Ayuda al Método Científico

Querida Letras de la Ciencia:

Soy el Método Científico. Me dirijo a ti por medio de esta carta con la intención de desahogarme y contarte lo que me preocupa, a ver si tú, o tus lectores, me podéis aconsejar.

Yo trabajo en un laboratorio desde que tengo uso de razón, allá por mil quinientos y pico, cuando Galileo Galilei decidió ofrecerme mi primer empleo. Bueno, en realidad ahora ya no solo trabajo allí, ahora lo dirijo. A mi más bien me gusta decir que lo lidero.

He tratado de inculcar a todo mi equipo un protocolo de actuación muy estricto. Cada investigación que tenemos entre manos tiene que seguir unos pasos muy concretos. Son 4: observación, formulación de la hipótesis, experimentación y elaboración de la teoría.

¿Por qué me he empeñado tanto en que eso sea así? Pues porque es la única manera que veo yo para que los resultados sean absolutamente objetivos.

En nuestro laboratorio se empieza observando aquello que queremos investigar. A veces basta con hacerlo a simple vista y a veces necesitamos instrumentación específica. En ocasiones es suficiente con que lo haga una sola persona y a veces participa todo el equipo. Luego, en función de esta observación, elaboramos una hipótesis y ponemos por escrito lo que hemos visto y lo que nosotros creemos que pasa y por qué sucede así. Esto nos lleva a confeccionar un programa de experimentos que corroboren o desmientan nuestra hipótesis. Aquí hay que ser muy exhaustivo y experimentar mucho y de muy diversas maneras. Si no caeríamos en el error de diseñar las prácticas que nos digan lo que nosotros esperamos obtener, y eso no está bien. Por último, con todos los datos obtenidos se prepara la teoría final, una teoría que será puesta a disposición de todo el que quiera comprobarla y servirá de base, o no, a otros investigadores para su trabajo.

Como veis, es un método sencillo pero riguroso. Con él nos aseguramos que nuestros deseos, o nuestras percepciones particulares, no influyen en el resultado.

El resto de la sociedad no nos ve con muy buenos ojos. Yo sé que la vida real no es tan estricta, de hecho, yo no me llevo el trabajo a casa nunca. Yo tengo familia y amigos y mi relación con ellos es mucho más distendida. Si las cosas no salen como estaban planeadas, solo tenemos que cambiar los planes para adaptarnos. Pero en el trabajo somos inflexibles. Es la principal cualidad que nos diferencia de la pseudociencias.

Esta situación, como os digo, lleva siendo así desde tiempo inmemoriales. Y yo llevo siendo feliz con ella desde entonces.

Método Científico

Pero hace unos días ha ocurrido algo que me ha desestabilizado, algo que me preocupa y mucho.

Un director de cine vino a verme la semana pasada. Dice que quiere hacer una película sobre mí, que quiere llevar el método científico a las pantallas y que toda la sociedad aprecie nuestro trabajo. Dice que la gente tiene derecho a saber qué es lo que financia con sus impuestos y que los investigadores tienen derecho a que se conozca y respete su trabajo. Yo le he dicho que ya ha habido muchas películas que han tratado el tema, pero él me ha salido con que esta sería diferente. ¿Qué me va a decir él? Por eso me quiere a mí. Quiere que sea yo precisamente el que explique nuestro trabajo. Dice que será más un documental que una película.

En el laboratorio el equipo no está muy contento. Ellos piensan que nosotros somos gente de ciencia y no de cine, que no podemos perder el tiempo en esas frivolidades. Sé que existen muchos compañeros que también piensan así, que desprestigian un poco al que no dedica todo su tiempo a la investigación.

Pero por otra parte ¿no tenemos el deber de informar a la sociedad de lo que hacemos? Si queremos que la gente abandone las pseudociencias debemos contarles cómo se trabaja en la ciencia. Ellos tienen que identificarme en cualquier investigación, y si no me encuentran no deberían dar crédito a lo que oyen. Pero ¿cómo van a hacerlo si no me conocen?

¿Vosotros qué haríais? ¿Qué me aconsejáis que haga? ¿Sigo con mi vida, con mi trabajo apacible y mi estabilidad, dejando que cada cual estudie y aprenda lo que quiera? ¿O me lío la manta a la cabeza y hago la peli, aún a riesgo de que me tachen de oportunista y poco profesional?

