La política, sí; política, no

Hay quien dice que ni sabe, ni quiere saber nada de política. Los que así hablan están en su derecho (o en su torcido). Pero no deja de ser un sentimiento o convencimiento poco elogiable, y poco coherente. A todo ciudadano le debe importar lo que pasa en la sociedad, a la que pertenece. La palabra política viene de otra palabra griega: “polis”, que significa la plaza pública. Y todo lo que ocurre en ella, es decir en la sociedad, nos afecta, queramos o no. Por eso no podemos desinteresarnos. Las normas, las leyes, que nos damos, o nos dan, para la convivencia, condicionan nuestra vida para bien o para mal. Y eso no puede resultar indiferente o baladí. La Política es el arte de regir los destinos de un pueblo”. En este caso se entiende por política el conjunto de reglas prácticas útiles para poder dirigir acertadamente el desenvolvimiento de una colectividad.

No puede darnos igual que se promulguen unas leyes justas que unas injustas; no nos puede dar igual que se respete la vida de las personas, o no; no es indiferente que las libertades individuales y colectivas sean permitidas, o no; no nos sirve igual que se organice la convivencia desde unos aspectos morales, o  no. No tiene las mismas consecuencias el que los dirigentes sean honrados o corruptos; no puede igualarse el sentido democrático de una sociedad, que el despotismo de unos pocos. Y así podríamos seguir poniendo ejemplos de cómo organizar la vida política en la sociedad a la que pertenecemos y en la que vivimos.

La política no puede menos de importarnos mucho, porque de su ejercicio acertado o desacertado depende el estado del bienestar de los ciudadanos.  Y algo tan importante no se puede dejar en manos de los demás, sin tomar parte directa o indirectamente. Siempre hay mecanismos para intervenir. Un ejemplo bien reciente es el de las últimas elecciones. No es indiferente votar a unos que a otros, o abstenerse de votar, o votar en blanco. Es verdad que ningún partido realiza el ideal de la democracia, ni del bienestar, ni de la honradez. Por eso, cada uno debe votar en conciencia. Y aunque no estemos de acuerdo con todo el programa de un partido, al menos debemos inclinarnos por aquel que creemos que va a incidir mejor en la vida de todos los ciudadanos. Si no podemos adherirnos al programa mejor, habrá que hacerlo al menos malo.

Pero hablo de la política en el sentido arriba expresado. No hablo de los partidos políticos, a los cuales no es obligatorio, ni siempre necesario, adherirse. No es lo mismo la Política en general, que la política de partidos. Uno puede no estar de acuerdo con ningún partido, pero tiene que interesarle siempre la “política”.

                                                                                                      Félix González

 

 

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