El clamor de Damián

E1 genial escultor Miguel Ángel, a golpe de martillo y cincel, acababa de sacar del enorme bloque de mármol blanco su prodigioso Moisés. La leyenda dorada cuenta que, impresionado él mismo ante la expresión de su rostro, le golpeó sobre el mármol ordenándole: “¡Habla!”.La Cartuja de Miraflores de Burgos había recibido la visita real que quedó asombrada ante el realismo del rostro de San Bruno, la obra maestra de Pereira. “No le falta más que hablar”, comenta el rey. El monje acompañante le explica:”Majestad, no habla porque es cartujo”.¿Qué podemos decir, entonces, de la escultura de Damián que nos acompaña? No solo está muda, es que ni tan siquiera tiene rostro con que pueda hablar.

Te envío esta carta a tu casa, en la calle que lleva tu nombre.¡Quién te iba a decir que te pondrían calle en Madrid! Sobre el jardincillo, en lugar privilegiado de la entrada, eres saludo de acogida y el último recuerdo que se llevan cuantos se acercan a tu Revista. Tuya porque ha dado a conocer tu corazón a tanta gente buena como tú. No ha sembrado mejor semilla. Y toda otra siembra que ha esparcido, a nadie debe su fruto como a tí. Que nada es el que siembra ni el que riega, sino hay quien dé tempero a la tierra. Por eso estás ahí porque gustas a la gente, porque ayudas a tener corazón. En esas estás y no te van a jubilar. Que ya son años los que han pasado desde que en 1953 te levantaron sobre el pedestal, salido de las manos y del alma de tu escultor Pau Pahissa. 