Las niñas

Las niñas 5
A falta de varios meses para cerrar la cosecha anual de cine patrio, visto lo visto, podemos decir que Las niñas, es una de las películas de la temporada. Triunfadora en el Festival de Cine de Málaga, nos propone una historia protagonizada por una adolescente normal en su día a día. ¿Por qué entonces tanto entusiasmo?

 

Las novelas y el cine de aventuras sitúan al héroe en medio de un relato donde el riesgo, la sorpresa, el misterio o el sentido de la maravilla enmarcan los diferentes episodios de la narración; y es a través de este recorrido como generalmente el protagonista lleva a cabo un aprendizaje vital que resulta también aleccionador para el espectador o el lector de turno. Las niñas 3En el éxito de esta conexión radica en buena medida el disfrute de quien se sumerge en la ficción pues, aunque todos recurrimos a ella como vía de escape de la realidad, lo paradójico es que cuanto más nos vemos reflejados en la trama, más nos atrapa. Por eso el cine de acción lleva décadas redefiniendo el prototipo de héroe de acción: desde el truhan de Han Solo hasta el risible Fat Thor, pasando por un ciudadano de a pie como John McClane o Bruce Wayne y sus muchos traumas. Al final, lo ordinario se convierte en la guinda del pastel de lo extraordinario, como ya insinuaba la frase final del horroroso guion que dio lugar a Hook, el Capitán Garfio (Steven Spielberg, 1991): “¡Vivir! ¡Vivir será una fantástica aventura!”. Y si lo dice una cinta de Spielberg, que del género de aventuras entiende un rato, a mí me da que razón tiene.

Las niñas 6Y hasta 1992, fecha en la que se estrenaba en España esa revisión del mito de Peter Pan, nos traslada la película que nos ocupa. Las niñas pretende ser un retrato de esa compleja etapa que es la adolescencia a cuyas puertas estaba condenado a quedarse el personaje creado por J.M. Barrie. Eso que se ahorró, pensarán algunos para quienes la pubertad fue una aventura de la que costó salir airoso. Porque no es descabellado plantear este periodo de la vida como una aventura. Al fin y al cabo, el corazón adolescente experimenta ante la novedad que se le presenta en medio de lo cotidiano esas mismas emociones con una intensidad genuina que seguramente todos recordamos, y si alguno no lo hace solo tiene que sintonizar con algún reality show y fijarse en esos concursantes que quedaron emocionalmente anclados en ella.

Celia, la protagonista de esta historia, es una niña de once años que vive con su madre y que comienza a mirar el mundo de una forma distinta y a cuestionar el discurso de los adultos que la rodean, al tiempo que su cuerpo experimenta los cambios propios de la edad. El trabajo de la joven intérprete Andrea Fandos es digno de mención, así como el de Pilar Palomero, directora novel que convierte los ojos de su actriz en una ventana a la adolescencia del mismo modo que los de Ana Torrent lo fueron para la infancia en El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973)

Las niñas 1Construir la propia identidad no es fácil y seguramente se trate de una tarea para toda la vida, pero, sin duda, uno nunca navega más a la deriva que cuando toca emanciparse de los adultos que hasta entonces han sido los puntos cardinales de la propia existencia. Es entonces cuando la amistad con los semejantes se convierte en la brújula que orienta y que a menudo -muy a menudo- apunta en la dirección equivocada. La protagonista de la película vive esa tensión entre la fidelidad a su madre y lealtad a sus amigas, entre el conservadurismo de la escuela y del hogar y ese deseo de explorar lo desconocido y juguetear con el riesgo y lo prohibido. Como consecuencia, igual que nos ocurre a los adultos, a veces siente que se rompe; y aunque prácticamente todo se puede reparar, la inocencia pueril se irá deshilachando hasta llegar ese momento indeterminando en el que uno se planta para afirmarse como persona frente a los demás, dando carpetazo a la infancia para siempre.


Las niñas 4Al final, toda etapa vital constituye un aprendizaje. Hoy en día en educación se habla hasta la saciedad de la importancia de una educación emocional y afectiva donde el joven no sea sujeto paciente de la misma, pero los educadores no dejamos de dibujar los raíles por donde debe avanzar y de los que no debe salirse. Esto también se observa en la película de forma mucho más flagrante en lo referente a la educación sexual impartida en un colegio de monjas que poco ayuda a la imagen de la vida religiosa, o en el deseo de la protagonista de conocer su historia familiar y que su madre frustra a cada nuevo intento. A veces a los adultos se nos olvida cómo era eso de ser adolescente y quizás porque queremos ahorrar a los jóvenes algunos los embistes de la vida que no supimos esquivar incurrimos en un paternalismo que les niega la necesaria autonomía en ciertos aprendizajes. Puede que esta sea una de las tensiones propias de la madurez y especialmente de los padres y de quienes trabajamos en educación.

Las niñas 2Por otra parte, en su pretensión por representar verazmente la adolescencia, Las niñas, se convierte también en un pequeño retrato de una sociedad, la España de principios de los noventa, que si admitimos que nació con la democracia, podemos decir que impulsada por los JJ.OO. entró en la pubertad con esa altanería propia del ego adolescente. Y al igual que de adultos reconocemos los errores que cometimos en nuestra juventud, la perspectiva del tiempo nos ayuda a mirar esos años con nostalgia por ese optimismo que tanta falta nos haría ahora pero también nos hace sonrojarnos por el contraste entre lo que soñamos ser y aquello en lo que nos hemos convertido.

 El balance de la película es muy positivo, principalmente por su autenticidad y sencillez. Para algunos quizás peque de costumbrista y se eche en falta más acción en el desarrollo. Sin embargo, aquí es donde tiene cabida la defensa de la vida como aventura, que no solo es una idea hermosa, sino una manera de afrontarla que pone en valor muchos de los detalles que a menudo pasan desapercibidos. En este sentido, se aprecia la sensibilidad femenina -que no feminista- de su directora sobre lo cotidiano, algo que también ocurría en otras obras recientes del cine español como Verano 1993 (Carla Simón, 1917) o Carmen y Lola (Arantxa Echevarría, 1918). Seguramente su directora corra la misma suerte que sus compañeras y se alce con el premio a la mejor dirección novel en la próxima edición de los Premios Goya, prolongando a cuatro años la recha de mujeres triunfadoras. En cualquier caso, estamos ante un excelente debut y una película cuyo visionado hace mucho bien.

 

Nota: 7,5/10

Paco Egea

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