Domingo V de Cuaresma

image002(Tampoco yo te condeno. Vete en paz)

Este pasaje del perdón de la mujer adúltera, por parte de Jesús, es uno de los pasajes más bellos del Evangelio. Se palpa el Dios de la Misericordia.

¿Nadie te ha condenado? Pues yo tampoco te condeno. Vete en paz.

Un perdón generoso, sin exigir nada.

Para sus acusadores, lo importante era cumplir con la ley. No hay comprensión, no hay misericordia, no hay perdón.

Pero allí está Jesús para decir muy claro que la persona está por encima de la ley, que no está hecho el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre. Es decir, las leyes deben hacerse a favor del hombre, para mejorarle, para ayudarle a ser más persona, respetando su dignidad. Jesús no puede estar de acuerdo con el pecado, pero siempre demuestra su amor y su perdón para el pecador.

Aquella mujer, sorprendida en pecado de adulterio, estaba destinada a encontrar la muerte a pedradas; tenía que ser lapidada. Esa era la ley de los judíos, en tiempos de Jesús. Pero Jesús interviene, haciendo ver a aquellas gentes que la amenazaban, que ellos no eran mejores. Que ellos estaban llenos de pecados: “el que esté sin pecado que tire la primera piedra” ¿Cómo se atrevían a pedir la muerte para aquella mujer?

¡Qué fácil es ver los defectos de los demás, siendo ciegos para ver los nuestros! Ya lo dijo Jesús en otra ocasión: ¡Hipócritas, cómo veis la mota en el ojo del otro y no veis la viga en el vuestro!

Una vez más aparece con claridad la misericordia de Jesús, que no es sino el reflejo de la misericordia del Padre, porque como él mismo dijo al apóstol Felipe: ”el que me ve a mí, ve al Padre”.

Ejemplos como el que vemos en este pasaje del evangelio, nos deben animar a confiar cada vez más en Dios, aunque muchas veces nos cueste aceptar las contrariedades y dificultades de la vida, a veces duras y difíciles de comprender y aceptar.

Aprovechemos esta ocasión que nos brinda el año de la “misericordia”, para confiar cada vez más en ese Dios que es misericordia y perdón.

Félix González

3 Responses to “Domingo V de Cuaresma”

  1. “…confiar cada vez más en ese Dios que es misericordia y perdón.”
    Y el modo más fácil de confiar en ese Dios, va a ser nuestra propia transformación en misericordia y perdón.

  2. Confiar, confiar, confiar… en eso consiset, fundamentalmente la fe. Y confiar es” fiarse de”. ——Si nos fiamos de Él, acabaremos siendo misericordiosos como Él.

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