COTO EN VALLADOLID

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COTO EN VALLADOLID

Con el recuerdo y la gratitud a Miguel Delibes en
la mañana en que me anuncian que ha muerto.

Le dije que quería hablar con él y me citó a las cinco de la tarde en su casa de Valladolid, Paseo de Zorrilla número siete. Iba pensando que, a lo mejor, un día de éstos, cuando el aire esté más fresco y libre, Miguel Delibes va y se sienta y comienza a escribir un libro sobre periodismo, que también es lo suyo. Uno mira hacia atrás, hacia los recuerdos que ni son ya frescos ni están aún dormidos. Seríamos muchos los que le agradeceríamos eso. Y calculamos que no se trataría necesariamente de un ensayo, sino más bien de lo que a Delibes le es más propio: una novela. Donde habría personajes de bulto, con santo y seña, con pies de plomo, atados a esta tierra y a esta circunstancia. Donde se reflejaría el buen humor del escritor. Un buen humor que estaría hecho a partes iguales de cincuenta céntimos de amor y fe otros cincuenta de ironía.
-Se es novelista como se es pintor o se es escultor: por vocación. Siempre he defendido que el artista es uno solo, aunque sean distintas las vertientes por las que vuelque su arte. Ahí esta el caso d e García Lorca que completaba su mundo poético con sus dibujos. O el caso de Rafael Alberti, que hace lo mismo. O, en el otro extremo, Solana; era pintor, pero, como para completar sus cuadros y para realizarse totalmente, echaba mano de la pluma. Yo soy novelista, pero pude haber sido pintor o dibujante o ilustrador porque para eso sentí en el arte la primera llamada.

Que no prosperó. Uno o sabe si para bien o para mal porque no se puede ser profeta cuando se tropieza con un ingenio y una libertad tan hermosos y libres como los que se dan en Miguel Delibes. Es un novelista y está bien que lo sea porque ha creado un universo propio, porque deja tras de sí una obra coherente y preocupada. A su padre no le hizo demasiada gracia que su hijo “perdiera el tiempo haciendo borratajos, pintando caricaturas de profesores. Que se celebraban mucho, pero que no se podían tomar en serio por el momento”. Le digo a Delibes que, sin embargo, no es esto lo que dice la guía telefónica de Valladolid. Uno coge la guía y se encuentra con que a Miguel Delibes se lo empadrona como Catedrático que vie en el Paseo de Zorrilla número 7.

-Bueno: yo estoy orgulloso de haber logrado una cátedra de Derecho Mercantil. El tribunal en que gané la oposición estaba presidido por don Joaquín Garrigues, que era autor de un texto que yo me sabía de memoria y al que le estoy muy agradecido porque me enseñó a escribir: era un libro que valoraba las palabras, que buscaba el sentido exacto de un adjetivo y que usaba la metáfora con mucha mesura, pero con una gran dignidad y una forma expresiva.

Divertir es una de las palabras claves de Miguel Delibes usa con mayor frecuencia de la que acaso él mismo ha sospechado. Y a uno le encanta su modo de pronunciarla. Porque es como si la paladeara, como si llegara a una confesión personal e íntima de lo importante que es para él eso de que le diviertan las cosas: el libro que escribe, los hijos que tiene, el campo que pasea o las largas horas en que pone a prueba su paciencia de pescador a la orilla del río. Nunca se ha fijado a sí mismo meta alguna o techo que tocar. Ni cuando concursó al Nadal y lo ganó, ni cuando ahora ha aceptado que su nombre haya sido propuesto a la Real Academia de la Lengua para ser también el “último de los elegidos”, que ya es ironía.

-Yo concursé al Nadal porque un premio era la única forma posible de que un novelista español se diera a conocer. Eran los años en que en España sólo se editaba a Lajos Zilhaji, a las hermanas Bronte y a la autora de “Lo que el viento se llevó” Novelistas españoles, sólo tres o cuatro. El premio resultaba así una especie de oposición similar a la que ya había hecho para la cátedra. “La sombra del ciprés es alargada” fue la obra con la que oposité. Y, ante mi sorpresa –sorpresa que no acaba de aparecer año tras año- me lo dieron.

