El poder de la imaginación

La imaginación colmadora de vacíos es fundamentalmente mentirosa.

                                                                                        Simone Weil

El día de Nochebuena fui a la Misa de Gallo. El cura que presidió la celebración pronunció una homilía que, aunque muy documentada, pues abundaron las citas no sólo bíblicas, sino también de padres de la Iglesia y hasta de filósofos y pensadores laicos, me pareció aburrida, por lo que no me resultó fácil mantener la atención tal como deseaba hacerlo. De vez en cuando, alguna palabra me hacía volver de mis pensamientos y concentraba de nuevo mi interés en lo que oía.

En el himno de entrada se había cantado: “En medio del silencio, el Verbo se encarnó”. El cura hablaba de que la Palabra sólo es audible allí donde se hace el silencio suficiente para poder escuchar: “Sólo las almas silenciosas pueden oír lo que la Palabra dice”. Y puso como ejemplo de alma silenciosa a María de Nazaret, pero, por lo visto, el silencio de su alma le alcanzaba hasta los labios, porque aquel hombre decía que mientras que los pastores, después del anuncio que les hizo el ángel, fueron al pesebre y volvieron dando gloria a Dios y contando lo que habían visto allí, María, sin embargo, “guardaba silencio”, callaba, algo que, según él, la hacía preferible a los pastores. María, pues, es el paradigma de mujer silenciosa.

En ese momento, repasé mentalmente el evangelio que se había leído y me di cuenta de que, en ningún momento, se dice que María permaneciera callada en el pesebre. Sencillamente, no se dice que hablara. En realidad, no se dice que nadie hablara en el portal de Belén. En ese momento, confieso que “me fui” y empecé a recordar los pasajes evangélicos en los que aparece María y confirmé que su fama de silenciosa no está muy bien fundamentada, pues habla con Gabriel cuando este le anuncia que el Espíritu de Dios le hará concebir un hijo, y lo hace formulando preguntas importantes y pertinentes y aceptando libremente lo que le propone Dios; habla cuando va a visitar a su prima Isabel, y lo hace, además, entonando el Magnificat, un cántico que entra de lleno en la tradición profética; y habla con Jesús cuando, después de descubrir que no estaba en la caravana que regresaba a Nazaret, María y José vuelven a Jerusalén a buscarlo, y lo hace con autoridad. Las palabras de María son, en todos los casos, palabras contundentes.

Es cierto que hay otros pasajes en los que María está presente y no habla, como en la presentación de Jesús en el templo, en la escena en la que se le dice a Jesús que le esperan su madre y sus hermanos, y al pie de la cruz. Pero en esas escenas, hay otros personajes que también permanecen callados, como su esposo José, en la presentación, los hermanos de Jesús, en la escena mencionada, y el discípulo amado, por ejemplo, que permanece junto a la cruz de Jesús. Sin embargo, estos personajes no han pasado a la historia como ejemplo de hombres silenciosos. ¿Por qué?

Está claro que no es lo mismo no decir que alguien habla que afirmar que se calla. En ningún pasaje evangélico se dice que María permaneciera callada. El silencio de María, del que se ha hablado durante siglos y que ha sido utilizado como un arma, entre otras, para mantener silenciosas a las mujeres cristianas, es, como mínimo, un invento de la imaginación, esa imaginación “colmadora de vacíos” de la que habla Simone Weil. La Biblia, tanto la hebrea como la cristiana, está llena de vacíos, es decir, de ausencias de datos que es necesario “rellenar” para dar sentido a las historias narradas en sus libros. Esos vacíos son los que hacen que las/os lectoras/es se impliquen, consciente o inconscientemente, en las narraciones y las perciban como algo que les afecta. La imaginación colmadora de vacíos es necesaria para que los textos bíblicos cumplan su función, pero es fundamental que seamos conscientes de que es imaginación, es decir, construcción, y que, como tal, sus contenidos están condicionados por la época, por la cultura, por los intereses, por el contexto… de quienes leen la Palabra y la interpretan.

La tradición del silencio de María, un silencio paradigmático sobre todo para las cristianas, pues los cristianos varones parecen tener más vocación de pastores que dan gloria a Dios y cuentan lo que han visto, no se construyó inocentemente, sino que respondió a una época y a unos intereses de corte marcadamente patriarcal: mantener silenciosas a las mujeres y, por tanto, alejadas cualquier espacio relacionado con la autoridad en las iglesias. Y así, apoyándose en siglos de tradición, ha llegado hasta nosotros una María callada y pasiva cuyo silencio quiero cuestionar.

Leyendo las palabras pronunciadas por María en el evangelio, me resulta difícil, al menos a mí, imaginarla como una mujer de “labios sellados”: sus palabras hablan de la Sabiduría que la habitaba. Y la Sabiduría no tiende a esconderse, sino que sale a vocear a las calles y a las plazas. Por otro lado, me parece importante que la imaginación colmadora sea también capaz de pensar en la María histórica, en la mujer de carne y hueso que se levantaba cada mañana y se acostaba cada noche y hablaba con su marido, con sus parientes, con sus vecinos y vecinas, con Yahveh, con las mujeres y los hombres que seguían a su hijo y formaban una familia de lazos diferentes a los de la sangre… Porque ser capaz de pronunciar palabras y hacerlo con libertad y autoridad no resta hondura a la fe, ni impide que la Ruah divina cubra con su sombra a quien lo hace, sea hombre o mujer.