Por otra parte, mis dotes interpretativas son nefastas. Sin embargo ellos me han asegurado que eso es lo de menos. Basta con ser yo mismo. Eso no lo entiendo muy bien.

¿Qué hago?

Tertulias ciencia

Algunos de vosotros ya sabréis que desde hace algún tiempo participo en  #TeruliasCiencia. Son unas tertulias virtuales sobre un libro de divulgación. Cada semana se lee un capítulo, alguien lo resume y todos lo comentamos en un blog habilitado para ello. No es necesario ser experto en lo que se habla, ni siquiera saber de ciencia. Solo se requiere tener ganas de leer en compañía, de aprender y de compartir. Yo empecé por casualidad y ahora estoy enganchada. La conversación está abierta a todo el mundo y no se pide ningún compromiso. Cada cual se pasa cuando puede y comenta lo que le parece. El hecho de participar una semana no obliga a seguir hasta el final. O no haber empezado desde el principio no importa para engancharse en cualquier momento. ¿A que te apetece pasar por allí, aunque solo sea por curiosidad? Yo te animo a que lo hagas y luego… tú decides.  Te dejo el enlace.

Esta edición tiene algo de especial. Hasta ahora los organizadores habían elegido ellos el libro, pero este año han pensado que mejor lo hacemos entre todos. Han creado un carnaval en el que cada uno proponemos un libro y luego (más…)

Dialogando sobre ciencia y fe

Estoy muy contenta y quiero compartirlo con vosotros. Os cuento.

Ya sabéis que hace unos meses Fernando Cordero y yo publicamos el libro “¿Extraños amigos? Cuando ciencia y fe se aventuran al diálogo”. En el colegio Padre Damián de Barcelona se han hecho eco de él y han puesto en marcha un proyecto similar que se llama “La creación: un diálogo entre la fe y la ciencia”. Los participantes son los alumnos de 1º de la ESO, junto con los profesores de ciencias naturales y religión María Socorro Moreno, Xavier Oller, María Amparo Sols, Anama Domenech y José Manuel Rodríguez. El objetivo es que los alumnos reflexionen sobre la diferencia entre los datos científicos y el relato bíblico.

Y lo que me ha puesto tan contenta no es solo que nuestro libro les haya inspirado para un proyecto tan bonito, sino que…. ¡me han invitado a participar!

Colegio Padre Damián

Sí, sí… como os lo cuento. Para mí es todo un privilegio. El proyecto se lleva a cabo a través de un debate en Classroom, una especie de Twitter privado. La profesora de religión, Maria Socorro, plantea una pregunta cada cierto (más…)

Marte (The martian)

Queridos lectores:

Éste es un post un poco especial. Está dedicado a Marte (The martian), la película de Ridley Scott que está arrasando en cartelera. Y no voy a escribirlo sola.

Os presentPrimer plano de Tomo a Tom, mi primer colaborador en el blog. Tiene 15 años, estudia 4º de la ESO y es un apasionado del espacio, y también de Harry Potter, como yo. La oportunidad de colaboración surgió en torno a la película, en una conversación sobre si ir a verla al cine o esperar tranquilamente a que la pusieran en la tele. Dados los gustos de Tom, me pareció que no encontraríamos mejor tema que éste para su estreno en “Las letras de la ciencia”.

Una vez vista, los dos coincidimos: nos ha gustado mucho. La trama narra la historia de un astronauta, Mark Watney, que, después de un accidente en una misión tripulada al planeta rojo, se queda solo y tiene que sobrevivir. Tom, que ha invertido muchas horas jugando a los videojuegos ha apreciado la parte más técnica.

Quizás lo que más me ha gustado de esta película es cómo te da datos científicos sin explicarlos con imágenes creíbles, sin abusar de la ciencia-ficción, por lo que la hace muy verosímil.

Por ejemplo, tú puedes ver como en la nave Hermes hay dos aros que giran alrededor de esta y que por dentro los astronautas entran bajando unas escaleras y que de repente hay “gravedad” sin darte ni la más mínima pista de que eso es así gracias a la fuerza centrífuga. O cuando ves cómo acercan los suministros a la nave y ver pequeñas propulsiones alrededor de él sin que te expliquen más tarde que era el OVS y que se usa para hacer maniobras de precisión. (más…)

El olvido de la Catástrofe Ultravioleta

Hoy tenemos en la redacción de Las Letras de la Ciencia a alguien muy especial. Ha sido ella la que nos ha solicitado esta entrevista porque cree que la sociedad, y más concretamente la comunidad científica, no ha sido justa con ella. Quiere que se sepa que se siente herida y maltratada y reivindica un poco de atención. Se trata de la Catástrofe Ultravioleta.

