Domingo IV de Adviento

04_cuarto_domingo_Ad(Hágase en mí, según tu palabra)

A un paso ya, casi, de la Navidad, la liturgia nos presenta, a través del evangelio de este último domingo de Adviento, el anuncio, a María, de parte de Dios, de que va a ser la Madre del Mesías, el Salvador, el Hijo de Dios; lo que solemos llamar: la Anunciación.

Ello nos viene a recordar el gran misterio de Dios en Jesús, a través de María. El día 25 de marzo se celebra la fiesta de la Anunciación-Encarnación (nueve meses antes de nacer Jesús). Hoy en víspera del nacimiento se nos vuelve a recordar porque forma parte del misterio: anuncio, encarnación, nacimiento. Y como causa de todo ello, el amor infinito de Dios hacia el hombre.

Hoy, deberíamos decir desde lo profundo del corazón, las mismas palabras de María: “Hágase en mí, según tu palabra”. Y aceptar la voluntad de Dios. Y ¿cuál será la voluntad de Dios para mí, para ti, para nosotros? Leamos con frecuencia el Evangelio, y lo sabremos. En él encontraremos directrices y modos de actuar, tanto respecto a Dios, como con respecto a nosotros mismos y al prójimo. Y el modelo a imitar no es otro que Jesús.

En este último domingo, inmediato a Navidad, la figura que se nos presenta es María.la mujer más importante de toda la historia de la humanidad; y, sin embargo, la más sencilla. La mujer más exaltada por Dios, la de mayor categoría; y, sin embargo, la más cercana y más humilde.

Ante el gran misterio, ante el deseo de Dios, ella sólo dirá:”Hágase”. Dios la necesita, pues ahí está ella para cumplir su voluntad.

¡Buen modelo y buen ejemplo para actuar nosotros! Dios sigue necesitándonos a nosotros, porque nosotros le necesitamos a él. Por eso, nuestra postura debe ser, como la de María: que se haga su voluntad.

Faltan pocos días para la gran fiesta de Navidad. Y para que no ocurra como sucedió en su nacimiento, que se le cerraron todas las puertas, incluida la posada, abramos de par en par el corazón, donde quepa Jesús, y donde puedan también entrar aquellos más queridos de Dios, que son los menos favorecidos. Entonces, la Navidad tendrá sentido para nosotros.

Félix González

2 Responses to “Domingo IV de Adviento”

  1. No me atrevo a decir: ¡hágase!

    Sin embargo oigo que mi propio ‘centro’ es el que lo pronuncia, porque para Dios no hay nada imposible.

  2. Susana: te deseo que sigas diciendo “hágase”, aunque a veces costará. ¿No la costaría a María meterse en ese lío?

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