¿Arde París?

NeoliberalisHace más de un mes que tenía pensado escribir un post sobre uno de los asuntos más graves y a la vez más silenciados de lo que está ocurriendo en el mundo. Cuando pensé en escribirlo puse el título que lleva ahora el post, pero no había sucedido aún la barbarie a la que asistimos impávidos el 13 de noviembre. Elegí el título por otro motivo, pero ahora he decidido dejarlo por lo que contaré más adelante. Pero, volvamos a ese hecho que está siendo silenciado por los medios de comunicación y que, a mi parecer, es el más grave del último mes, más grave aún que lo de París. Se trata del incendio que está consumiendo lentamente Indonesia, los campos de Indonesia, arrasados con fuego para luego plantar en ellos palma para producir aceite. En una de las escasas referencias hispanas se nos dice que se trata de la queda incontrolada de los campos y bosques para plantaciones de aceite de palma. Pero no se nos da la dimensión verdadera de la catástrofe.
Las industrias alimentarias llevan varios decenios promoviendo la plantación de palma para extraer aceite por todo el mundo desde hace varios decenios. Esto ha provocado que desde los años 90, tras la implantación de la agenda neoliberal y los tratados del supuesto libre comercio, las empresas del sector hayan penetrado en los países más ricos en reservas forestales del planeta para obtener sus recursos. Lo primero es la tala de los bosques milenarios con millones de metros cúbicos de madera que va destinada a la industria del mueble. Tras la tala viene la plantación en su lugar de palma para la producción de aceite. Países como Indonesia o como el Congo, se han visto obligados por la fuerza de los acuerdos de libre comercio o por la imposición pura y simple de la fuerza del dinero corruptor, a ceder sus tierras para este cultivo. De hecho, la situación de pobreza y miseria a la que se lleva a los agricultores les fuerza a cambiar sus cultivos por el aceite o a incendiar los bosques tras la tala para conseguir más tierras. Es un plan perfectamente organizado: primero se ‘liberaliza’ un país y luego se lo esquilma. Estas son lasconsecuencias de tratados como el TTIP que van a firmar la Unión Europea y EE.UU, con el consentimiento de PP, PSOE y Ciudadanos en España, y que tendrá consecuencias similares en nuestro país.

Para conseguir una rápida limpieza del terreno, lo más rápido es el fuego, como hemos indicado, de ahí que los agricultores indonesios lleven producidos más de 170 mil incendios en 2015, pero con especial virulencia desde septiembre, lo que ha producido una situación de contaminación atmosférica enorme que supera a la contaminación por emisiones de CO2 de Alemania en un año. La quema de los campos para la plantación de palma no es incontrolada, al contrario, es una efecto deseado para el cultivo del eceite de palma. Las empresas están muy interesadas en este cultivo que les reporta muchos beneficios. El aceite de palma se utiliza en la mayoría de productos elaborados o precocinados, desde dulces a masas para pizza, panadería y bollería industrial.
El aceite de palma es utilizado en la alimentación por sus características como conservante y potenciador del sabor. Pero también porque resulta muy barato, mucho más que otras grasas vegetales, de ahí su uso extensivo, a pesar de ser una de las grasas peores para el cuerpo humano, sobre todo consumida habitualmente, como así es en tantos productos que lo contienen. Las empresas saben perfectamente que no es un producto sano y que la gente empieza a conocerlo, por eso enmascaran su uso. En muchas etiquetas no dice que lleve aceite de palma, simplemente dicen grasas vegetales. Cuando no se indica nada más, por ejemplo aceite de soja o de girasol, es que es aceite de palma. Pero siguen usándolo y extendiendo su plantación por todo el mundo, acabando con los bosques originarios y elevando los niveles de contaminación más allá de lo aceptable. Cuando un bosque tan antiguo como los de Indonesia se tala y se quema, no sólo se emite mucho CO2, es que deja de ser un sumidero natural del mismo, amén de la destrucción de biodiversidad que acarrea y otras muchas consecuencias para el lugar,como puede ser la desestructuración del terreno que puede llevar en pocos decenios a su desertificación.
Vuelvo al título del post. Cuando lo titulé así, ¿Arde París?, no estaba pensando en lo que sucedió el 13 de noviembre. Pensaba en la llamada de Hitler a su comandante en París al que había solicitado que lo incendiara antes de que lo liberaran. Ante lo sucedido en Indonesia recordé esa megalomanía destructora de los grandes bárbaros de la historia. Prefieren mil veces destruirlo todo antes que perder. No se paran ante nada, nada les es sagrado más allá de su propia voluntad, de su propio interés. Bien podríamos imaginar a un directivo de una de las multinacionales que se benefician del comercio de aceite de palma llamando por teléfono a sus adláteres en Indonesia preguntando ‘¿Arde Indonesia?’. Pero, la triste realidad es que ahora sí arde Indonesia, y el Congo, y el mundo entero. La avaricia de estos seres que dirigen los acontecimientos humanos no tiene límite. El mundo es su límite y con él su destrucción. Por tanto, lo que aconteció el 13 de noviembre bien puede entenderse como una extensión de la barbarie megalómana de los intereses que rigen el mundo y que no tienen ningún miramiento ante obtener aquello que quieren, a costa de lo que sea. Les importa un pimiento, también, si arde París, o Madrid, o Nueva York o Indonesia. Todo sea por mantener altos los beneficios y las cotizaciones bursálites.
¿Qué más tendrá que arder para que despertemos de este letargo infernal en el que nos hemos sumido?

One Response to “¿Arde París?”

  1. No sé qué más arderá, pero todo el comercio se sostiene en unas estructuras que se consolidan con cada transacción, igual que se cimenta un arrecife.
    Afirmas: “los intereses que rigen el mundo no tienen ningún miramiento ante obtener aquello que quieran, a costa de lo que sea.”
    Solo podrían contrarrestar el encarnizamiento que produce el beneficio, tratados internacionales apoyados convincentemente por países, estos por sus gobiernos, estos por sus programas y estos votados por su electorado.
    ¿Arde París? Sí, tenemos a los votantes de Le Pen para saber que no va a producirse la anterior secuencia.

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