Rutina

Algunos viernes al mes, desde hace año y medio más o menos, comparto micrófono, papeles, temas y amistad con Faustino Catalina y el resto de compañeros de tertulia. Son días largos que arrancan y terminan de noche. Pronto llego a la revista. A la hora en la que otros comen, me presto para volver a casa, donde –tarde ya, incluso para nuestros usos– me planto ante el almuerzo, el postre y el café. Con la luz de la tarde preparo los temas del programa. Anocheciendo vuelvo camino de Madrid. Ya negro sobre mí, me tomo un café, repaso las notas y llego a la radio. Antes de comenzar hablamos de temas que no están en el guion. A la hora señalada entramos en el estudio. Luz roja y adelante. Camino del cambio de día en el reloj, vuelta al hogar, casi siempre con algo de música en el coche. Y a esperar al sábado.

Desde hace algunos programas y algunos temas, mi hijo pequeño me acompaña al último tramo de la jornada, al de la radio. Idas y vueltas en el coche se completan con su música, a la que poco a poco voy cogiendo el tranquillo. Idas y vueltas se completan más con sus inquietudes –que a mí son las que me interesan– que con las míos –que él ya se sabe de memoria y que, en definitiva, no son tan importantes–.

Nos hemos marcado una rutina casi germánica, si es que los alemanes alguna vez han sido tan cuadriculados como nosotros nos pensamos. Aparcamos, cenamos algo y si tenemos tiempo –cosa que el último día no ocurrió– aprovechamos para el dulce de rigor. Pagamos y camino de la radio. En el control de entrada, ya parece uno más. Y en el control de sonido, también. Con Belén, con Antonio, o con quien esté. Allí se sienta, con sus cascos, con su música, con sus cosas. Pero sin perder detalle de lo que sucede y de lo que se cuenta.

-¡Ojo el Papa! ¡Con Instagram!

Así me recibió el último día –ya con la luz fundida a negro– después de comentar de pasada, al otro lado del cristal, que Francisco tenía más de tres millones y medio de seguidores en esta red social. Retornamos al coche –con su música, of course– para emprender el viaje nocturno de vuelta.

Hoy regresamos. Habrá que hacer hueco al tiempo para cumplir con el dulce.

No sé si llamar a esto rutina.

[Original escrito en Arial cuerpo 12. Palabras: 410. Caracteres sin espacios: 1.771. Caracteres con espacios: 2.173. Párrafos: 7. Líneas: 29.]

 

 

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