4.000 pasos (I): una parada de autobús o un semáforo en rojo

He sustituido el café de media mañana por 4.000 pasos, más o menos. Más o menos a las dos cosas, porque hay veces que sigo optando por el café –que también puede ser una fruta, un par de galletas u otra vianda mañanera–, y también más o menos porque depende del tiempo, del itinerario del paseo, o de la cadencia del caminar, alcanzo los 4.000 pasos, me quedo en 3.527 o supero 4.203.

Tanto han insistido los expertos y neófitos en la causa andarina, que de momento han ganado un adepto. Me despejo así un rato de las teclas, de los párrafos, de los paisajes africanos escritos en la pantalla. Cambio letras por pasos. Muchas letras por muchos pasos. Cambio la cafeína por las aceras.

Depende del ánimo, del azar o de nada en particular, giro a la izquierda o a la derecha al salir por la puerta. Si elijo la primera opción, una parada de autobús casi siempre con pasajeros a la espera. Como justo detrás hay un centro hospitalario, muchos de ellos arrastran alguna dolencia, portan algún sobre con radiografías o llevan puesta una escayola o un vendaje de pelaje diverso. Si elijo la segunda, arranco el caminar con un semáforo casi siempre en rojo. Y siempre gente, gente, gente. Unos –muchos– que hablan por teléfono. Otros que, como yo, pasean. Gente comprando. Un supermercado del que cada día entra y sale gente. Un poco más adelante, una academia de edición musical a la que nunca pasa nadie, y de la que nunca sale nadie. Una zapatería. Muchos bares. Una mujer con su escaparate de baratijas en un banco de madera. Otra que, de rodillas, da los buenos días –siempre una sonrisa cosida al ‘buenos días’- y pide algo con lo que comer. Un quiosco de prensa cerrado desde hace mucho tiempo. Terrazas y más terrazas donde la gente charla, apura un café que yo no me tomo o deja pasar la mañana. Perros y dueños. Y tarjetas tiradas por el suelo con nombres y teléfonos de mujeres que ejercen la prostitución. Dignidad tirada en suelo.

He cogido el gusto a dejar la cafeína aparcada para otro momento. He cogido el gusto a caminar por la calle. He cogido el gusto a volver a mirar lo cotidiano. 4.000 pasos, más o menos, tienen la culpa.

 

[Original escrito en Arial cuerpo 12. Palabras: 388. Caracteres sin espacios: 1.752. Caracteres con espacios: 2.135. Párrafos: 4. Líneas: 30.]

 

 

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