La hoguera preparada para Krahe, Lavapiés y el artículo 525.

Javier Krahe, en su juicio de hoy / Foto: Paco Campos (EFE)

Según el artículo 525 del código penal “incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican“. Ofender los sentimientos. El código penal hecho poesía.

Este artículo, aunque al sorprendido lector pudiera parecerle de otras épocas (en concreto de las inmediatamente predemocráticas), realmente está más vivo que nunca. Tanto que hoy mismo ha sido utilizado como argumento en un juicio para señalar a un ciudadano como “ofensor de sentimientos religiosos”. Y no, no se trata del ínclito Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá, lo cual tendría mucho sentido. No me viene ahora mismo a la cabeza un ejemplo reciente tan claro de alguien que, apropiándose el mensaje de Jesús, haga escarnio público (ofensivo a más no poder) de mis creencias religiosas, las cuales nunca discriminan y siempre acogen porque creen en el amor, se exprese este como se exprese.

Como digo, no es Reig Pla el acusado en este caso sino el cantautor Javier Krahe. Lo es por participar hace 35 años, en 1977, en un corto casero de 54 segundos en el que se daban las instrucciones para cocinar un Cristo. Sobra decir (aunque a la vista de lo leído en determinados medios no lo parece) que tanto el contexto histórico de la España en que fue grabado así como el significado y la posición de la Iglesia por aquel entonces eran bien distintos a los de hoy, 35 años después, momento en que se juzga este cortometraje.

Obviando que el vídeo sea más o menos elegante (como digo, hay que tener en cuenta el contexto en el que se grabó) y que dudo mucho que el documento fuera realizado con la intención explícita de ofender a todo un colectivo (el corto era de uso casero), es realmente preocupante que se juzgue con penas de hasta 12 meses de cárcel y 144.000 euros de multa por algo grabado hace más de tres décadas bajo la acusación de blasfemo. Más cuando la intención de ese vídeo era irónica, hacía el ejercicio del humor (con mayor o menor fortuna). Si esto pasase en cualquier país del mundo árabe estaríamos hablando de integrismo musulmán y nadie dudaría de la injusticia de la situación. Pero pasa en el país de las presidentas con peineta.

Hay que señalar también lo peligroso que es que a alguien le dé por juzgar y denunciar la cultura, sea esta en la disciplina que sea. Y repito que no entro en evaluar la calidad de la misma. La cultura, por su propia naturaleza, es libre aunque no agrade a todo el mundo.  Respetar eso es respetar la democracia. Lo contrario, volver a oscuridades no deseadas. Retomando las comparaciones que tanto le gustan a la caverna, si esto estuviera pasando ahora mismo en Cuba, el grito en defensa de la libertad y contra el malvado dictador sería unánime.

Ahora bien, de todo esto, lo que nunca terminaré de comprender es la doble moral con la que juegan determinados defensores de la fe. Y no me refiero en este caso, que también podría, al hecho de que muchos desde sus púlpitos puedan criticar cualquier realidad con la que no estén de acuerdo (véase Reig Pla) pero a la hora de ser criticados sientan especialmente “ofendidos sus sentimientos”. Lo que me cuesta entender es la facilidad para mover denuncias y manifestaciones siempre ante los mismos temas caducos a la par que se perpetúa el sistemático silencio ante las situaciones de injusticia que sí que necesitan de la voz de cristianos comprometidos. Y me explico. Entiendo que hay más Cristo en los inmigrantes subsaharianos a los que ayer la policía reprimió brutalmente en Lavapiés, y a los que llegó a apuntar con una pistola por el terrible crimen de vender bolsos en la calle, que en un trozo de madera sobre el que se hace una sátira. No entiendo por qué organizaciones que se autodenominan cristianas se ofenden tanto por lo segundo, hasta el punto de llegar a denunciarlo, y tan poquito por lo primero.

http://youtu.be/O463LIdpJlw

Jesús lo dejó bien claro. Nos dijo dónde se quedaba. Releo los Evangelios y no dice nada de símbolos de madera y mucho de los empobrecidos, de los olvidados, de los oprimidos… ¿Cuánto tardará una organización cristiana en denunciar a los policías inconscientes que ayer dispararon al aire en una calle estrecha para intimidar a los excluidos del sistema? ¿se podrá utilizar el artículo 525 esgrimiendo que ofenden mis sentimientos religiosos al apalear y asustar directamente a mi Dios, que se encuentra en esas personas?