-Buenos días, querida. ¿Cómo estás?

-Buenos días. Pues mira, te diría que bien por ser políticamente correcta, pero la verdad es que me siento muy sola y muy olvidada.

-¿Por qué?

– Yo no era nada, no existía. No podía sentirme ni bien ni mal. De repente, ellos me crearon y me dieron nombre y fama. Me definieron. Hablaron y discutieron sobre mí. Me estudiaron. Me llevaron a todas las tertulias: a las de ciencia, a las de noticias e incluso a las del corazón. Glamour, popularidad, poder y dinero…. y cuando me acostumbro a esa vida… me resuelven y me olvidan. ¿Tú sabes quién soy yo?

-No, la verdad.

-¿Lo ves? Pregunta en la calle, en los colegios, en el metro o en un supermercado. ¿A ver a quién le suena eso de la catástrofe ultravioleta? A lo mejor a la gente relacionada con las ciencias físicas. Nada comparado con lo que fui. Ellos me crearon y ellos mismos me arruinaron la vida relegándome al olvido. ¿No es para sentirse mal?

-¿Ellos? ¿Quién son ellos?

-Los físicos del siglo XIX-XX

-¿Y desde el siglo XIX estás así?

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¿Letras juguetonas o dislexia?

Esta es la historia de los 3.474 caracteres que componen el primer punto del tema 6 del libro de ciencias naturales de 4º de primaria. Soldados rasos todos, solo un capitán: la H del título. Una H mayúscula, muda, con mucho genio y grandes dotes de mando.

-Atención soldados… pooosición de lectura, cada uno a su sitio – gritó el capitán a través del aparato por el que convertía sus pensamientos en sonidos.

Los soldados ya conocían el protocolo. Sabían que el grito del capitán respondía a la alarma que se generaba cada vez que se abría el libro en la tablet del alumno. En ese momento ellos debían dejar cualquier actividad que estuvieran haciendo y colocarse en la posición asignada. Había que estar bien firmes y bien quietos, dispuestos a que se les pasara revista.

La teoría era fácil, pero la práctica se convertía siempre en un desastre. La mayoría del tiempo el libro permanecía cerrado, con lo que los soldados pasaban horas y horas tumbados, revoloteando, jugando entre ellos, peleándose o riéndose unos con otros. En resumen: holgazaneando. Y cuando 3.474 caracteres se pasan casi todo el día holgazaneando es muy difícil organizarlos con un solo grito. Siempre había unos cuantos fuera de su sitio, del revés, retrasados, mal puestos o moviéndose continuamente.

El niño, que había abierto el libro con intención de estudiar el tema, leía frases incongruentes que no lograba entender. Los caracteres jugaban a saltar intercambiando posiciones y el niño se volvía loco. Siempre ocurría lo mismo. El (más…)

Mierda, he dicho mierda

Año 2015.

A mis 46 años había visitado los museos de Historia Natural de Londres y París. Sin embargo, a pesar de haber vivido toda mi vida en Madrid, nunca había estado en su Museo de Ciencias Naturales. – ¿Cómo es posible? – me decían mis amistades. Ante tal pregunta yo solo podía encogerme de hombros y pensar que tenían razón.

El otro día decidí ponerle remedio.

Llegué allí, saqué una entrada y deambulé entre sus vitrinas mirando, más que admirando, todo su contenido. Leí paneles informativos, me detuve en algún que otro contenido audiovisual y hasta escuché con furtiva atención las explicaciones que daba un guía a su grupo. Pasé de una sala a otra, bajé al sótano, subí a la primera planta, pero… decididamente los bichos no son lo mío. Había llegado el momento de dar por terminada mi visita. Solo me quedaba una pasarela en la primera planta. Se abría a la sala principal del museo y ofrecía unas vistas extraordinarias de la planta baja.  –Una foto desde allí y me marcho – pensé.