No me atrevo a afirmar con Simone Weil que la imaginación colmadora de vacíos es mentirosa. Ella la concebía como un obstáculo para la gracia. Creo que no hay que llegar tan lejos y que basta con que seamos conscientes de que, como mínimo, los contenidos de dicha imaginación ni son neutrales, ni tienen validez universal, ni pueden convertirse en verdades inmutables, porque son fruto de un contexto. Durante siglos, la sociedad patriarcal ha relegado a las mujeres, entre otras cosas, al silencio y, por tanto, ha imaginado a María como mujer silenciosa y la ha utilizado para justificar el silencio de las mujeres reales. Hoy, las mujeres sabemos que tenemos voz y palabras y luchamos para que no nos sea negado el derecho a pronunciarlas.

Quizás ha llegado el momento de que la imaginación colmadora cambie de contenidos e imaginemos a María de otra manera. Quizás ha llegado el momento de imaginar las palabras de María que los evangelistas no llegaron a transmitir, basándonos en las que ya conocemos. Quizás ha llegado el momento de sacar a la luz una nueva tradición, en la se destaque a María como la mujer sabia que era y tomen protagonismo unas palabras, las suyas, en las que podamos apoyarnos para seguir tomando la palabra.

Licencia Creative Commons
El poder de la imaginación por María José Ferrer Echávarri se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

5 Responses to “El poder de la imaginación”

  1. Estoy segura que María, como madre que era, no pudo estar callada. Yo me la imagino muchas veces hablando con su Hijo,preguntado el porqué de su comportamiento, aconsejando y, por supuesto, también callando.
    Estoy cansada de esa imagen de María como mujer meliflua, siempre calladita y con los ojos bajos. Esa imagen a mí no me sirve. María es actual porque fue la primera creyente y así sí es un ejemplo para mí.
    ¡Cuántas simplezas tenemos que escuchar en algunas celebraciones!

  2. Has tocado dos temas muy sensibles y dificiles de encajar para mi, una, la asistencia a misa, por mi trabajo tengo que ir todos los dias a misa, y la verdad, la mayor parte de las veces me evado de tal manera que no estoy en la celebración, sé que esta mal pero la parroquia a la que tengo que ir es demasiado conservadora para mi y no me gusta lo que oigo; y la segunda es el papel de Maria, me niego a verla a ella como la segunda diosa milagrera que es como nos la presentan, quiero creer y creo que era una mujer, pero una mujer en toda la amplia extensión de la palabra, una mujer madre de un hombre y esposa de otro, que como madre tenia sus preocupaciones y sus dudas aunque para mi y creo que para todos los creyentes deberia ser la que más se fió de Dios, y eso para mi es lo más importante.

  3. Preciosa tu reflexión sobre María, que es obvia para algunos, pero que todavía no ha entrado en grandes sectores eclesiales que la siguen presentando como mujer silente. Ya decía Sófocles que la mayor virtud de las mujeres era el silencio con lo que nos quitaba el único arma que tenemos los débiles físicamente

  4. Es una gozada leer tu reflexión y sentirme como si hubieramos estado pensando al mismo tiempo y “lo mismo” sobre el silencio histórico impuesto a María.

    Intentando responderme a la pregunta ¿qué significa para mí mariologicamente la Navidad? He observado atentamente las contradicciones con las que la vivo, no de manera muy diferente a las de las mujeres que me rodean, de un lado el rechazo que me produce la algarabía de celebración tradicional castrada de contenido evangélico, de otro la mirada atenta en todo aquello a lo que se alude como “espíritu de navidad” y del mismo modo esa alegría de montar una cena compartida en la que en gran medida hay más carga de dificultades y problemas familiares “para juntarse a celebrar una cena con un motivo que en apariencia ya dice bien poco”, pero es precisamente esta dureza del momento lo que la hace “adventicia”.

    Personalmente vivo en mi interior estos días lo que realmente creo que significa para mí, ¿en qué medida he contribuido a ser madre de D*s? , y observo, hacia fuera y hacia adentro, mientras nos acercamos a la nochebuena, mientras se monta el belén actual “de quedar todos en casa para cenar” mientras cantamos villancicos, etc.. Y me imagino como María, midiendo las dificultades de andadura de unos y de otras, de procesos de maduración personal, de situaciones de injusticia soportadas, de debilidades, de sufrimientos, y observo ¿que he hecho al respecto?, ¿que han hecho?y, como a pesar de todo y contra todo (crisis económica, envejecimiento sin recursos, fragilidad humana y pecado) el amor late en las entrañas de todo ser, y que mi tarea mariológica es pedir a María salvadora, verdadera hermana nuestra, que la comprensión y el discernimiento de lo que acontece, no me impida la caridad cristiana.

    María tuvo que caminar 8 km. para ir a Ain Karim para ver a su prima Isabel, yo he ido en coche conduciendo 15km. para hablar con mis amigas cómplices y discípulas, para compartir y recibir junto con ellas la fuerza de María y de D*s, frente a las incertidumbres difíciles del amor que celebramos estos días con quienes nos parece que aún no lo han descubierto. No hay nada más difícil y paradogicamente más fácil que ser madre hoy y siempre.

    La respuesta a la pregunta sería una nueva formulación ¿estoy respondiendo a la maternidad que D*s nos pide?, mi respuesta es que al menos lo intento y que gracias al estudio sobre María, puedo seguir encontrando más luz y con ella la fuerza para mejorar mi respuesta.

    Feliz Año 2010,

  5. Tal vez si la homilía la pronunciase una mujer sería diferente. En una teología/teodicea masculina -como son la cristiana, la judía y la musulmana- no puede ser de otra manera a como es hoy. Lástima.

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