El ciprés” fue la primea chapuzada de Delibes en el mundo de la novela.

-Y, como si me hubieran lanzado al agua, no me ha quedado más remedio que nadar. Hasta llegar a la Academia, cosa en la que nunca soñé. Lo que ocurre es que hace unos meses unos cuantos, académicos me sugirieron la idea de presentarme. Me tomé unos días de reflexión, lo consulté con mis amigos, con mi mujer y dije que era para mí un honor. Me dieron su confianza y aquí me tienen.

-¿Con muchas frustraciones?

-Todo novelista –todo creador- me parece a mí que vive en un estado de constante frustración. Puedo decir que cuando me preguntan cuál es la novela mía que considero más lograda, respondo que ninguna. Porque en ninguna novela he logrado decir todo aquello que pensaba o que quería haber dicho. Hay algunas novelas que se identifican más con mi manera de pensar, pero la sensación mía es siempre la de insatisfacción radical.

-Con muchos miedos, naturalmente.

-Con muchos miedos. Son tantos, que necesité escribir un libro para decírmelos a mí mismo. En “La parábola de los náufragos” tienes la explicación de mis miedos y de las esperanzas que siento moverse en torno a mí. Amenazas que críen cada día porque ven que el progreso del hombre lleva una dirección equivocada. Nos estamos devorando vivos; nos estamos comiendo el planeta. Los gobiernos autocráticos, también. El miedo a la conflagración mundial, lo mismo.

Me doy cuenta de que Miguel Delibes no quiere asustarse ni ponerse tétrico ante mí. No tendría objeto. Está hablando con el corazón en la mano. Y el cigarrillo de “Ideales”, que ha liado hace un momento, se le ha quedado frío entre los dedos. Me digo si no se le han muerto con él las pocas esperanzas que le caben en el alma.

-No lo sé: no los veo florecer con demasiada fuerza. Confío en que llegue un día en que el hombre se convenza a sí mismo de que es un ente solidario y de que no ha nacido para aplastar a otro hombre o para decidir su destino.

-¿Qué pasa en su vida con la alegría y con el dolor?

-Pues pasa que cada hora tiene su afán y que, entonces, es difícil decir cuál ha sido mi alegría más intensa y mi dolor más lacerante. Las alegrías infantiles, por ejemplo, no pueden desdeñarse. Ni los pequeños dolores. Las cosas que nos hacen sufrir de chicos, tienen la misma intensidad que las cosas más graves y problemáticas que nos hacen sufrir de adultos. El matrimonio fue una gran alegría. Y el nacimiento de los hijos. Y el Nadal y la Cátedra… Pero, luego, este sentimiento de la insolidaridad humana y esta inclinación del hombre hacia las cosas más que hacia sus semejantes, es una obsesión que me persigue desde niño, como me persigue la obsesión de la muerte. Mis dolores y mis terrores de siempre no han hecho más que cohecho más que multiplicar las cabezas de esos monstruos que me cercan.

-“Mis dolores y mis temores de siempre” Los del protagonista de “El ciprés”, los del muchacherío de “El camino”, del niño de “Las ratas”. Delibes ha llevado muchas veces a sus libros su propio corazón desnudo. Y su propia casa. Y sus propios olfateos e instintos. Todo tiene vida en él. Le pregunto por ella, por la que sigue recordando aún desde aquellos lejanos años en que era un niño.

-Me parece que la casa de un hombre de cincuenta años ha cambiado mucho. No es la misma la que vivieron de niños que la que tienen hoy como padres-Y no hablo por la mía, en la que no existen conflictos de generaciones porque mis hijos son muy inteligentes y porque nosotros hemos sabido crear un mundo de aficiones y temas comunes. Mi casa de hace muchos años la recuerdo bajo la autoridad evidente del padre y bajo la sensación de una sumisión y un trabajo excesivo de la madre. Gran armonía entre los ochos hermanos.

Pero creo que esta organización patriarcal ha cambiado de signo. Siete hijos hay –o hubo- en casa de Miguel Delibes. Algunos han salido ya a su tarea personal en la vida. La más pequeña contesta aún al teléfono con una temerosa y dulce voz de pocos años.

