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Gestación subrogada. Vientres de alquiler. Beneficio económico. Mujer. Vida. Paternidad y maternidad. Derechos. Y deberes (of course)… En los últimos meses, como casi cualquiera con un mínimo interés, he leído algunos artículos, he escuchado varias entrevistas y he repasado varias declaraciones a favor y en contra –nunca es suficiente– sobre este tema. He excluido algunas ideas a ambos lados de la linde que, según mi parecer, están fuera de lo que personalmente considero razonable. Encuentro en algunos de los que he leído motivos para el ‘sí’, incluso de gente que podríamos catalogar –y mira que no debo hacerlo– como comprometidos dentro de la Iglesia. Pero también argumentos razonados para el ‘no’ desde sectores que, desde un apriorismo siempre inoportuno, deberían asentir con la cabeza. No me gustaría estar en el pellejo de los que deban legislar sobre este tema cuando llegue el momento, que no sé si es ahora, porque de la mixtura de la vida humana con una compensación/transacción/aportación (llamémosla como queramos, sin ánimo de polemizar) económica surge un cristal fino como el papel de fumar, cuya fragilidad será complicado de garantizar en un articulado. Difícil, muy difícil, llegado el momento que, insisto, no sé si es ahora.

Con todo esto, y tras el tostón que he soltado en el párrafo anterior, tengo que reconocer que lo que he leído esta mañana en un periódico generalista no me ha gustado. No me ha gustado ni un pelo. No sé si por culpa de quien lo ha escrito. De quien ha protagonizado la noticia. O por el concepto que el texto esconde entre bambalinas. Pero no me ha gustado ni un pelo. Puede que sea una interpretación o una cosa mía. Quién sabe si el del mohín en el rostro he sido solo yo. Pero no me ha gustado.

Lo leído es sobre la paternidad subrogada de Cristiano Ronaldo, quien ha posado con sus hijos pequeños en brazos. Transcribo lo escrito y leído: “Fue la madre de Cristiano quien viajó a EE. UU. para recoger a los niños”.

Recoger.

Como si fueran un perfume.

Recoger.

Como si fueran una caja de zapatos vacía.

Recoger.

Como si fueran un traje limpio en una tintorería.

Recoger.

Como si fueran una mercancía.

A este paso, no hablaremos de gestación subrogada. Ni de vientres de alquiler. Ni de beneficio económico. Ni de mujer. Ni de vida. Ni de maternidad o paternidad. Ni de derechos. Ni de deberes (of course). A este paso tendremos que fijarnos en Amazon, que puede que haya visto negocio en el envío de hijos por todo el mundo.  Y para los clientes Premium, sin costes de mensajería. Para qué vamos a ir a recoger a nuestro hijo a la vuelta de la esquina o a la otra parte del mundo si nos los pueden traer a casa. Pereza me da.

[Original escrito en Arial cuerpo 12. Palabras: 470. Caracteres sin espacios: 2.213. Caracteres con espacios: 2.674. Párrafos: 12. Líneas: 42.]

 

 

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