La Verdad es misericordia y perdón

perdon fanoHay una gran abundancia de textos evangélicos que nos hablan del perdón y la misericordia de Jesús: el paralítico, Zaqueo, muchas de las parábolas, la mujer adúltera, etc…

Recordemos este último pasaje:

“Los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio.

Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?   Esto lo decían para tentarle, y para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo.

Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.

E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra.

Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. 0 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? 1 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más”.

La característica de Dios, mayoritariamente manifestada por Jesús en su vida histórica, es la misericordia y el perdón.

Un perdón gratuito, generoso, abundante: “Donde abundó el pecado, sobreabundó la misericordia y la gracia” (Rom. 5, 20) Y Jesús es el reflejo autentico e inequívoco del Padre. ”Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre”, le dice Jesús a Felipe.

Lamentablemente, no podemos decir que la Iglesia haya tenido, siempre, esa preocupación por el perdón y la misericordia. En muchas ocasiones y en distintas épocas, ha tenido con más fuerza la tendencia a castigar, a ser poco comprensiva con el pecador (podríamos recordar normas y leyes del Derecho Canónico, y prácticas como la Inquisición). No ha reflejado con claridad la misericordia divina.

Muchas personas, no obstante, a lo largo de la larga historia de la Iglesia, sí que han sabido perdonar con generosidad, imitando la postura y las palabras de Jesús: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc.23,34).

Tenemos, entre otros muchos, el ejemplo de San Esteban, el primer mártir por Cristo, que murió apedreado por los enemigos de la Verdad. Y mientras moría, pronunció aquellas palabras de perdón a sus enemigos y verdugos, que nos trasmite el libro de los Hechos de los apóstoles: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado”.

                                                                                 Félix González

 

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