Domingo III del Tiempo Ordinario

iglesia-y-papa-francisco(Convertíos porque está cerca el Reino de Dios)

Nos cuenta el evangelio que Jesús comenzó su predicación, diciendo: “Convertíos, porque está cerca el Reino de Dios”. Toda la predicación de Jesús, a lo largo de sus tres años escasos que duró su vida pública, consistió en enseñarnos a vivir conforme el Padre-Dios  deseaba. Y en eso consistía el Reinado de Dios. Pero para ello, comienza invitando a la conversión: ¡Convertíos! Como hemos visto en los domingos anteriores, Juan había ido ya preparando el camino, con su bautismo de conversión.

Pero Jesús no quería estar solo en esa misión. Y entonces comienza a buscarse compañeros (discípulos) que se vayan preparando para la misión, y que después, cuando él yo no esté, la continúen.

Y llamará a gente sencilla del pueblo. Hoy el evangelio nos hablaba de la elección de cuatro pescadores del lago de Galilea, como colaboradores, como apóstoles; dos parejas de hermanos: Pedro y Andrés; y Juan y Santiago. Después vendrían otros, para completar los doce. Y otros muchos que quisieron compartir su tarea, aunque no estaban con él permanentemente, sino puntualmente.

Todos ellos continuaron la labor de extender el Reinado de Dios por todo el mundo conocido en aquel tiempo (el mundo greco-romano). Como sabemos por el libro de los “Hechos de los Apóstoles”, la iglesia comenzó formando pequeñas comunidades de cristianos, de seguidores de Jesús, en las diversas ciudades. Comunidades muy fieles y muy comprometidas al principio; pero que pronto empezaron a desviarse del mensaje de Jesús, trasmitido por los apóstoles. Y por eso San Pablo, como hemos leído en la segunda lectura, en una carta a una comunidad de la ciudad de Corinto, les reprende por no comportarse correctamente, y porque habían surgido disensiones entre ellos.

Les dice: “poneos de acuerdo y no estéis divididos”; “estad bien unidos con un mismo pensar y sentir”; “me he enterado de que hay discordias entre vosotros, y andáis divididos”. Y les sigue echando en cara su conducta equivocada, indigna de unos seguidores de Jesús.

Ayer terminábamos los ocho días de oración por la unidad de todos los cristianos, en una misma fe y un mismo corazón; pidiendo esa unidad que Jesús pidió a su Padre, en la oración de la Última Cena: “que todos estén unidos, como tú y yo estamos unidos, para que el mundo crea que tú me has enviado”.

Han pasado muchos años desde aquellas primeras comunidades cristianas, y los cristianos seguimos separados, a veces por cuestiones históricas que deberían haber desaparecido ya.  Es una de las preocupaciones que debiéramos tener siempre delante, en la oración. Es el deseo de Jesús, por una parte; y es un gran escándalo para otras gentes. Pidamos que se den pasos significativos hacia esa unión deseada y necesaria.

                                                                                                     Félix González

 

 

5 Responses to “Domingo III del Tiempo Ordinario”

  1. Quizá estemos más unidos de lo que parece, al menos en actitud teologal. Y esa unión es manifiesta en lugares como Taizé.
    “Juan le dijo: “Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de tu nombre para expulsar demonios, y hemos tratado de impedírselo porque no anda con nosotros.” Jesús contestó: “No se lo prohíban, ya que nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está con nosotros. ” (Jn 9, 38-40)

  2. Estoy de acuerdo, Ruth, en que es muy posible que nos une más de lo que nos separa. Pero no acabamos de dar ese último paso. Habrá que seguir viviendo de esperanza, y acudiendo a la oración. Lo importante es no “acostumbrarse” a ver esa separación como normal, o sin solución.

  3. “Convertíos, porque está cerca el Reino de Dios”.

    Si vivimos para conectar con lo que nos une, tendrá que sobrarnos lo que separa; y siempre es el ‘ego’ ofendido y presumido.

    Su debilitamiento es el reinado de los unidos.

  4. Ciertamente, Susana; el “ego” es algo que enturbia todas las relaciones. Cuando desaparece, desaparece lo que nos separa, y viene, al menos, la unión de corazones.

  5. Very helpful advice in this particular post! It’s the little changes that make the largest changes. Thanks for sharing!

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