Como las vías del tren

via_de_trenYo soy un enamorado del orden; pero siempre que ese orden no se convierta en intransigencia, y no se considere como algo trascendental, rígido e intolerante. Creo que podríamos definirlo como “cada cosa en su sitio, y un sitio para cada cosa”.

No me refiero tanto al orden en las cosas materiales (que también), sino, de manera especial, al orden en la convivencia, en el trabajo, en el respeto a las normas y costumbres, a lo pactado, e, incluso, a lo impuesto racionalmente.

A pesar de todo ese aprecio por el orden impuesto, quiero ser muy libre (no siempre fácil por el entorno) en aquello que no entra en las coordenadas de mi conciencia, del bien común, o de cada una de las personas individualmente consideradas. Toda regla puede y debe tener sus excepciones. Hay un axioma que dice:”la excepción confirma la regla”. Si hay una excepción es que hay una norma general, pero no absoluta.

La norma (la ley, los preceptos) es buena porque ayuda a la convivencia y evita el desorden y la anarquía. Pero cuando esa norma choca con los derechos de las personas, deja de servir; cuando choca con la comprensión, la misericordia… deja de ser válida; cuando deja de estar a favor de la verdad o deja de ser beneficiosa, deja de ser útil, y se convierte en injusta o desacertada.

Y en cualquiera de esos casos, la norma puede y debe ser transgredida. Ser trasgresor no es sinónimo de perverso o equivocado. Es más bien, expresión de buen juicio, de fidelidad, y de orden.

Toda ley o norma establecida debe ayudar a caminar por el sendero acertado; en busca del equilibrio en la convivencia…, en definitiva, a favor del hombre. Que esté de acuerdo con una ideología, de una religión, de una buena organización, no es garantía de ser justa, conveniente o acertada.

Incluso una ley puede haber sido acertada en un momento, una época, una situación, y puede dejar de serlo hoy, cuando las circunstancias cambian. Las leyes no siempre deben ser eternas, la dignidad y los derechos de las personas, sí.

Hubo “alguien”, cuya coherencia le llevó a transgredir las leyes. Fue Jesús de Nazaret. Y no se dejó llevar nunca por protagonismos egocéntricos, ni por esnobismos circunstanciales, ni por provecho propio. Solamente le llevó la fidelidad a Dios Padre y el amor al hombre. Por eso leemos en el evangelio  aquellas palabras suyas:”No está hecho el hombre para el sábado (para la ley), sino el sábado para el hombre”. Sus curaciones en sábado (prohibidas por las leyes de su tiempo y de su pueblo) le proporcionaron muchas críticas y persecución.

En otras ocasiones, al actuar de forma contraria a la ley establecida, decía:”se os ha dicho… pero yo os digo”. Siempre era a favor del hombre (el enfermo, la prostituta, el pecador…) La misericordia (reflejo de un Dios Padre) estaba siempre presente en sus actuaciones trasgresoras.

La ley, cuando es buena debe ser como las vías del tren; no son obstáculos que obliguen a ese tren marchar solamente por ese camino trazado. Son más bien ayudas para que el tren pueda caminar. Si no hubiese raíles no podría circular el convoy. Siguiendo el símil, las leyes y normas deben ser las que facilitan el bienestar a favor de la comunidad humana y la convivencia. Pero hasta ahí, y sólo hasta ahí.

Y cuando hago estas reflexiones, pienso también y especialmente, en muchas de las normas de la Iglesia.  Algunas históricamente trasnochadas y sin razón de ser en el día de hoy. Otras excesivamente rígidas, que encorsetan, en vez de liberar; y no pocas que no responden a lo que las personas necesitan para convivir fraternalmente y para acercarse más a Dios. Y en ese caso, la trasgresión es lícita y obligada.

