Un premio para todas

Hace un tiempo que las mujeres vamos dando pasos

por diversos senderos de búsquedas y hallazgos,

de caminos perdidos y encontrados.

Autora desconocida

 

Esta tarde, la revista Alandar otorga sus Premios 2010 en el Colegio Mayor Chaminade. Los premiados de este año son la Escuela Feminista de Teología de Andalucía (EFETA), la banda de rock cristiano Anawin y José Antonio Pagola.

Doy mi más sincera enhorabuena a Anawin, un «grupo cristiano que eligió el rock como el mejor estilo musical para gritar que otra sociedad y otra forma de vivir la Iglesia son posibles», en palabras de Alandar, y a Pagola, a quien la revista «premia su compromiso vital por aproximar a Jesús a la gente sencilla esforzándose, como él mismo señala “por mostrar mi verdad humana, cristiana y teológica con mi vida, más que con mis escritos”», porque tienen sobrados méritos para recibir este reconocimiento. Pero mi corazón y mis palabras, hoy, felicitan sobre todo a EFETA, proyecto que, tal como se puede leer en Alandar, ha sido premiado porque viene realizando «una magnífica labor docente y divulgativa desde la teología feminista, la ciencia de Dios hecha con mirada de mujer. Un lugar de apertura al conocimiento teológico que, siendo inclusivo, se orienta particularmente a las mujeres, en una perspectiva crítica feminista».

Yo pertenezco a ese proyecto, que acaba de completar su cuarto año de funcionamiento. Siempre me atrajo la Teología, pero para las mujeres es muy difícil acceder a los estudios teológicos, y las que tienen posibilidad de matricularse en una Facultad de Teología se ven inmersas en un contexto enormemente patriarcal, en la forma y en los contenidos, un contexto en el que, no sólo en España, sino en todo el mundo, la Teología Feminista, además, apenas halla espacio. Por eso fue tan importante para mí encontrar EFETA, algo que sucedió, como tantas cosas buenas de la vida, casualmente. Sí, fue una amiga la que me dijo: “María José, hay una escuela de Teología Feminista que creo que te interesará”. Ella formaba parte del proyecto, que acababa de ponerse en marcha, y yo vi el cielo abierto: podía estudiar Teología Feminista y, además, hacerlo sin moverme de casa, porque es una Escuela que imparte sus enseñanzas on line, por Internet.

Soy alumna de EFETA desde hace tres cursos. Todavía estoy en el primer ciclo de su plan de estudios, porque voy haciendo las asignaturas poco a poco, disfrutando de ellas sin pausa, pero sin prisa. Aunque quisiera, no podría escribir ni aquí ni en ningún sitio cuánto he aprendido desde entonces, y no sólo porque los materiales y el profesorado de la Escuela son magníficos, sino porque la Teología Feminista es más que un conjunto de ideas: es algo que afecta vitalmente, algo que transforma la mirada y, por tanto, la forma de ser y estar en el mundo.

También desde hace tres años formo parte del equipo de Umbrales, la sección de espiritualidad feminista de EFETA, porque EFETA es un proyecto de proyectos en el que la Escuela es “la niña de nuestros ojos”, pero donde se abren muchas más ventanas por las que asomarse, mirar y ver: Umbrales, Galería de Arte, Biblioteca (que, como se suele decir, está “en construcción”)… La experiencia con el equipo de Umbrales me ha enseñado que es posible trabajar con otras sin renunciar a ser quienes somos cada una, que se puede alcanzar el consenso sin miedo a disentir y que el resultado final es mayor y mejor que la suma de las partes, como si la circularidad del equipo añadiera algo por su cuenta que nosotras, individualmente, seríamos incapaces de aportar.

Hace dos años que soy miembro, asimismo, del equipo de Gestión de EFETA, donde se trabaja de manera continuada para que todo el engranaje marche a la perfección. En Gestión he descubierto la complejidad del proyecto, la necesidad de que todas las personas que componemos EFETA pongamos sobre la mesa aquello que sabemos hacer mejor –y doy fe de que hay muchas cualidades y muy bien repartidas– y que, si bien las cosas no funcionan solas, hay también un plus, una fuerza poderosa, que empuja con buen viento las velas de este barco.

Nadie pensaba que EFETA recibiría un premio. Hace tan poco que estamos en marcha… Quizá por eso, este reconocimiento de Alandar no es sólo una confirmación de que el trabajo realizado ha sido bueno, sino una verdadera inyección de energía para seguir caminando, a pesar de las dificultades, que también son muchas.

El premio a EFETA es un premio a todas las personas que, de cualquier forma, estamos en el proyecto: profesorado presencial y on line, equipos de Gestión, Galería de Arte, Umbrales, Biblioteca, Comité Científico… Y alumnado, sin el cual no habría Escuela Feminista de Teología de Andalucía.

Las alumnas de EFETA, en un 98%, son/somos mujeres, procedentes de más de una docena de países, en general hispanohablantes. Las alumnas somos receptoras de las enseñanzas impartidas en EFETA, pero también constructoras del proyecto, porque tenemos espacio para expresar nuestras inquietudes y para ofrecer sugerencias y, sobre todo, porque somos mujeres que nos acercamos a la Escuela con deseo de Sabiduría, con mayúsculas. Y eso es algo muy exigente, para cada una y para EFETA.

Creo que Alandar, con este premio, reconoce también el valor de la Teología Feminista y premia a todas las teólogas que trabajan en este campo, abriendo a la Teología caminos de futuro y proporcionando a las mujeres herramientas para su liberación.

Y creo, sobre todo, que esta tarde vamos a ser premiadas todas las mujeres, por no perder las ganas de saber, aunque sea difícil acceder al conocimiento, por encontrar modos creativos de aprender, por querer poner palabras a nuestra mirada sobre el mundo y sobre la Divinidad, y por confiar en un futuro diferente y construirlo.

¡Enhorabuena a todas!

 www.efeta.org

Licencia Creative Commons
Un premio para todas por María José Ferrer Echávarri se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

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