Yo por mi parte señor Krahe, y hablo como cristiano comprometido y algo leído, no me siento ofendido por su vídeo. De hecho le agradezco su música y su poesía, con canciones que, en muchos momentos de mi vida, han resultado realmente terapéuticas. Nos seguiremos viendo la semana de Navidad en el Central, rodeado de buenos amigos, en lo que ya se ha convertido en una parte más de mis celebraciones navideñas. Si le sirve para decírselo al señor juez o a esos mezquinos que le condenan y le preparan una hoguera, ahí se lo dejo.

3 Responses to “La hoguera preparada para Krahe, Lavapiés y el artículo 525.”

  1. es que estos fariseos, no difieren en nada, a los que asesinaron a Jesus el cristo, Jesus les tiro las mesas a los mercaderes, porque habian convertido el templo en mercado, pero ahora lo hacen de una manera mas sofisticada, cobran por dar un mensaje dizque cristiano, con cena y todo, el saco y corbata que no les falta y las viejas que llegan a las reuniones con peinados ostentosos y a ver cual llega mejor vestido, casi nunca repiten fijense bien, estoy hablando mas de los protestantes aqui en America

  2. Mientras persiguen la libertad de expresion la policia sigue actuando como en tiempos de Franco.

    Empezó a sonar la Marcha Real española. J. M. se sentaba en el sector 324 de la tribunal lateral del Vicente Calderón. Exactamente, en las últimas sillas cubiertas. Detrás, una pared y el pasillo de la escalera ocho. Él no lo sabía, pero era el peor lugar del estadio, el lugar donde la policía podía actuar con más discreción. J. M., de treinta y cuatro años, con pareja y trabajo estable, desplegó una estelada, azul, en el momento que el estadio recibía con una pitada multitudinaria el heredero de la corona española. No tuvo tiempo ni de pensar: un grupo de policías lo pegó por detrás y comenzó una pesadilla que duró muchas horas.

    Había llegado a Madrid con el autobús de la peña de Sant Vicenç de Castellet (Bages). Cuando aún faltaba media hora para comenzar el partido ya estaban todos en la localidad que les correspondía. Llevaban camisetas del Barça y una estelada, y no paraban de hacerse fotos. Bajaron hasta el borde del campo para inmortalizar lo que esperaban que sería una fiesta. Los policías, entonces, no dijeron nada.

    Pero en el momento que las dos aficiones empezaron a silbar se abalanzaron justamente sobre él. J. M. no entendió qué pasaba. Eran un grupo de agentes de la policía española que comenzaron a pegarle en el pasillo mismo.

    Asi responde a las Preguntas del diario Vilaweb:

    V. P. Viste quiénes eran?
    J. M. Todo fue muy rápido. Sólo recuerdo que pedí a un amigo que lo fotografiara. Lo hizo y enseguida un grupo de policías le cogieron la máquina y borrar las imágenes. Sólo recuerdo que uno era muy alto, mucho.

    V. P. Te pegaban sin más, ante la gente?
    J. M. Sí. Me tiraron contra la pared, me esposaron de inmediato y me iban pegando. Me hicieron sangre y yo creo que m’exhibien sangrienta ante la gente que todavía subía hacia los asientos.

    V. P. Y no te defendía nadie?
    J. M. Estaba muy agobiado. No entendía aquella situación, pero sí que sentí gente que les decía que me dejaran en paz. Pero la verdad es que eran muchos y hacían circulara todos.

    V. P. ¿Sabes cuánto duró?
    J. M. La verdad es que no lo sé seguro. Sentí el primer gol aunque en aquel pasillo y el segundo en el rellano de abajo, donde me hicieron bajar después.

    [El primer gol fue al minuto dos del partido y el segundo, en el minuto diecinueve.]

    V. P. Te iban pegando, mientras tanto?
    J. M. Sí. No paraban. Golpes en la cabeza, me presionaban contra la pared, me insultaban … se me hizo muy largo.

