Domingo XXXII del T.O.

fano vida(No es Dios de muertos, sino de vivos)

El grupo de los “saduceos”, en tiempos de Jesús, no creían en la resurrección. Sin embargo le hacen una pregunta a Jesús, que tiene relación con la resurrección. Naturalmente, lo hacen para ponerlo en apuros y ver si le pueden atacar por lo que diga.

Pero Jesús, una vez más sale victorioso de la prueba. Mucha gente se preocupa demasiado por el cielo: ¿cómo será, cómo dejará de ser? Es inútil pretender saberlo. Algún día lo sabremos. Es la gran sorpresa que nos prepara nuestro Padre-Dios.

Lo que importa de verdad es lo que pertenece a este mundo, que es donde estamos por ahora, y donde nos ha puesto el Señor por ahora. Este es el presente, mientras que el cielo es el futuro. Cuidemos el presente.

Por otra parte, el tiempo es corto. Los que somos mayores, sobre todo, nos damos más cuenta de la rapidez con que se pasan los días, las semanas y los años. Y vale la pena aprovechar este corto tiempo que es la vida terrenal.

¿Cómo aprovecharlo? Tratando de poner en práctica aquello para lo que Dios nos creó. En el libro del Génesis, que es el primer libro de la Biblia, Dios les dice a los primeros hombres:”creced y multiplicaos”. Crecer, ¿en qué? ¿Sólo en estatura y sabiduría? No. Hay muchas cosas en las que crecer: en solidaridad humana, en buena convivencia, en honradez, en amor a Dios y al prójimo, en dignidad, en obras buenas, en misericordia, en perdón, … ¡en tantas cosas! Resumiendo: debemos ir creciendo, cada vez más, en un mejor cumplimiento de la voluntad de Dios, lo que Dios quiere y espera de  nosotros.

Y así como tenemos un metro para saber lo que crecemos, y tenemos una báscula para ver lo que engordamos o adelgazamos, o tenemos un termómetro para medir la temperatura, así, también, tenemos indicadores para comprobar si crecemos en el cumplimiento de esa voluntad de Dios. Y esos indicadores no son sino el evangelio de Jesús. Según vivamos más su estilo, o dejemos de vivirlo más o menos, eso nos indicará si estamos llevando a cabo en nuestra vida, el fin para el que fuimos creados.

Confrontar nuestra vida, nuestros criterios, nuestro modo de actuar, de sentir, de amar, de perdonar, de ayudar a los demás, con el evangelio, es una manera segura de saber si estamos en el buen camino, o nos desviamos. Cualquier otra medida nos puede resultar engañosa.

El ejemplo de los santos, también nos puede ayudar a crecer y a seguir el camino acertado. Pero en realidad, los santos tuvieron como espejo donde mirarse el mismo evangelio, al mismo Jesús.

Félix González

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