¿Cristo, sí; Iglesia, no?

iglesiabarcaAlgunos cristianos decepcionados de la Iglesia, con más o menos razón, se plantean el prescindir de ella y quedarse sólo con Jesucristo. Especialmente los jóvenes son quienes dicen que creen en Jesucristo, pero no en la Iglesia: ”Yo creo en Jesucristo, pero no en la Iglesia”. De ahí viene esa, cada vez más repetida, afirmación de: ”Cristo, sí. Iglesia, no”.

En el caso de los jóvenes, algunas veces, esta reacción viene provocada por una desvinculación voluntaria y, otras, porque se sienten marginados en una Iglesia que no los entiende y no hace nada por comprenderlos.

Habría que cambiar los términos de esa afirmación, y decir:”Cristo, sobre todo; pero también la Iglesia”. Otra cosa es que la iglesia tenga que ser reformada en muchas cosas, y tenga que mostrar al mundo, una cara distinta. Y el mundo de los jóvenes es posiblemente  el que más lo demanda.

Necesitamos otro estilo de Iglesia, o una Iglesia con otro estilo. Eso es verdad, y una verdad acuciante. Pero necesitamos la Iglesia, que aunque, más o menos imperfectamente, nos siga dando a Jesucristo. En ella hemos sido bautizados; en ella hemos conocido a Jesucristo y su evangelio; en ella recibimos el Cuerpo y Sangre de Cristo; en ella vivimos los Sacramentos que nos santifican; en ella hemos descubierto la fe…

El director de la revista Vida Nueva, en el breve comentario que suele hacer cada semana, trae en el último número unas afirmaciones valientes y muy acertadas. Habla de la necesidad de que la Iglesia sea reformada en muchos aspectos, y escribe, también, sobre “el miedo a las reformas eclesiales”. No hay que asustarse, ni llevarse las manos a la cabeza, cuando desde diversas instancias y distintas voces se pide o se insinúa la necesidad de esa reforma.

La Iglesia, como todas las instituciones, necesita constantemente una revisión y una puesta al día. Es ejemplarizante constatar cómo los apóstoles y los primeros cristianos, fueron capaces de ir cambiando tantas cosas, precisamente por ser fieles al mensaje de Jesús.

Hoy día puede haber tantas cosas y actitudes acumuladas en la Iglesia, que desfiguran y ocultan al verdadero Cristo. Se impone hacer limpieza y reforma. Ya se ha dicho muchas veces que la Iglesia no es lo importante (aunque necesaria); el importante es el Señor Jesucristo; y si la iglesia no lo trasparenta, está haciendo un flaco servicio al Reino de Dios.

Que la Iglesia pierde privilegios mundanos… que los pierda; que la Iglesia tiene que ser y parecer más pobre, más humilde, …que lo sea; que la Iglesia tiene que abandonar ciertas costumbres o tradiciones inveteradas, pero ya obsoletas… que las abandone. Lo verdaderamente importante es que busque “el reino de Dios y su justicia”, que “lo demás se le dará por añadidura”.

Pero no hay reforma, si no hay conversión del corazón en los que la formamos, y en sus “dirigentes”.

                                                                                                                Félix González

3 Responses to “¿Cristo, sí; Iglesia, no?”

  1. Efesios 1, 22-23
    “Y todo lo puso (Dios) bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza (a Jesucristo), sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.”
    No podemos inventarnos nada nuevo, pero sí debemos desentrañar el sentido más profundo de las palabras.
    Este texto comienza en Efesios 1, 17 invocando al Dios de nuestro Señor Jesucristo, para que nos de espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, ilumine los ojos de nuestro corazón…. con lo que pienso, que es una cuestión nuestra, de no saber verlo más claro, el poner a la Iglesia detrás de Jesucristo. Prioritariamente, nos atañe reconocer la Iglesia de Cristo en donde está. La Iglesia siempre es, aunque no alcance todavía a participar plenamente en la exaltación de su Cabeza.
    La posibilidad de plenitud está cifrada en el último versículo: “plenitud que lo acaba todo en todos”; y en 1 Cor 12. 6: “y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.”
    En ambas frases aparece el insondable “todo en todos”. Con que, no podemos ser más perfectos unos que otros, ni la realización puede ser parcial. Una alta comunión rebosa sobre todos y replica, en todos y cada uno, nuestros rasgos de santidad. Somos los jornaleros de la última hora, o del último instante. Todos cobraremos el denario, porque Dios es perfecto y así lo quiere. Y el que trabajó desde el alba, proclamará gozoso que Dios es padre de todos, de los que Le intuyeron pronto, tarde o nunca.
    Así, estamos inseparablemente salvados, estamos inseparablemente en el proceso de salvación, la salvación es plena porque es para todos. La Iglesia de Cristo es obra del Espíritu, y sin él, que obra todo en todos, aunque fuésemos un grandísimo hatajo de santos, nunca alcanzaríamos la plenitud a la que hemos sido llamados.

  2. Susana: es muy hermosa y muy sabia tu reflexión. Pero desgraciadamente, no todos captan ese sentido de iglesia. Y además no se dan cuenta de que imperfecciones y fallos tiene que tener necesriamente, porue somos imperfectos los que la formamos. Aunque,como ya hemos comentado alguna otra vez, es santa por lo que le toca de pertenecer y ser querida por Cristo, y animada po el -Espiritu Santo.Las cartas de Efesios y Corintios son bien explícitas y claras.

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