    V. P. ¿Qué clase de insultos?
    J. M. ‘Catalán de mierda’, que lo pagaría, que me romperían el brazo. Cosas así.

    V. P. Si sentiste el segundo gol en el rellano, quiere decir que te pegaron veinte minutos, cuando menos. ¿Qué pasó después?
    J. M. Yo sangraba y en un momento determinado me hicieron bajar y me sacaron fuera del campo, me llevaron a una unidad móvil del SAMU para que me curaran. Les pedí que no me dejaran solo con la policía, pero me dijeron que no podían hacer nada excepto curarme las heridas. Fuera me esperaban quienes me habían pegado, empezando por aquel tan alto.

    En J. M., se le ven bien claras las heridas en la cara. La evidencia de los golpes es indiscutible y aún me enseña un bulto notable detrás de la oreja. Lleva la documentación médica. Cuando lo dejaron en libertad se hizo visitar. El papel del Instituto Catalán de la Salud diagnostica cinco escorcions en la cara, rasguños en el cuello, golpes y escorcions en el hombro y el codo, lesiones por esposas, un hematoma en una mano, dolor lumbar … Un cuadro típico tras recibir una agresión.

    V. P. ¿Qué pasó después, cuando abandonaste el SAMU?
    J. M. Me metieron en un coche patrulla. No eran del mismo grupo y noté que no entendían qué pasaba. Hicimos una vuelta completa al estadio mientras trataban de saber qué hacer, de mí. Finalmente recibieron la instrucción de llevarme a la comisaría de Moratalaz.

    V. P. Y nadie te dijo por qué te habían detenido?
    J. M. No. Nadie.

    J. M. ha querido explicar el hecho de primera mano. Estos días han circulado versiones que no se ajustan del todo con lo que le tocó vivir. Él, por ejemplo, distingue muy claramente el trato de la guerrilla policiaco que había en el estadio del que recibió después. Recalca que en la comisaría nadie le pegó y pide que quienes lo vieron sangrando en el rellano y las escaleras se pongan en contacto con su abogada, Gemma Calvet. Repite que el exhibieron. Que parecía como si quisieran espantar a los que lo veían. Lo dice con cara de cansado y repite que, tras decirlo quiere descansar y ya está, que no quiere ser objeto de polémica. Él iba a ver un partido de fútbol y se encontró con lo que se encontró sin haberlo buscado. Ahora una jueza lo ha encausado como si fuera él el agresor y él tendrá que responder judicialmente.

    V. P. En la comisaría de Moratalaz, ¿qué pasó?
    J. M. Me pusieron en una sala con más detenidos, yo con la camiseta del Barça allí solo detrás de los barrotes. Después aparecieron dos chicos vascos del Athletic que yo no conocía de nada. Sólo hubo un momento que un policía me dijo que me quemaría la bandera, pero nada más …

    V. P. Que aunque la tenías, el firmamento?
    J. M. No. Supongo que se la quedaron los policías del estadio. No lo sé. A mí me pillaron y todo quedó donde estaba. La mochila que llevaba, de hecho, la recogieron los de la peña.

    V. P. Que te debían buscar …
    J. M. Nadie sabía dónde estaba yo … Hubo un momento que me leyeron los derechos y todo eso y me dijeron que podían hacer una llamada, ellos no yo, avisando que me habían detenido. Opté por dar el teléfono del autobús de la peña. Se habían quedado esperando si yo aparecía y fueron los últimos en abandonar Madrid. Me dijeron después que habían recibido la llamada hacia las dos de la madrugada …

    V. P. Y tú continuabas sin saber el porqué de las cosas.
    J. M. Me pidieron que firmara un documento donde decían que había hecho cosas que yo no había hecho. Y me negué. Sólo firmé el documento de las cosas que llevaba cuando entré, que no llevaba ya ni el móvil, que tampoco sé dónde ha ido a parar

    V. P. Pudiste dormir?
    J. M. La verdad es que no. Alguna cabezada y basta. No entendía qué hacía allí, y sólo quería irme, y cuanto antes, mejor. Cuando apareció el abogado de oficio me hicieron hablar con él y me tomaron las huellas digitales, hicieron las fotos y todo lo que toca.

    V. P. En el sumario que ahora instruye contra ti la jueza te mezcla con los dos seguidores vascos. Os conocíais?
    J. M. No. De nada. No les había visto nunca. Además, en el campo ocupábamos espacios separados. No entiendo qué pretenden con ello.