-Personalmente no soy amigo del sermón o de la prédica a los chicos. Me parece un mal sistema. No lo comparto ni siquiera en lo referente a la educación sexual. La sensibilidad de los hijos no es la misma y no se les puede aplicar a todos el mismo baremo. El sermón, la regañina, o la apelación a los esfuerzos que hace el padre o la madre para sacarlos a flote, me parecen garambainas y una ilustre contraproducente perdida de tiempo. Lo que cuenta ante todo para los hijos es la honestidad en el trabajo y el ejemplo ante la vida. Hay que estar cerca de ellos sin que se den cuenta, pero que sepan que, en los momentos difíciles, pueden contar cojn nosotros.

Nunca ha pretendido ser “amigo” de sus hijos. Miguel Delibes lo es de verdad porque con ellos se ha ocupado siempre de las mismas cosas, porque ha reído con ellos sobre las mismas cosas, porque también se han dolido juntos cuando ha habido que condolerse. Ha logrado –“de manera insensiblemente y sin forzar la nota”- que los hijos se hicieran solidarios de las aficiones del padre.

-La pasión del campo, por ejemplo. Ha sido una pasión innata en mí que ha cuajado en mis hijos. Al elegir carrera, ha pensado en ella: los dos mayores son biólogos. El mayor está en el Coto de Doñana y mi hija Angeles trabaja en el laboratorio de la Escuela de Ingenieros Agrónomos en estudios sobre el trigo. El tercero se ha dedicado a la arqueología y se pasa muchas horas en el campo cavando y buscando cosas. Los ocios también los consumimos juntos. Pescar truchas o cazar perdices lo hago inevitablemente con algunos de mis hijos.

Da gusto oírle hablar. Se lo notaba honrado en sus palabras, verdadero en su tono, iluminado un poco por el cercano recuerdo. Pero este campo que Delibes patea o esta orilla de río en que se le duermen las horas, me parecen un poco el rincón de las evasiones.

Pude ser, sin duda. Y es que no me gusta el mundo en que vivimos. Le hemos dado al progreso un sentido erróneo y eso es grave. Ahondarla distancia entre hombre y hombre no es progreso, sino un regreso. La competencia por poseer más y mejores cosas puede conducir a la destrucción del mundo.

-Y que se puede hacer, entonces?

-Pues volver los ojos a lo estable, a lo permanente. Despertar el amor la naturaleza, sin prescindir de la técnica, pero reduciéndola a sus justos límites y reemprendiendo tareas –cocina, caminar con nuestros pies. Que están poco menos que anticuadas.

Delibes se un gran creyente, un hombre preocupado por el tema de la fe, de sus responsabilidades espirituales. “Dios es para mí una necesidad”, me dice.

-Admiro mi fe. Siento que es buena, que me sirve para vivir y convivir. La máxima de Cristo “amaos los unos a los otros” y el sentido profundamente humano del Evangelio me valdría siempre, aunque Cristo no fuera dios. No creo que se haya logrado una constitución de paz más armoniosa que la propuesta por el Evangelio. Y, por otro lado, me resisto a creer que un ser inteligente como es el hombre, con su ansia de inmortalidad, se reduzca a un puro fenómeno físico dentro de un tuvo de carne.

Angeles, su mujer, no estaba hoy, cuando hablaba con Delibes. Le recuerdo a Miguel uua dedicatoria: “A Angeles, mi equilibrio”. La escribió Delibes en tiempo de desconcierto.

“Un tiempo que soporté gracias a ella, a su ayuda y atenciones, a su energía y callada eficacia. Critica mis libros, me acompaña a mis viajes, me resuelve los problemas del idioma en el extranjero y me ha dado siete hijos sanos por dentro y por fuera. Sería injusto si un día le reprochara algo a la que ha sido y es mi compañera.

-Eso es el amor?

-Es eso.

-Y la convivencia?

-Es esa cosa que sabemos utilizar tan poco los españoles. El mal de nuestro país proviene de nuestra absoluta falta de sentido cívico. Hay que aprender a convivir, aprender a perder tanto en el juego como en la política, aprender a estar al lado de los otros.

