El irlandés

El irlandés 1

 

Martin Scorsese vuelve con El irlandés a una historia de gánsteres, esas que tan bien se le dan y de las que sus películas son el mejor exponente. Historia del séptimo arte que se resiste a jubilarse y que demuestra con este nuevo trabajo, que la ambición y el talento no desparecen con los años. Si acaso, se expresa de forma diferente.

 

El maestro Scorsese ha envejecido al tiempo que esos gánsteres que nadie mejor que él ha retratado en el cine. Al estilo de lo que hizo a lo largo de varias películas el francés Truffaut con su alter ego Antoine Doinel, pero sin reutilizar los mismos personajes; la filmografía del director neoyorquino refleja la evolución de unos matones de poca monta (Malas calles, 1973), que llegan a hacerse dueños del Bronx (Uno de los nuestros, 1990) y a ampliar el negocio (Casino, 1995) hasta finalmente dar el salto a la política en El irlandés.
El irlandés 4Para ello ha solido rodearse de un equipo de confianza encabezado por Robert de Niro, Joe Pesci y Harvey Keitel a quienes se suma ahora otro mafioso italiano de la pantalla: Al Pacino. El paso del tiempo se hace evidente en el rostro de estos actores (a pesar del rejuvenecimiento digital al que fueron sometidos para este último trabajo). Igual que ellos, Scorsese ha envejecido y, eso se traduce en una pérdida del brío que demostraba su cámara en los setenta y del festival de violencia de sus dos trabajos más celebrados durante los noventa. En cambio, se aprecia ahora una mayor serenidad y una mirada más contemplativa que permite perforar a estos tipos duros para que podamos conocer los conflictos internos que experimentan y que al final de la vida, cuando se ponderan las cosas verdaderamente importantes, pesan más que nunca.

 

El irlandés 6La dimensión moral y religiosa siempre ha estado presente en sus personajes como algo que les definía pero en donde el maestro no se detenía. Cuando ha querido abordar estos asuntos lo ha hecho cambiando radicalmente de tercio y los ha tratado explícitamente, como en La última tentación de Cristo (1988), Kundun (1997) o Silencio (2016). Sin embargo, en El irlandés, la cuestión ética sobrevuela toda la película, y no solo a través de la narración del personaje principal. Scorsese se detiene en los primeros planos del rostro contrariado de sus personajes, deja espacio para incómodos silencios e incluso se podría decir que la presencia callada e inquisitorial del personaje interpretado por Anna Paquin desprende más violencia de forma contenida que cualquier castigo a los que la mafia acostumbra a someter a quienes se saltan su particular código de honor.

 

El irlandés 5Lo cierto es que al ver este trabajo uno echa un poco en falta ese estilo frenético y la visión casi glamurosa del hampa. Pero también es verdad que esas películas ya están hechas y que de lo que se trata aquí es de dar un paso más y filmar un digno cierre a esta suerte de novela río sobre el crimen organizado que salpica la obra del director. Quizás por eso, y a modo de recapitulación, haya optado por una historia que transcurre a lo largo de cuarenta años, lo permite evocar capítulos anteriores a medida que avanza la narración. La elección para esta ocasión de una historia real difumina las fronteras de la ficción de anteriores trabajos, como si tratase de decirnos que esos gánsteres que plagan su filmografía existen de verdad.

 

El irlandés 3O mejor dicho, han existido de verdad. Porque del mismo modo que la industria del cine se renueva y evoluciona a nuevos paradigmas de producción y consumo, da la impresión que Scorsese se despide de sus personajes cuando esa mafia forjada a partir del concepto de familia y sustentada sobre la ley del silencio empieza a formar parte del pasado. De ahí el tono crepuscular de toda la película, que alcanza su cénit en la inútil pero leal negativa a hablar de Frank Sheeran, el personaje encarnado por Robert de Niro, cuando es interrogado por los crímenes que él y sus secuaces han llevado a cabo a lo largo de su vida. Con él, en la anodina existencia de una residencia de ancianos, muere toda una generación; pero, gracias a su silencio, el código de honor que compartieron (o lo que queda de él después de las traiciones), permanecerá para siempre.

 

El irlandés 2El entusiasmo con el que fue recibida tras su estreno se ha moderado al tiempo que el espectador medio se ha topado con sus tres horas y media de duración y aquellas tímidas voces que reclamaban al Scorsese de siempre se han hecho fuertes al comprobar que la nostalgia era compartida. Sin embargo, El irlandés no es ni mucho menos una obra fallida o menor de su filmografía. Algún recorte en el metraje hubiese ayudado sin suponer un menoscabo significativo para sus pretensiones. No obstante, a los mayores hay que tenerles un respeto y, después de todo lo que ha hecho y nos ha dado, a Scorsese se le pueden consentir cosas así. Lo justo, por tanto, es darle las gracias y esperar a que este septuagenario siga haciendo historia del cine. Quien sabe si cuando él ya no esté morirá también una generación. Sea como sea, siempre nos quedarán sus películas.

 

En clave pastoral: El conflicto sobre la lealtad y la fraternidad está presente y es, sin duda, algo que puede tocarnos de cerca. ¿Quién acaso no ha fallado alguna vez a un ser querido? Por otra parte el personaje de la hija refleja el conflicto de quien no aprueba lo que ocurre en su entorno pero se debe a los lazos de sangre. Porque quitarnos la venda que nos impide cuestionar las acciones de aquellos que más queremos y a quienes estamos dispuestos a defender a capa y espada no es tarea sencilla. Supone negar parte de lo que nos da identidad y eso siempre duele.

 

Nota: 9/10

Paco Egea

 

 

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