Por culpa de una cigüeña

Dice el refrán: “por San Blas, la cigüeña verás, y si no la vieres, año de nieves”. Pero estoy escribiendo el 17 de diciembre; y San Blas es el 3 de febrero. Yo he visto, desde mi ventana, cruzar  el cielo azul de esta tierra marinera, una cigüeña. Se supone que lo de la nieve será para el día del santo. No obstante, independientemente de nieves o no, me ha hecho ilusión verla, tan aerodinámica, sola por el infinito azul del firmamento. Porque hoy, cosa extraña, no había gaviotas.

Volar, volar, sin piedras ni charcos en  el camino, sin flores, que te distraigan, en los linderos. Sólo el espacio abierto deslumbrante de sol y de malva; sólo el blanquinegro de su cuerpo y de sus alas; como un espejismo, como un sueño dulce y sereno en la mañana otoñal.

Volar, volar, como vuela el pensamiento, como vuela ahora mi loca imaginación por los espacios infinitos de la irrealidad, pero a partir de la realidad que mis ojos admiran.

Uno de los deseos del hombre de todos los tiempos, ha sido poder volar. ¡Vano intento! Solo se vuela en los sueños. También se sueña despierto en alas de la imaginación. Pero como “los sueños, sueños son, no podemos levantar el vuelo por el espacio infinito del firmamento. La naturaleza ha querido reservar este privilegio a las aves, que batiendo sus gráciles alas, rompen el sortilegio de lo imposible.  El hombre todopoderoso, no ha sido capaz de robarles el fuego, como hiciera el Prometeo griego, en el Olimpo. Y es que en la mitología, todo es posible; sus héroes eran dioses, que actuaban al modo humano.

Pero volviendo a la cigüeña que me vislumbró con su majestuoso vuelo, camino (supongo) de su nido de leña, con o sin polluelos, debo confesar que me distrajo durante un largo rato, e hizo volar, (esta vez, sí), mi imaginación , por los espacios infinitos de la irrealidad. ¡Y qué placer sentirme con alas, fuera del fango, del asfalto, de las edificaciones, del neón de los escaparates, del bullicioso caminar de los humanos! ¡Y qué placer sentirme más cerca del sol y las estrellas!

Pero la cruda realidad del trabajo que me esperaba, me hizo descender de las alturas, a la realidad de mi ordenador y de mis letras, en la fría habitación por donde entraba un rayito de sol, tenue e huidizo. Despertar es, a veces, duro y cruel; pero te coloca en la realidad de la vida cotidiana, de donde, tal vez, no debí salir.

Hay personas que no saben soñar, y convierten la vida en algo trivial, monótono y sin color. Las verdaderas aventuras, lo imposible, solo se logran en los sueños. Y hay otras gentes que viven siempre soñando, ausentes de la realidad; y su despertar suele ser traumático y descorazonador.

Lo ideal, a mi entender, es saber soñar de vez en cuando, y saber despertar a tiempo. Los sueños, bien administrados, pueden formar parte de una vida feliz.

                                                                                                    Félix González

 

 

One Response to “Por culpa de una cigüeña”

  1. ¡Qué bonito, Félix, qué bonito!
    .
    Yo pienso que sueño de menos, porque hay mucha realidad escondida que no acierto a ver ni siquiera a soñar.
    ¿Quién podrá imaginar lo que nunca el ojo humano vio?
    ¿Para cuándo que lo ciegos ven y los cojos andan?
    ¿Cúan escondida estará mi vida en Dios, hasta que me muestre mi vida verdadera?
    Sueño, a veces, en dar la vida como el caso del sacerdote Maximilian Kolbe, que prefirió dar su vida a cambio de la de un prisionero condenado a morir; para que, mantener una actitud libre de reproches, me ponga más tarde en evidencia.
    Sueño con que me quede mucha vida para que se ‘hagan maravillas’ y, posiblemente, voy pisando las maravillas como quien pisa margaritas al no estar atenta.
    Sueño a ratos, pero querría soñar todo el día con que: el discurrir mi vida está lleno de sentido.

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