Delibes cree que el día en que esto sea un hecho, habremos mejorado mucho el aire que nos rodea. Que será ese aire más fresco y más libre en el que, a lo mejor, una tarde, a la vuelta de la caza o de la pesca, él va y se sienta a escribir otra novela que será como todas las suyas: un trozo de verdad y de vida.*

A gallina por barba

No he podido menos de sonreírme cuando ha caído en mis manos la original noticia de lo que está haciendo en Zimbabwe una iniciativa cristiana que tiene mucho ingenio y una alta ejemplaridad. Resulta que unas monjas de España y otras monjas de Zimbabue se han puesto a sufragar los gastos inevitables que va a traer consigo la edición de una Biblia y de un Misal. El Misal para la misa. La Biblia para la misa también y para muchas más horas de oración y de estudio. Las monjas en España son Carmelitas Descalzas y viven y trabajan en Valencia. Las monjas de Zimbabue son monjas de una Congregación que tiene un bonito nombre: se llaman Misioneras Franciscanas de la Divina Maternidad. Nacieron en Zimbabue y en Zimbabue rinden una entrega a su alto espíritu misionero.

Fuere cual fuere el idioma en que estas ediciones vayan a salir a flote, la cosa sería admirable. Porque es de creer que las Carmelitas de Valencia no sean señoras a las que les ha tocado la Primitiva o el gordo de Navidad. Como casi todos los conventos de clausura, estas monjas serán de las que se mantienen con el trabajo de sus manos y de las que ahorran centimillo a centimillo cuando, de repente, se proponen llevar a cabo una obra relativamente costosa y fuera de turno. Aprendieron a trabajar y a ahorrar desde los lejanos días en que su Madre Santa Teresa andaba “si u blanca” y rascaba como podía las alforjas de sus pobrezas para ir alzando casas por los caminos de media España. Y las Hermanas de la Divina Maternidad de Zimbabue, nacidas en un erial de misión y trabajando contra el analfabetismo y el hambre y las enfermedades tampoco deben ser de las que se permiten el lujo de tirar cohetes al aire de la noche. Pus bien: a cabo de estas criaturas corren los gastos de esta edición en lengua nambya que debe ser un nudo de idioma,

Se va a hacer una edición de cinco mil ejemplares de Biblia y Misal. Se pondrá al servicio de los miembros de las comunidades cristianas de Zimbabue. Están integradas por unos ciento veinticinco mil ciudadanos. No todos son cristianos, naturalmente, que por eso se está en tierra de misión con anuncio fundamental del evangelio. Sólo un cinco por ciento conoce y adora a Jesucristo. Y a este porcentaje de creyentes irá fundamentalmente el fruto culto y piadoso de este trabajo y de esta generosidad de las monjas valencianas y cimbabuenses. La traducción a la lengua nambya de estas dos obras fundamentales ha sido realizada por un misionero español que lleva en Zimbabue la friolera de cincuenta y siete años: el Padre Alexandre Alapont.
Toda una vida.

Eso sí: han entendido en la misión que sería bueno que cada creyente zimbabués pusiera algo de sí en la adquisición de misal y Biblia. No, nada de dinero, que es posible que no haya mucho en ninguno de los bohíos. Una gallina. Eso es: una gallina por barba y libro.Una gallina del corralillo de la vivienda.Que será como una tierna compensación a todo el trabajo de editores y traductor y de madrinas de la cosa. ¿A que es bonito? *
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Anota en tu libro

“Anota en tu libro
mi vida errante”.

Te sucede a veces que vas manejando la Biblia –que es el Libro- y te tropiezas de repente con un texto que te ilumina el camino. O una palabra, eso es: Ja Palabra. A veces basta tan sólo ella. Que me digo yo que es como cuando estás escuchando un concierto. Lo conoces ya. Lo has escuchado cien veces. Doscientas veces. Pero he aquí que esa mañana –o esa tarde silenciosa- la Palabra te suena distinto. La Palabra del Libro te provoca una sensación de que alguien te está convocando a una profundidad personal. Esa profundidad a la que habitualmente no suele convocarse a sí mismo, que sería lo más preciso e inevitable en una psicología tan rica en trasversal como es la que Dios le ha dado al hombre.

