Jojo Rabbit

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Corren tiempos en los que resurge la extrema derecha. El cine, como objeto cultural, puede ser un arma que zarandee las conciencias. De ahí el oportunismo de Jojo Rabbit, la sátira de Taika Waititi contra el nazismo protagonizada por un niño perteneciente a las juventudes hitlerianas, que alterna entre la amistad con un Führer imaginario y una adolescente judía.

 

La combinación de géneros supone uno de los mayores retos para cualquier narrador de historias. Las transiciones son algo muy delicado, hasta el punto de que de cara al éxito del relato generalmente cuenta más cómo conducir al espectador adonde se pretende que el punto de llegada en sí. Por otra parte, el narrador debe ponderar el peso de cada uno de los tonos, puesto que la falta de equilibrio puede provocar que el menos representado sea percibido como un suplemento innecesario.

JojoRabbit 4La sátira y la fábula, por definición, y cada una a su manera, son dos discursos que implican el manejo de al menos dos registros que por momentos se invierten: el de la forma (más liviano) y el del contenido (más grave). Así es como emerge el célebre discurso final de El Gran Dictador (Charles Chaplin, 1940), que explicita lo que hasta ese momento se ha declarado de forma velada; o se entrelazan el horror del campo de concentración con la fantasía del juego en La vida es bella (Roberto Benigni, 1997). Las menciones a estos dos títulos no son casuales, pues, sin duda, constituyen los referentes principales de lo que el neozelandés Taika Waititi ha querido contar en Jojo Rabbit, una sátira sobre el fascismos con moraleja final.
JojoRabbit 7El resultado, sin embargo, queda a mucha distancia las películas citadas. Waititi ha demostrado hasta ahora ser un director muy particular, al que claramente le gusta pasar de un género a otro sin renunciar a su singular sentido del humor ni a su sentido estético un tanto extravagante. Dicho así no tiene por qué ser algo negativo. De hecho, muchos directores se pasan la vida intentando desarrollar un estilo y una voz personal y nunca lo consiguen. El problema de Waititi es que da la impresión de que todavía no ha madurado artísticamente. Su cine carece de gravedad (aunque quizás esto sea algo coyuntural y esta película pretenda significar un cambio de rumbo), adolece de mesura visual (no siempre más en mejor), peca de soberbia (lo que en este caso se traduce en ser deliberadamente manipulador con las emociones) y sufre por culpa de su irremediable afán de protagonismo (necesita reservarse siempre algún papel). Por desgracia, la buena acogida de este trabajo no hará más que engordar el ego de quien no lo necesita, en lugar de invitar a una reflexión serena que depure intenciones y refine un estilo que ciertamente contiene elementos interesantes.

 

JojoRabbit 3La película está basada en un libro que cuenta la historia de un niño que comienza siendo un ferviente seguidor de la ideología nazi pero al que el encuentro con una adolescente judía a quien sus padres esconden en casa le lleva al cuestionamiento de sus principios y finalmente a la deserción ideológica. Sin haber leído el libro, la sinopsis genera la impresión de estar hante una historia similiar a otras que ya conocemos, como El niño del pijama de rayas (David Heyman, 2008). Quizás por eso Waititi, que además de dirigir firma el guion, decidió introducir los elementos cómicos e incluir a Hitler como un amigo imaginario del protagonista. Decisiones que vulneran el tono de la obra original que pero entran dentro de la libertad del adaptador.

 

JojoRabbit 2Paradójicamente lo mejor de la película se concentra en la primera parte, en donde la comedia se impone al drama y las situaciones planteadas evocan algunos de los gags más divertidos de los Monty Python. Frente a los ojos de Jojo, maravillosamente interpretado por el debutante Roman Griffin Davis, desfila una serie de extravagantes personajes como los responsables de esa especie de campamento de verano de las SS o el patoso Yorki (a quien el guion concede probablemente las mejores frases de la película).

 

JojoRabbit 6Una vez que la película ridiculiza suficientemente a los nazis, el relato va dejando pistas nada sutiles de por dónde se gesta el drama. No obstante, para cuando este llega, sorprende el breve duelo que atraviesa un niño que sigue manteniendo conversaciones con un amigo imaginario y que reacciona culpando a quienes ya sabe que no son los responsables. A partir de ese momento el guion hace aguas (si bien antes ya había filtraciones) y se convierte en un intento descarado de provocar el pellizco en el corazón del espectador. Basta con ver el tratamiento que tiene la muerte y la violencia a lo largo de la película. Desde el inicio se relativiza y se vuelve objeto de chiste (lo cual no deja de ser lícito), pero al final Waititi decide oscurecer la paleta de colores y ralentizar la imagen para que por fin el espectador pueda descubrir el horror circundante que el propio director había tapado con sus gracietas.

 

JojoRabbit 5En cuanto al contenido, Jojo Rabbit presume de ser una fábula contra el fascismo y cualquier forma de totalitarismo que aliena al individuo. El discurso está ahí y es muy cierto, pero también lo es que para hacerlo llegar la película recurre a un maniqueísmo y una manipulación emocional que chirría con todo eso de la alienación y el adoctrinamiento. Resulta indignante que mientras el personaje de la madre basa la educación de su hijo en un profundo respeto a su libertad de conciencia (quizás demasiada para alguien tan comprometido en contra del nazismo), el director trate al espectador de una forma tan infantil.

 

En resumen, Jojo Rabbit es una película entretenida y amable, que está muy lejos de ser lo buena que pretende, pero que ha logrado hacer más ruido del que merecía apelando a las emociones. Confiemos en que el tiempo la ponga en su sitio, esto es, en un cine-fórum para alumnos de secundaria, o en el televisor del salón en una tarde de domingo en familia.

 

En clave pastoral: Quizás el peligro de la alienación hoy en día pueda venir a través de las redes sociales y el consumo selectivo que hacemos de la información, donde la tendencia es a buscar la confirmación de las propias convicciones, lo que genera una brecha cada vez mayor con respecto a quienes opinan de forma diferente. Por otra parte en los principales personajes femeninos podemos reconocer el poder de la ternura que como la semilla del evangelio da fruto a su tiempo y el de la bondad, que actúa como espejo que revela nuestra deformidad.

 

Nota: 6,5/10

Paco Egea

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