No estás sola

El sufrimiento radical se hace presente cuando la negatividad de una situación es experimentada como un asalto a la propia esencia personal como tal…

Wendy Farley

Esta mañana encontré un comentario, escrito de madrugada, a mi último post “Creer para vivir”. Lo firma María Teresa, que cuenta que acaba de llegar del hospital, donde ha muerto su prima M. Fe. María Teresa es amiga mía. Somos amigas desde hace muchos años.

Es curioso, pero la encontré esta semana en la calle. Ella iba a hacer la declaración del IRPF, y yo, al supermercado. Últimamente, nos vemos menos que antes, por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa… Quiero decir que soy yo la que no tengo ni un minuto para dedicarle ni a ella ni a otra gente que quiero y echo de menos. Le dije que no perdiera la confianza en mí, que esta vida mía –o sea, este sin vivir– no será así para siempre y que, en cuanto acabe todos mis trabajos de doctorado, espero recuperar las buenas costumbres y entregarme con dedicación a la amistad. Nos pusimos un poco al día, resumiendo lo más importante, de pie en la acera, aprovechando cada segundo. Me contó lo de su prima y la noté muy afectada, como es normal. En medio de asuntos tan graves, se dio cuenta de que he cambiado de gafas. Y me emocionó.

Hace semanas que me voy dando cuenta de que muchas personas que me rodean viven experiencias duras, experiencias de separación, de impotencia, de sufrimiento, de muerte y de enfermedad, experiencias que asaltan todo su ser, haciéndoles tomar conciencia de quiénes son y transformándoles al mismo tiempo. Y en tales situaciones, también conocen la serenidad. Y es que, a menudo, cuando se producen acontecimientos que nos desbordan, se enciende algo en nuestro interior, una especie de clarividencia que sobrepasa el puro conocimiento y se convierte en sabiduría. Es como si –a veces sólo durante unos instantes, otras veces de forma más permanente– diéramos un paso en el entendimiento del Misterio de la Vida en que vivimos, nos movemos y desplegamos nuestro ser y, por tanto, esa Vida nos invadiera de alguna forma. Hay realidades que no se pueden contemplar  “desde fuera”, porque atañen a lo más profundo. Yo, al menos, me siento tocada por ellas.

Las palabras de María Teresa, escritas sin filtro y sin censura interior, escritas con la libertad que dan el amor y el dolor, no tienen “traducción”, así que no voy a glosarlas: nada que yo diga puede explicar mejor lo que dicen por sí mismas. En cualquier caso, esas palabras traducen una experiencia que, cuando se produce, lo abarca todo. María Teresa lo sabe bien. Ella, como tanta gente, se ha encontrado con la muerte muchas veces y nunca ha huido. También se ha encontrado con la Vida y la abraza con fuerza. La consciencia de la presencia de la muerte no siempre anula la esperanza; amar implica comprometerse, lo que causa gozo y sufrimiento; vivir en contacto con la tierra no excluye la transcendencia. Quizá por eso, porque María Teresa cree en la Vida, esta noche, durante un segundo, ha envidiado a su prima y a todos los que han completado una vuelta de su espiral para iniciar la siguiente. O quizá sólo fue cansancio y añoranza de los seres queridos que ya se fueron.

Creo que una de las experiencias más intensas –y también consoladoras– en los momentos difíciles es la de formar parte de un grupo. No importa si es la familia, una comunidad, las amistades…, o todo simultáneamente. El grupo, cuando no es invasivo, no sólo proporciona compañía, sino que garantiza un espacio propio de soledad, de esa soledad que no conduce a la desesperación, aunque la conozca, sino a “profundizar más en el surco”, como suele decir la misma María Teresa utilizando una imagen que le oyó una vez a un trapense. Buscar la soledad y el silencio sabiéndose amada es como una garantía, una especie de viaje con billete de ida y vuelta, una libertad que no todo el mundo tiene el privilegio de disfrutar. Dejar que un ser querido “profundice en el surco”, resistiendo la tentación de ayudarle a empujar o de quitarle el arado de las manos un rato, es todo un ejercicio de respeto, de confianza y de amistad.

He escrito este post pensando en mi amiga María Teresa, pero también en otras muchas personas que conozco y que ahora están sufriendo por diversos motivos, personas a la que quiero acompañar, porque me siento parte de sus vidas, estando cerca y dejando el espacio que necesitan. También pienso en quienes, en algún momento, han creído que estaban en la más absoluta soledad mientras el mundo se desmoronaba bajo sus pies. Sé que no serán conscientes de mi pensamiento y oración, como tampoco yo lo soy de sus sufrimientos, pero creo firmemente en que de alguna forma les alcanzará la Presencia que nos sostiene a todas/os.

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No estás sola por María José Ferrer Echávarri se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

4 Responses to “No estás sola”

  1. Magnífico post… para entrar en el silencio amoroso y seguir contemplando la vida… y la muerte. Yo también le estoy dando vueltas a esto… un compañero de la universidad ha “decidido” irse y nos ha quedado “el silencio”. Un abrazo y buena tesis.

  2. No siempre es fácil es los momentos de intenso dolor salir de ti mismo y descubrir que otros que caminan a tu lado te quieren ayudar. Incluso se pierde la presencia de Dios, algo que le pasó al propio Jesucristo. Es cuando se sale del agujero que se comprende que los otros y el Otro estuvieron siempre allí.

  3. NO ESTAS SOLA.

    Muchisimas gracias, realmente me siento afortunada de compartir la amistad y de sentir que la vida se va enriqueciendo si se sabe vivir despierta.

    Todos estos toques que nos va dando la vida, debieran ayudarnos a aceptar que cuando se ama mucho, se descubre que todo el dolor del mundo es infinitamente menos importante que el amor.

    Yo se que nunca hacemos todo lo que podemos y a veces pasamos las horas en Babia, por eso los acontecimientos duros de la vida como la enfermedad, ,vejez, muerte etc…nos hacen de recordatorio . Creo que era Séneca el que decia : Ser siempre feliz y pasar la vida sin que el que el dolor muerda el alma es ignorar la otra cara de la naturaleza.

    La vida es un reto que nos empuja hacia adelante lo queramos o no, asi que a mi en este momento me lanza a mirar a lo alto y a agradecer y querer a todos los que me acompañan en este camino de la vida lleno de momentos deliciosos y de otros que no lo son tanto.

  4. M. Teresa y M. José, la amistad llegada hasta donde la habéis desplegado, es sagrada.
    El amigo acompaña al otro amigo hasta su punto más alto, se alegra de su crecimiento. Un amigo así nunca está solo, y no porque tenga compañía, sino porque ha decidido acompañar a su amigo hacia arriba.

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