    V. P. ¿Qué relación tuviste con ellos?
    J. M. Estábamos allí juntos! Uno me pidió de cambiarnos la camiseta. Me lo pensé mucho porque no la cambio por nada, pero al final me porvenir y ahora tengo la suya. De todos modos, cuando nos llevaron a la jueza nos volvimos a poner cada uno la suya. Yo quería declarar con la camiseta del Barça …

    V. P. Ya sé que es anecdótico, pero sabíais el resultado del partido?
    J. M. Alguien nos lo dijo cuando ya hacía muchas horas que estábamos allí dentro. Me alegré, pero la verdad es que no era la cosa que me preocupaba más …

    V. P. Finalmente, por la mañana os llevaron a la jueza.
    J. M. Sí. No estoy muy seguro, de la hora. Mi pareja recuerda que el abogado le llamó a las diez de la mañana. Me parece que era hacia esa hora que nos llevaron al juzgado a declarar.

    V. P. Y cuando te pusieron en libertad?
    J. M. Ya eran cerca de las dos. Me comunicaron que me abrían un proceso penal mío y ahora los servicios jurídicos preparan nuestra denuncia de los hechos y la defensa.

    V. P. Y una vez en la calle?
    J. M. Pedí a los vascos que me esperen porque ellos declararon unos minutos antes y me dejaron el teléfono para que pudiera llamar a casa. Su abogada me llevó a Atocha y llegué a Barcelona con el AVE a las 18.40 …

    Con calma, sabiendo dónde tiene cada papel, revisa la cartera y me enseña el billete con la hora marcada. Vuelve a decir que está muy cansado y que quiere irse a casa.

    J. M. Necesito desconectar. No quiero hablar con nadie de eso, solo explicarlo para que quede claro que viví, y ahora sólo quiero desaparecer y volver a la normalidad. Iba a ver un partido de fútbol y mira que me encontré …

    Mientras se aleja insiste en que localizar los testigos de cómo el exhibieron sangriento sería importante para él y para el proceso judicial que ahora comienza. Se le ve que no acaba de creerse que todo esto le haya podido pasar. Los golpes, sin embargo, bien visibles en la cara, recuerdan que era el asiento menos discreto aquel viernes de fútbol, en el Vicente Calderón de Madrid

  3. El Ministerio Fiscal quiere que Laura Gómez, la secretaria de organización de la CGT de Barcelona, sea condenada a 36 años sobre todo para participar en una acción pacífica ante la Bolsa donde se quemaron billetes de mentira
    Laura Gómez [en la imagen], secretaria de organización de la CGT de Barcelona, pasó 23 días de prisión preventiva en el penitenciario de mujeres de Wad-Ras por haber participado en una acción pacífica de su sindicato contra la Bolsa el día de la huelga general, el 29 de marzo, en Barcelona. La acción consistió en una representación teatral ante el edificio de la Bolsa de Barcelona, que acabó con la quema controlada y simbólica de billetes-que eran de mentira, papeles fotocopiados-dentro de una caja. Gómez fue detenida el 24 de abril, casi un mes después de los hechos, y encarcelada preventivamente para que el juez estimaba que había peligro de fuga, sorprendente dado su cargo y que vive en la ciudad con sus hijos.

    El pasado 17 de mayo, Gómez fue liberada bajo fianza de 6.000 euros y con la imputación de delitos de desórdenes públicos, incendio, coacciones y delito relativo al ejercicio de los derechos fundamentales y las libertades públicas. Para todos estos, pero sobre todo por el delito de incendio, la Fiscalía le pide 36 años de prisión, según informó la CGT.

    Gómez, en una entrevista difundida por su sindicato, asegura que su detención es política, por ser miembro de la CGT, ya que el día de la huelga general, y en palabras de Gómez, “estábamos rodeados de Mossos. Si yo hubiera hecho una acción punible en ese mismo momento me podrían haber identificado o bien el día después. Es una estrategia bien pensada “. Siguiendo en esta línea, Gómez dice que Interior necesitaba la detención de alguien de la CGT para poder criminalizar el sindicato, como se hizo y está haciendo también con las organizaciones estudiantiles. Para Gómez “la justicia está en manos de magistrados absolutamente dirigidos por políticos” y por tanto, “la justicia no es independiente, está manipulada y eso sí que me preocupa”, pero anima a seguir con la lucha y la protesta porque cree que ” si pretendían paralizar la gente han conseguido lo contrario “.

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