Parásitos

Parásitos 2

 

Desde su estreno en el Festival de Cannes no ha parado de recoger premios de la crítica y del público, lo que ha convertido a Parásitos en un verdadero fenómeno que amenaza con hacer historia en los Oscar. Su director y al mismo tiempo guionista Bong Joon-ho es el gran artífice de un éxito en el que, como buen director de orquesta, deja que todo el equipo técnico y artístico brille.

 

Lo mejor que le puede pasar al espectador de esta película es sentarse frente a la pantalla sin tener ni idea de lo que va a ver, dejando a un lado los prejuicios que pueda tener hacia el cine asiático. Si lo hace, probablemente tenga una de las experiencias cinematográficas más genuinas de su vida, puesto que Parásitos es una obra maestra perfectamente orquestada, de esas a las que ni si quiera se les puede coger manía por gustar a todos, ya que su calidad es incontestable.

Parásitos 4La cinta posee elementos similares a otras ya vistas, pero al mismo tiempo resulta absolutamente única en su especie. En ella se disecciona el conflicto de clases sociales a lo Gosford Park (Robert Altman, 2001), con mucho humor negro que parece prestado de Quentin Tarantino (Los odiosos ocho, 2015) y algunos toques excéntricos más propios de Luis Buñuel (El ángel exterminador, 1962). Todo ello pasado por el filtro del director y guionista surcoreano Bong Joon-ho, capaz de elaborar un producto con un toque oriental pero de vocación universal.

Parásitos 3Mención especial merece el modo en que la película juega con el espacio de las dos casas donde se desarrolla la casi totalidad de la acción y que, según cuentan, fueron construidos ex profeso. Ambos lugares constituyen una suerte metonimia que no solo describe sin necesidad de palabras a las personas que las habitan, sino que dan pie a poderosas imágenes que refuerzan toda la dimensión crítica de la película y que alcanzan el clímax durante el manido recurso cinematográfico de la lluvia catártica (que no por recurrente resulta menos impactante). Así, mientras que los pobres viven en el subsuelo o escondidos y maquinan el modo de mejorar su situación, los ricos son retratados como seres ingenuos y simples, que están lejos de merecer (si se puede decir así) los privilegios de la vida que llevan.

Parásitos 1Este contraste conecta con el inmovilismo social que el director surcoreano denuncia en su propio país, pero que bien se puede extrapolar a nivel global. ¿Quién parasita a quién? Los países del tercer mundo que demandan ayudas externas y los inmigrantes que cruzan el estrecho en busca de un futuro mejor (véase la familia pobre encaramada a la mesa de los ricos) o las potencias mundiales que explotan los recursos ajenos y los empresarios que firman contratos abusivos a quienes no tienen otro medio para mantenerse a flote (véase la familia rica que en el fondo depende de todos los empleados domésticos porque son ineptos e incapaces de realizar las tareas más básicas.

Parásitos 5La violencia del final, que algunos han tachado de excesiva, funciona como moraleja de este particular cuento y, por tanto, una advertencia para todos los que participan de las estructuras que generan desigualdad en el mundo. No pienso que el director la justifique, pero sí que se muestra comprensivo con quienes son pisoteados por los de arriba y al mismo tiempo incitados a tratar de ascender aunque exista un muro infranqueable. La injusticia genera desigualdad; la desigualdad, frustración, la frustración, odio; y el odio, no solo al lado oscuro que diría el Maestro Yoda, sino también a la violencia.

El resultado es una película complejísima pero apariencia sencilla, lo que permite que cualquier tipo de espectador pueda acceder a ella. Habrá quienes simplemente disfruten de un divertido y preciso guion que por momentos evoca las historias de robos y timos, y quienes adviertan que existen otras lecturas entre líneas. Los primeros pasarán un muy buen rato. Los segundos, además, desearemos volver a verla para descifrar todos esos otros mensajes que hay en Parásitos.

 

En clave pastoral: La historia puede ser un buen pretexto para reflexionar sobre las divisiones sociales y las relaciones actuales de desigualdad que pueden adoptar muchas formas, así como el papel que cada uno desempeña dentro de estas estructuras.

 

Nota: 10/10

Paco Egea

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