Y bueno: vamos a lo que me ha ocurrido ahora. Ahora me he acercado a la declaración de la Palabra acerca de un Libro o Diario que Dios tiene para ir apuntando una a una las circunstancias del hombre en el camino de la vida. Son muchas las veces en que la Biblia nos habla de esta agenda de Dios. Se nos dice, por ejemplo, que nadie podría resistir la acusación que de nosotros puede figurar en el Libro de Dios. Son muchas las veces en que el alma del hombre le ruega temblorosamente al Señor que no lleve cuenta de los delitos cometidos. Y a todos se nos ha certificado esto alguna vez desde las palabras de la Biblia.

Desgraciadamente, casi siempre que hacemos alusión a ese libro de las cuentas de de Dios o de cuando Dios se pone a escribir derecho con renglones torcidos, lo que nos preocupa es precisamente eso: que no acabamos de tenerle confianza. Que no parece que nuestras obras rectas y nuestras inocencias más conspicuas tengan entrada en esa cuenta perfecta que lleva un Dios confiscador. Y ahí calculo yo que estalla nuestro gran error, al margen de que, efectivamente, Dios no necesita llevar cuenta de nada porque todo le queda precisamente presente. Le funciona para todo el disco duito.

Pero lo que esta mañana le he pedido a Dios –con el Salmo 55 en la mano- es que Dios, en su famoso libro, tenga a bien anotar “mi vida errante”. Me he preguntado silenciosamente por esa errante condición de mi existencia, bastante larga ya. Y me he encontrado con que es cierto: la vida de uno ha ido de la ceca a la meca, del llanto al gozo, de la esperanza a la desesperación, del dolor a la alegría desmedida. Me ha pesado el cuerpo, se me ha ajado a ratos el espíritu, ha salido a flote el ansia por la verdad y la belleza, me he perturbado ante el espectáculo del mal y de la miseria. Todo ha ido a bandazos, digo yo. Y es bueno que el Señor tenga en cuenta esta condición habitual del hombre de nuestro tiempo, cada día más esclavizado por el acoso exterior, tan enemigo de la interioridad. De manera, Señor, que anotada queda mi condición errática. Para que la tengas en cuenta. Tan en cuenta como el Libro te la pide y como el profeta del Salmo interpretaba.*

No se acordaba de los nombres

lolo-253x190 A todo el pueblo de Dios, pero especialmente a los periodistas, nos han anunciado desde Roma la buena nueva de que el día 12 de junio se va a proceder a la beatificación de Manuel Lozano Garrido. Alias, entrañable Lolo. Flor de periodistas, profetilla de Dios, transmisor emocionante de la mejor noticia:que el cristiano más lúcido es esa criatura que siempre acaba por encontrar en el alma de todas las cosas la sombra misma del Dios que se ha encarnado en ellas. Lolo lo descubrió como quien descubre el ocèano en que está metido casi hasta los ojos. Y se entregó a esta sensación con lo mejor de un espíritu que siempre estuvo abierto a la verdad y a la belleza. (más…)

Nacido por milagro

Juan_de_Palafox_y_Mendoza El amigo que tengo en las instancias vaticanas de Roma -las de las causas de canonización de los siervos de Dios- acaba de comunicar que ya está a punto de brasa la causa de beatificación del venerable varón Juan de Palafox y Mendoza. Le he prometido a mi amigo que daré a conocer cuanto pueda a este santo navarro al que el paso inevitable del tiempo y de la frágil memoria ha ido almacenando en el galpón de la historia de la santidad oficialRe: Rv: Fotos de Atia y Marina. Mi amigo ha sido el perseverante promotor de la causa del hombre de Iglesia que fue obispo de La Puebla de los Angeles en Mejico y de Burgo de Osma en la recoleta villa soriana. “Qui la dura, la vince”, suele decirse en la Roma en que trabaja mi amigo desde hace bastantes años. Y el hombre tenaz, con Palafox a la espalda, ha logrado coronar la primera etapa de ese largo proceso que ha durado siglos. (más…)