Pero la pasarela inicia su recorrido con un enorme panel que dice “Excreta, una exposición (in)colora, (in)odora e (in)sípida”. ¡Mierda! Esto es una exposición sobre la mierda. Mi visita ya no iba a ser tan rápida.

Resulta que el estudio de la mierda es toda una ciencia. No es una broma, se llama Coprología, y los coprófagos son los animales que se alimentan exclusivamente de excrementos de otro animal. Como detalle curioso, como si la exposición en sí no fuera suficientemente curiosa, una vaca produce 9 toneladas de excremento anual y 300.000 (más…)

Me voy a Marte

¡Pues si! Aquí está mi tarjeta de embarque. Salgo el 14 de marzo de 2016 a bordo de la nave InSight en el vuelo NASAJ2M2. ¿Te vienes? En 6 meses estamos allí. Lo malo será la vuelta.

Ana

InSight es una sonda que la NASA enviará a Marte con idea de hacer hacer un estudio geofísico del planeta. La intención es conocer su composición interna: el tamaño de su núcleo, si se encuentra en estado sólido o líquido, la composición precisa del manto o si hay actualmente alguna actividad sísmica en la superficie. Con estos datos se podrá hacer una extrapolación a los demás planetas rocosos del Sistema Solar y conocer así un poco más de su proceso de formación.

La sonda llevará incrustado un microchip de silicio en el que se grabarán los nombres de todos aquellos que quieran dejar un recuerdo se sí mismos en el planeta rojo. Solo hay que registrarse en la web y obtener un boarding pass como el mío. El plazo termina el 8 de septiembre.

¿Quién se anima?

El ladrón de cerebros arruinó a doña Envidia

Primera década del siglo XXI. Crisis económica, destrucción de empleo, caída del consumo. Mal momento para los negocios. Doña Envidia, trabajadora incesable dónde las haya, se encontraba en el paro. Ya nadie contrataba sus servicios. Ya nadie tenía un coche nuevo ni ascendía vertiginosamente en el trabajo. No se hacían grandes viajes ni se estrenaban superproducciones. Ella repartió anuncios del tipo “Se difunden rumores, se arruinan reputaciones. Boca a boca, prensa y redes sociales.” pero no dieron resultado. Ya nadie tenía nada que envidiar a nadie. Doña Envidia, ella que llevaba toda la vida jactándose de que sus servicios se contrataban en todos los lugares, situaciones y estatus económicos, ELLA, estaba desempleada.

Cuando ya estaba aburrida, amargada y arruinada y comenzaba a deprimirse, de repente, ocurrió.

El divulgador Pere Estupinyà publicó su libro “El ladrón de cerebros”. El teléfono cobró vida de nuevo.

– Soy divulgador y me gustaría restar un poco de protagonismo a este libro. ¡Está acaparando la atención de todo el mundo! Así yo no puedo publicar mi nueva obra.

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Pídele a las Perseidas

– ¿Sabes papá? De mayor quiero ser astrofísica – le dijo un día Ana a su padre cuando volvían de una caminata por el campo. El verano estaba a punto de empezar y, a pesar de haber caído ya la noche, hacía una temperatura ideal para pasear en camiseta. Había sido un día despejado y el cielo mostraba todas sus estrellas, como si de un catálogo se tratase.

– ¿Sí, hija, de verdad? No sabes la alegría que me das. Pídeselo a las Perseidas, pero sobre todo ve a la universidad y estudia todo lo que puedas.

Ana tenía 12 años. Ya se adivinaba su carácter decidido y su afición a querer saber el por qué de las cosas que le rodeaban. Solía hacer preguntas del tipo: ¿por qué al meter la leche en el microondas sale caliente? o ¿qué tiene la tinta del boli que no se borra con una goma de borrar como el lápiz? Su padre a veces tenía que estudiar para satisfacer la curiosidad de la niña.

– ¿Quién son las Perseidas, papi?

Una mueca de risa contenida apareció en la cara de su padre. Cambió el gesto enseguida, no quería que la niña se sintiera ridícula por no saberlo.

– Las Perseidas es una lluvia de estrellas que ocurre todos los años en agosto. Mira, esa podría ser tu primera investigación como astrofísica: saber qué son las Perseidas.

Al día siguiente Ana cogió su tablet y leyó todo lo que encontró sobre la lluvia de estrellas que le habia dicho su padre. (más…)