Voy a contar brevemente (si me es posible) un caso muy reciente. Voy todas las semanas a un centro o residencia de personas mayores, a los que llevo la comunión. Son alrededor de treinta los que acuden a recibirla. Todos son personas que han vivido su fe y celebraban la Eucaristía antes de ingresar en esa residencia. En dicho centro no hay ninguna asistencia religiosa. Únicamente la visita semanal mía y de una religiosa; ambos voluntariamente, sin ningún contrato o facilidad por parte del Centro ( aunque sin oposición por parte del personal).Casi todos los residentes están muy deteriorados por los años y la enfermedad. El último día les propuse celebrar el sacramento del perdón. No era posible hacerlo individualmente. Casi todos los residentes están muy deteriorados por los años y la enfermedad. Unos no pueden a penas hablar, a otros les supone un gran esfuerzo mantener una conversación, etc; por lo que no podía hacerlo individualmente. Mi decisión fue dar la absolución general, después de prepararlos y explicarles de lo que se trataba. Todos estaban contentos, porque deseaban reconciliarse. Y lo hice, sabiendo que contravenía la norma eclesiástica. El Concilio aprobó tres formas de celebrar el sacramento del perdón. Pero los obispos se reservaron el permiso para la tercera fórmula, que es la de la absolución general.

Pensé en qué es lo que haría Jesús en tal caso. Jesús perdonó al paralítico (que ni siquiera se lo pidió); perdonó a la magdalena (a pesar de producir el escándalo entre los fariseos y doctores)… perdonó siempre sin tantos requisitos, porque Dios es fundamentalmente misericordia y perdón, porque es amor.

Lo comenté poco después con un sacerdote, muchísimo más joven que yo. No pudo comprender mi actuación, porque había que haber pedido permiso al Obispo, retrasando el sacramento. Me pregunto: ¿Lo hubiera retrasado Jesús? ¿Les diría Jesús al paralítico o a la pecadora, que volvieran otro día porque era sábado o porque los fariseos se iban a escandalizar? Probablemente ese joven sacerdote era mejor que yo, pero no era capaz de transgredir una norma, que en ese caso a mí me pareció lo más acertado, en conciencia.

                                                                                                                Félix González

7 Responses to “Como las vías del tren”

  1. Querido Félix, tú has creado este espacio y además lo alimentas con vida.
    Ya sé que no albergas la menor duda sobre tu actuación, entonces:
    ¡Cómo retrasar el momento del perdón! ¡La verdadera “cápsula de rescate” (como la de los mineros de Chile) que existe entre “cada-uno-de-nosotros” y el “Todos”!
    “Bajaste, y los montes se derritieron en tu presencia.” (Is 63 19b) No hay profundidad ni oscuridad en el hombre que no haya sido alcanzada por Dios. Ahora, lo urgente, es emerger a su Superficie.

  2. Pienso que el joven sacerdote no era mejor ni peor; simplemente intentaba ser coherente con una educación recibida, rígida y quizá más atenta al cumplimiento de las normas que a la misericordia. Y que tiene poca experiencia pastoral.
    ¡Enhorabuena por esa conciencia ordenada y transgresora!

  3. Muy acertado, Susana, el simil con algo tan actual como el rescate de los mineros chilenos.Estamos en sintonía. Gracias.

  4. Es bueno, Ruth, ser coherente. Pero no siempre la coherencia es garantía de acierto. De todas formas, hay que ser respetuoso con una postura coherente, aunque no podamos compartirla. Me alegro de que coincidamos en criterios; y compartirlo ayuda. Me alegran y gustan tus comentarios, breves pero atinados. Saludos

  5. Hola Feliz .Estoy de acuerdo con tu forma de ver la vida ,y como la llevas asta los Evangelios es algo que solo des de Dios se entiende . El perdon aciertas edades es como el mana que Dios les dio solo el que necesitavan . Que el te siga dando fuerzas para infiringir las leyes .

  6. Querida Manuela: muchas gracias por escribir y por animarme. Tú siempre tienes la palabra oportuna. Muhas gracias. ¿Cómo sigue tu espalda? Cuídate.

  7. Gracias Feliz : por preocuparte de mi esparda pero esto tiene poca soluciön estoy muy limitada y abeces con mucho dolor , poro apesar de todo doy gracias por poder caminar .

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