Conocer y recrear el pasado

Y, sin embargo… para comprender el hoy, es preciso hacerse cargo del ayer. La tradición informa las tres cuartas partes de la existencia femenina.

Emilia Pardo Bazán

La semana pasada pasé unos días en Sevilla, en el Seminario Internacional de EFETA, la Escuela Feminista de Teología de Andalucía, de la que formo parte, entre otras cosas, como alumna. El tema del Seminario de este año, el quinto ya, era apasionante: “Mujeres: mitos de ayer, de hoy y de siempre”. Para desgranarlo, desfilaron por el escenario del Pabellón de Uruguay de la Universidad de Sevilla, con la que EFETA tiene un convenio, especialistas de muy diversas disciplinas –entre quienes estaba Isabel Gómez-Acebo, bloguera de 21.rs– que abordaron los mitos femeninos desde muy diferentes perspectivas, lo que permite que, con toda justicia, se califique a este seminario, al igual que a sus predecesores, de multidisciplinar. Como es normal, unas intervenciones tuvieron más calidad que otras, pero creo poder afirmar, sin miedo a que me ciegue la pasión, que el conjunto tuvo un alto nivel.

Uno de los grandes aciertos de este seminario de EFETA fue la presencia de Virginia Imaz, una payasa que, cada día, se encargó de cerrar las sesiones de ponencias con sus clownclusiones. Lo cierto es que no encuentro manera de describir con palabras que le hagan justicia el trabajo que esta mujer realiza, porque es algo más que una reinterpretación, en clave de humor, de lo dicho en las conferencias o de lo ocurrido a lo largo de la jornada. Cada actuación suya representa una auténtica lección, una sabia relación de contenidos, entrelazados entre sí y con la vida cotidiana, verdaderas cargas de profundidad, dada la agudeza e intensidad de sus apreciaciones, por las que resulta casi imposible no sentirse concernida. Sus intervenciones son también una invitación amable e ineludible a practicar la más seria autocrítica y a no dejarse aplastar por absolutos de ningún tipo. Su presencia y su palabra son un oasis misterioso donde se encuentra un agua que sacia, alegra y ayuda a reconocer que hay otro tipo de sed. La verdad es que fue todo un privilegio contar con ella.

Además de payasa, Virginia Imaz es una magnífica contadora de historias. El viernes por la tarde subió al escenario para hablar de su particular versión del relato bíblico de la mujer de Lot. La narración fue no sólo un maravilloso viaje por el interior de la protagonista, sino una auténtica reinterpretación teológica de la historia, que generó muchas preguntas y que logró emocionarnos casi hasta las lágrimas.

La profundidad del cuento no impidió la presencia de abundantes notas de humor, algunas muy graciosas, que inexplicablemente no acababan de provocar sonrisas o carcajadas en gran parte del público, especialmente el más joven. En efecto, sólo nos reíamos las personas de “más edad”, entre las que definitivamente tengo que empezar a incluirme. Al terminar la actuación, descubrí qué había pasado: la gente joven no tenía ni idea de la existencia de Sodoma y Gomorra, ni de quiénes eran Lot y su mujer, ni de que esta había acabado convertida en estatua de sal por mirar hacia atrás. Las universitarias y universitarios allí presentes no se reían porque no entendían las bromas de la narradora: aunque parezca mentira, no compartían el mismo acervo cultural…

Esa misma noche, Stella Morra, profesora de teología en Roma, explicó que algunas escuelas de arte, en Francia e Italia, están mandando a sus alumnas/os a realizar cursos de Biblia, porque no saben quiénes son Moisés, Judit, Juan el Bautista o María Magdalena, por poner algunos ejemplos, lo que dificulta enormemente sus estudios de Historia del Arte. Confieso que sentí pena por esas generaciones de jóvenes que tienen que abordar como una disciplina académica lo que yo, sin ir más lejos, aprendí sin darme cuenta. Y no fue una pena condescendiente, sino la que siempre me da cuando me topo con la ignorancia, sea propia o ajena.

Seguramente, quienes se acercan a la Biblia y sus historias desconociéndolo todo, como una tabula rasa, tienen una mirada muy diferente de la de quienes estamos tan familiarizadas/os con casi todos los personajes bíblicos, que no recordamos cuándo oímos hablar por primera vez de la historia de José y sus hermanos o cuándo le pusimos rostro y voz a Rut, la moabita. Es posible que las personas jóvenes sin formación religiosa puedan mirar de forma nueva las narraciones de la Biblia y, por tanto, descubrir en ellas nuevos significados. Quizá quienes hemos convivido con estas historias de manera casi “natural” tengamos un espíritu menos crítico o menor capacidad para percibir elementos sorprendentes que la costumbre ha hecho que viéramos como cotidianos. De cualquier forma, creo que para conocer nuestra cultura occidental es tan imprescindible bucear en la Biblia como leer a los clásicos. Y no hacerlo nos convierte en ignorantes, no sólo de nuestro pasado, sino de nuestro presente y de nuestras posibilidades de futuro.

En todo caso, conviene mantener los sentidos atentos, no dar nada por supuesto y agudizar el ingenio, porque incluso los textos más “conocidos” nos dan muchas sorpresas. Sin ir más lejos, nunca me había dado cuenta de que en la historia bíblica que recreó Virginia Imaz, la mujer que se convirtió en estatua de sal, o sea, la protagonista, es una mujer innominada, anónima, identificada tan sólo como “esposa de Lot”.

Hay muchas mujeres sin nombre en la Biblia. Y también en la historia. Si vuelvo a ver a la payasa, le propondré que la próxima vez que cuente lo que le pasó a la mujer que volvió la cabeza le ponga nombre, un nombre hermoso y rotundo que la identifique y nos ayude a entender, sin recurrir a la tan malinterpretada curiosidad de las mujeres, por qué su rostro, también desconocido, quedó inmortalizado en el relato.

Licencia Creative Commons
Conocer y recrear el pasado por María José Ferrer Echávarri se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

2 Responses to “Conocer y recrear el pasado”

  1. ¡Qué bien escribes, María José! Has descrito el seminario magistralmente incluída a la payasa que nos enseñaba que hay que tener humor para andar por la vida, un humor que debe empezar por reirse de uno mismo

  2. Da gusto leerte, porque efectivamente escribes fenomenal, y la descripción es inmejorable, comparto lo que dices totalmente, yo no puedo hacer bromas en clase de este tipo porque no se rien…. triste ¡¡ y la gente confunde tener cultura religiosa con ser parte de la religión. Felicitarte por tu pluma tan ilustrativa, que nos engancha. Ya sabes que las mujeres que escriben son peligrosas, asi que hay que escribir. Besos

Discussion area - Dejar un comentario






He leído y acepto las condiciones generales y la política de privacidad


Información básica sobre protección de datos
Responsable: REVISTA REINADO SOCIAL 21RS (más info)
Finalidad: • Gestión de la adquisición del producto, suscripción o donativo, así como la tramitación de los mismos.
• Envío de comunicaciones relacionadas con el proceso de compra, las suscripciones o los donativos.
• Envío de comunicaciones y ofertas comerciales, por diferentes medios, incluidos los medios electrónicos (email, SMS, entre otros). (más info)
Legitimación: Ejecución de una compra online, suscripción o donativo. (más info)
Destinatarios: No se cederán datos a terceros, salvo obligación legal. (más info)
Derechos: Acceso, rectificación, supresión, cancelación, y oposición. En determinados casos derecho a la limitación del tratamiento de sus datos. (más info)
Información adicional: Puede consultar toda la información completa sobre protección de datos a través del siguiente enlace (más info)
Los enlaces de (más info)