Si hubieran sido menos

irpf-normal-301xXx80 Si hubieran sido menos, aunque fueran tan sólo un poquito menos que las del año pasado, a estas horas los más listos de la escuela ya habrían echado al aire sus volatines para acusar el descenso seguro que estaría sufriendo -dirían- la fe de los cristianos. Cada día menos, que bien claro está en lo que se ha recogido con la declaración de la renta. Y es que, para muchos de nuestros especialistas en laicismo, cada cifra menos grata es la evidencia de que eso de la fe es un cuento y de que la gente no es tonta y de que a la Iglesia se le ha visto ya muchas veces el juego a que juega: al poder, al dinero y a vivir sin trabajar. Vivir “como un cura” (más…)

El asombro de ser cura

martin Ahora que estamos viviendo eso que la Iglesia ha llamado “el año sacerdotal”, me digo yo que no sería malo que los curas echaran mano de alguna literatura que sobre ellos se ha ido almacenando año tras año y que, ahora más que nunca, multiplica libros de curas en los anaqueles de las bibliotecas. De uno de estos libros de curas y para curas es de lo que me gustaría decir ahora cuatro palabras. Porque es un libro de fácil mordisco, porque está muy bien escrito y porque nos lleva de la mano a uno de los más surtidos abrevaderos que sobre curas se ha abrevado en los últimos años. Está escrito por un cura que hace ahora veces de profesor en la Facultad Teològica del Norte de España y trata del asombro que el hecho de ser cura le producía a un cura tan inteligente y comunicativo y poeta como fue mi amigo del alma Josè Luis Martín Descalzo. (más…)

Diálogo de Carmelitas

obituario2 Cada mañana, hacia las nueve, mientras le pego un repaso al modesto desayuno de la casa, suelo echar una primera mirada a “El ruido de la calle” que acusa cada día ese explorador de la sociedad española que se llama Raul del Pozo. El tio escribe bien. Muy bien. Y es un heredero muy digno del maestro Umbral, don Francisco. Un poco canalla a veces el buen Raul, pero casi siempre de maneras y visión acertadas. Por eso le sorprende a uno que, de vez en cuando, pegue el tio unos patinazos que me da la impresión de que se originan en la prisa con que el periodista está obligado a redactar la columna post-portada del periòdico. Le basta a cada día su trabajo -decía el Kempis copiando a la Biblia- y está visto que a Raul nadie le alivia la tarea de cada día. (más…)

Un Nobel verdadero

fundacion_nobel2 Hace unos meses, cuando se publicó la noticia de que al señor Obama se le había concedido el premio Nobel de la Paz, me atreví a colgar aquí mi modesto desacuerdo con la decisión adoptada por el ilustre senado noruego que le concedió al nuevo presidente de USA ese galardón. Me parecía que era un premio a las intenciones y no a la tarea realizada, que no había tenido aún tiempo suficiente. Enfadar, no me enfadé demasiado. Tampoco había razón para agarrar una bronca. Pero a alguien le pareciò que aquella discreta protesta -que ni a eso llegaba- era absolutamente improcedente. Más aún: era “un asco”. Que eso fue lo que se me dijo. (más…)

Invictus

SPL86748_010 “Como una especie de Jesucristo”. Nelson Mandela es algo así. Lo ha dichio Clint Eastwood después de haber puesto en pantalla la película número treinta y dos de su larga e interminable carrera como director. Posiblemente no fue al mismo Eastwood a quien se le ocurrió en primera instancia hacer esta película sobre el integérrimo líder sudafricano como protagonista y héroe admirable. Posiblemente fue al estupendo actor Morgan Freeman a quien se le ocurrió la idea porque sabía muchas cosas acerca del extraordinario personaje que había saltado de la resistencia en la cárcel a la presidencia de la nueva repùblica de Sudáfrica. Le entusiasmaba a Freeman la idea de convertirse él mismo en la imagen viva de Mandela. Y se fue con el cuento y el ruego a su amigo Clint Eastwood: que vale la pena hacer esa película. (más…)