondo de Garantía de Depósitos para salvar a los depositantes y que pagaran los propietarios, inversores y acreedores, como manda el canon liberal, aplicó el socialismo de ricos, es decir, que entre todos pagamos lo que los ricos se han llevado. Esto puso contra las cuerdas al propio Estado, amenazado por los capitales financieros con la bancarrota. Zapatero era muy consciente de lo que le iba a costar a España esto y lo hizo. Perdió las elecciones y las ganó Rajoy.

Rajoy, como no podía ser de otra manera, ganó las elecciones mintiendo. Bien sabía la situación de España y lo que pretendía hacer. Lo primero fue un rescate bancario directo y la creación del Banco Malo (SAREB). Estas dos medidas y otras de menor calado han puesto en tres años 300.000 millones de dinero público para sostén del sector bancario, todo el sector, no solo las Cajas, como se empeñan los neoliberales. Es el sector entero el que tiene un 90% de activos tóxicos, como les llaman. Sin embargo, la política del PP es salvar estos activos mediante distintas estrategias que endosan al sector público lo que son pérdidas privadas por su gestión para enriquecer a las élites. El ejemplo claro es el Banco Malo. Los bancos descargan en él activos como suelo, viviendas e hipotecas que son el resultado de haber gestionado mal el banco. Esos activos quedan en el Banco Malo por 15 años a precio de contabilidad del Banco. El banco depositante mantiene esa basura como activo de calidad y el Banco Malo, de todos los españoles, emite deuda por 90.000 millones para financiar su venta. En el colmo del descaro, los bancos que estaban en quiebra técnico, no solo no tienen que pagar por los activos malos, sino que además ganarán por ley un 15% con la venta. Si esto no es una estrategia para seguir enriqueciendo a los ricos, es que estamos más tontos de lo que parece.

Las élites están demoliendo España porque les importa un pimiento, ellos no tienen patria, solo cuentas bancarias. Hace tiempo que han diversificado sus inversiones y lo que ahora están haciendo es llevarse cuanto puedan mientras puedan. España está en demolición controlada: primero fueron los servicios públicos como sanidad y educación, después los salarios, ahora le toca a las pensiones y tras esto el mismo Estado, cercenadas sus posibilidades de financiación con las sucesivas reformas fiscales que penalizan a los trabajadores y premian al capital.

El borrador para unas bases de programa económico que Navarro y Torres elaboraron para Podemos no es sino el intento de frenar la demolición. Su lectura deja claro que estos dos profesores saben muy bien que España ha sido herida de muerte y que sólo un shock económico la puede salvar, pero son ‘realistas’ y saben que aplicar políticas radicales llevarían a la asfixia financiera de España y hace falta mucho valor para enfrentarse a la mafia financiera internacional y patria. La propuesta son tiritas para cerrar una hemorragia, por eso las élites se ríen de la propuesta. Aunque Podemos ganara las elecciones de 2015 con mayoría absoluta y aplicara su programa íntegro, las élites seguirían manteniendo sus privilegios. Hace falta algo más que tiritas. Si tu mano te es motivo de escándalo, córtala, más vale entrar manco al cielo que entero al infierno. 

En próximo post hablaremos de las herramientas necesarias para amputar la mano gangrenada.

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