Érase una vez en Hollywood

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Tarantino es de los pocos cineastas capaz de aunar el beneplácito de la crítica con el aplauso de una auténtica legión de fans que celebran con entusiasmo cada nuevo estreno. Su último trabajo, Érase una vez en Hollywood, es uno de los títulos de su filmografía que más división ha generado. No se parece a las otras películas de su director, pero es evidente quién está detrás de todo.

 

Quentin Tarantino solo necesitó dos películas, la pequeña y subversiva Reservoigse Dogs (1992) y la excelsa Pulp Fiction (1994) para que su nombre quedase inscrito para siempre en la historia del cine y en la cultura popular. Si hubiese muerto entonces habría alcanzado el status de mito, al estilo de lo que ocurrió con James Dean o Amy Winehouse en sus correspondientes disciplinas. Afortunadamente no fue así y no ha sido necesaria ninguna tragedia para engrandecer su figura y una filmografía que ha ido aumentando hasta llegar a la reciente Érase una vez en Hollywood que, en palabras de su director, supondrá su penúltimo trabajo como realizador.

Érase una vez en Hollywood 1Desde sus inicios su cine reveló un estilo muy marcado. Una característica es el gusto por las historias corales que se entrelazan y ofrecen una singular variedad de personajes inolvidables a los que el Tarantino guionista regala unos ingeniosos diálogos, banales en apariencia pero dignos de los mejores dramaturgos, que conducen sus historias hasta un lugar inclasificable entre el drama, la comedia y la acción. Para sorpresa de sus muchos fans, pese a que en Érase una vez en Hollywood encontramos una extensa galería de personajes, la película se centra en los encarnados por Leonardo Di Carpio y Brad Pitt, aunque también sigue de lejos la pista del de Margot Robbie. Un reparto de primera que da vida a un actor de capa caída, su doble de acción y a la difunta Sharon Tate, pletórica y pujante promesa dentro la industria a la que le esperaba un trágico final.

La película avanza lenta y pacientemente durante el extenso metraje sin que el espectador encuentre hasta el final otro de los rasgos distintivos del cineasta: la violencia. Ahora bien, ese desenlace, violento e hilarante por igual, merece un lugar especial dentro de la antología de Tarantino y hará las delicias de los admiradores más fieles.

Érase una vez en Hollywood 4Ausentes o relegadas a un segundo plano algunas de las señas de identidad de Tarantino, ¿qué elementos conserva esta película que manifiesten su autoría? De primeras, su perfil melómano, cinéfilo y seriéfilo (término en boga a tenor del éxito y la calidad de la oferta en abierto y streaming pero que bien se puede aplicar a quienes como Tarantino sitúan la edad de oro del género hace décadas). Érase una vez en Hollywood es un sentido homenaje a todos aquellos trabajadores que formaban parte a finales de los sesenta de una forma de trabajar dentro de los grandes estudios en clara decadencia. A nadie debe sorprender la filia de Tarantino hacia esta época puesto que su filmografía está repleta de referencias constantes, ya sean visuales o musicales.

Esto quiere decir que para entrar en la propuesta de la película hay que compartir en cierta medida esta mirada romántica que rezuma un solemne respeto y un profundo agradecimiento. De lo contrario, el espectador puede aburrirse como no lo habrá hecho con ningún otro trabajo del director. Y aunque la pirotecnia final deje buen sabor de boca, dudo que compense el tedio de las dos horas restantes.
No obstante, esta puede ser la obra en la que Tarantino revele más de sí mismo, identificándose con esa suerte de quijote que se niega a admitir el evidente cambio de paradigma en la industria que es el personaje de Rick Dalton. Érase una vez en Hollywood 5Con sus primeros trabajos Tarantino asestó un golpe en la mesa y demostró que el cine independiente podía participar de ese banquete endogámico que eran los Oscar (y quizás sigan siéndolo hoy en día aunque de forma más sutil). Actualmente, convertido desde hace tiempo en uno de los cineastas más reconocidos y poderosos de Hollywood, presume de no participar de la corriente de las plataformas y las nuevas formas de consumo cinematográfico. Sin embargo, a diferencia de con otros como Clint Eastwood, que probablemente en su vejez ni siquiera sepa cómo funciona Netflix; sea solo cuestión de tiempo que Tarantino, a sus 56 años, ceda ante el empuje de las nuevas plataformas y reconozca en ellas ciertas bondades, incluso la de incluir en sus variados y extensos catálogos muchos de los títulos que conforman su biblia cinematográfica. Eso, o quizás cuando se lanzó el órdago de que la siguiente sería su última película no iba de farol.

Érase una vez en Hollywood 2Volviendo sobre la señas de identidad de la cinta, cabe destacar el modo en que Tarantino reescribe la historia, al estilo de lo que ya hiciera en Malditos bastardos (2009). Una decisión que puede leerse en la línea de las historias de venganza que abundan en su filmografía y donde sobresalen Django desencadenado (2012), Death Proof (2007), y sobre todo el díptico Kill Bill (2003-2004). Siguiendo el aforismo del filósofo griego Epicuro que sostenía que “la justicia es la venganza del hombre social, como la venganza es la justicia del hombre salvaje”, Tarantino entiende la venganza como respuesta a la afrenta individual y se permite modificar los acontecimientos cuando el agravio afecta al conjunto. Este agravio colectivo resulta obvio en el caso la amenaza nazi de Malditos Bastardos y debe entenderse en el caso del asesinato de Sharon Tate como el detonante de la pérdida de la inocencia de una generación que vivió el baby boom y se contagió del espíritu naíf del movimiento hippie para acabar existencialmente tocada tras la guerra de Vietnam y por culpa de atrocidades como las que llevó a cabo la “familia Manson”.

Érase una vez en Hollywood 3Pero no todo en Érase una vez en Hollywood es un volver la vista atrás. Con este trabajo Tarantino también nos regala la novedad de una hermosa historia de amistad entre dos hombres, Rick Dalton y Cliff Booth, ambos representantes a su manera de un tipo de masculinidad hoy más que nunca cuestionado, pero a quienes el cine apenas había concedido la posibilidad de mostrarse en este tipo de relación tan honesta, verdadera y necesaria. Personalmente, es con lo que me quedo de una película que creo que no alcanza las expectativas y que confío que sea el preámbulo de una cierre redondo de la filmografía de su director, si es que cumple su amenaza.

 

En clave pastoral: Por un lado el reconocimiento a todas esas personas que hacen posible que pueda haber estrellas de cine y, por ende, a todos los que trabajan en un segundo plano de forma callada y constante aunque sean otros quien reciban los aplausos. Por otro, el ejemplo de amistad entre dos hombres que encuentran el modo de comunicarse a un nivel profundo, porque la expresión de los sentimientos no es patrimonio de la feminidad.

Nota: 7,5/10

Paco Egea

 

 

 

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