Le Mans ’66

Le Mans '66 1

Le Mans ’66 es el trabajo más clásico de las nominadas al Oscar de este año. James Mangold dirige esta historia sobre el intento de Ford por vencer en una competición que Ferrari llevaba años dominando. Como en toda buena historia de competición, lo que interesa más es el camino que recorren unos personajes que en su lucha por el éxito encarnan algunos de los principales valores del deporte.

 

 

Le Mans '66 5En la carrera por el premio a la mejor película Le Mans ’66 parte en última posición. Hace años ya que la lucha por la estatuilla dorada se ha convertido en una especia de carrera de resistencia donde lo que importa es que la maquinaria diseñada para conseguir el objetivo no falle y resista la dureza de un circuito mucho más agresivo y agotador que antaño debido a la diversidad, la inmediatez y mala leche de los medios digitales. Cuando una favorita se postula demasiado pronto es imposible que soporte el embiste de los haters que proliferan por las redes. Y aunque esta no es una película que haya despertado ninguna campaña en contra como sí le ha ocurrido en mayor o menor media a la mayoría de sus rivales, sorprende que a la chita callando haya logrado colarse entre las finalistas al máximo premio.

 

Le Mans '66 6Si uno se fija en las demás candidatas, en todas sobresale la labor de dirección. Resulta difícil decir una palabra sobre cualquiera de ellas sin hacer referencia a quien está detrás de la cámara, puesto que es imposible concebir la misma película en manos de otro cineasta. Sin embargo, no ocurre así con Le Mans ’66. Su autor, James Mangold, tiene un perfil mucho más discreto que sus contrincantes y en su filmografía, variopinta e irregular, no sobresale ningún título que haya dejado huella. No obstante la industria reconoce en él a un realizador solvente y que garantiza una calidad mínima en cualquier tipo de producto del que se haga cargo. De ahí que muchos lo comparen con Ron Howard, otro artesano del cine, que supone una garantía para cualquier producción y que gracias a un trabajo convencional en el año adecuado llegó incluso a triunfar en los Oscar (Una mente maravillosa, 2001).

 

Le Mans '66 3De hecho, Howard es precisamente el autor de Rush (2013), una injustamente olvidada cinta con la que esta tiene muchos puntos en común pero a la que no llega a superar. Quizás, el guion de aquella, que pone el acento en la rivalidad entre dos personajes antitéticos, infunde un ritmo y  velocidad más acordes a la F1 donde se desarrolla la historia que a los de las 24 horas de Le Mans.

 

Le Mans '66 2Los espectadores más tradicionales que tengan cierta animadversión al cine de autor y a ese reciente empeño de las grandes producciones por demostrar un mayor poderío técnico y visual, disfrutarán de lo lindo con esa factura clásica que rezuma Le Mans ’66. La película goza de una narración firme y unos personajes reconocibles que atrapan al espectador en un viaje emocional cuyo destino en este caso es la exaltación de esos valores blancos de los que se nutre el espíritu americano: el afán de superación, la familia, la responsabilidad, la amistad, el trabajo en equipo… Como en un buen coche de carreras, todos sus elementos están en perfecta armonía; y aunque  ninguno sobresalga en especial, la verdad es que no hace falta para disfrutar de un rato bastante agradable. Sus más de dos horas de duración no son un hándicap, ya que como en toda buena película deportiva, la contienda final mantiene el interés incluso si uno conoce de antemano el desenlace de esta historia basada en hechos reales.

 

Le Mans '66 4Si este trabajo se hubiese estrenado hace veinte años, sin duda, habría disfrutado de un éxito mayor. Su buena acogida y presencia en la terna final de los premios de la Academia de Hollywood responde en buena parte al efecto de la nostalgia, que nos hace echar de menos esta forma de rodar y este tipo de relatos. Y lo cierto es que no está mal que cintas como esta, que monopolizaron la industria hace décadas, sigan siendo hoy en día reivindicadas. La fuerza de este tipo de cine es tan eficaz como el motor de ese viejo coche de principios de los dos mil que todavía hoy sigue llevándote de un lado a otro.

 

En clave pastoral: Dentro del conglomerado de valores que encierra la historia, cabe destacar el desarrollo del personaje de Christian Bale, que debe escoger entre el triunfo personal o el colectivo. Junto con el personaje de Matt Damon representan la honradez en el trabajo que se opone a la actitud de los magnates de Ford. Se nos pone por delante, de forma muy tangencial, el tradicional conflicto entre las motivaciones del empresario y las de los obreros.

 

Nota: 7/10

Paco Egea

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