Preguntas fugaces

En estos tiempos de producción tan acelerada de saberes instrumentales fugaces y descartables, hace mucha falta hacer una pausa para recobrar memorias.

Verena Stolcke

El día 7 de noviembre, durante la consagración de la basílica de la Sagrada Familia, de Barcelona, la televisión mostró al mundo entero a varias religiosas mientras limpiaban, ante la presencia de cientos de clérigos, el óleo con el que el papa había ungido el altar –y las salpicaduras que, inevitablemente, habían caído al suelo del presbiterio– y colocaban los manteles para que continuara la eucaristía. La imagen ha despertado muchas críticas y no ha habido medio de comunicación en España que, de una u otra forma, no se haya hecho eco de la polémica suscitada.

Al principio me alegré de que la imagen no hubiera sido “dada por buena” así, por las buenas, y de que hubiera muchas personas lo suficientemente sensibles como para percibir la fuerza y la importancia del valor simbólico de los actos supuestamente naturales o poco cuestionados. Me alegré de que la visión de las religiosas limpiando en el altar despertara, sobre todo en muchas mujeres, preguntas sobre nuestro papel en la iglesia. Pero la alegría se ha ido ensombreciendo con el paso de los días.

Se ha hablado mucho del tema, se le han dado todas las vueltas de rosca posibles, interpretando y reinterpretando el gesto y el contexto, la intención y el resultado, se han puesto el tela de juicio la buena y/o la mala fe de los comentarios, se han visibilizado las siempre presentes manipulaciones de lo que se hace, de lo que se dice, de lo que se calla… En sí, es positivo abordar las cuestiones desde diferentes ángulos, dejar que fluyan las preguntas, no ahogar las intuiciones, dar un paso más allá. Pero me pregunto si también lo es hacerlo en todo momento y a toda velocidad, sin espacio real para una reflexión profunda y madurada por el tiempo.

El día 11 de noviembre, apenas cuatro días después del acontecimiento de la Sagrada Familia, una amiga que vive en Cataluña reclamaba un poco de tranquilidad sobre la cuestión. “A ver si pasa todo ya”, me escribía en un mail. Ese mismo día, otra amiga –esta en Madrid– me contaba que cuando Juan Pablo II consagró la catedral de la Almudena, en 1993, se produjo una escena parecida que también generó debate, pero que se olvidó pronto. Una encendió mis alarmas interiores con su manifestación de hastío por saturación, y la otra me dio una prueba contundente de que hablar un tiempo durante un tema es fácil, pero que no lo es tanto mantener abierto el interrogante y despierta la inquietud.

En los medios de comunicación se han dicho cosas muy interesantes y también muchas patrañas. Han opinado personas de ideologías y ambientes muy distintos y con muy diversos intereses. Hay quienes han reñido a brazo partido y hay quienes se han expresado con serenidad y sin asomo de ira. El tema, públicamente, se ha “ordeñado” al máximo. Y ahora, ¿qué?

Cuando hacía atletismo, el entrenador me decía que mis piernas eran potentes, pero que me faltaba resistencia, es decir, que se me podía pedir un gran derroche de energía momentáneo, pero que no era capaz de realizar un esfuerzo continuado, aunque fuera de menor intensidad. Recuerdo que me daba rabia no ser potente y resistente al mismo tiempo –bendita juventud, que todo lo quiere– y tenía serias dudas sobre cuál de las dos características era mejor. Como me dedicaba al salto de altura y longitud, la potencia resultó mejor para mis intereses, pero siempre albergué la esperanza de llegar a ser alguna vez resistente, porque la resistencia es más a largo plazo, como la vida…

A veces, tengo la sensación de que, cuando se debate sobre cualquier cosa, echamos mano a la potencia, en detrimento de la resistencia, por lo que los temas –y las reflexiones que generan– acaban “caducando” en muy poco tiempo. Las inquietudes a que dan lugar se enfrían, se olvidan, se entierran… y el potencial que podrían haber tenido algunas críticas, algunas sugerencias, algunas visiones, se esfuma, como fuerza que se escapa por la boca, y pierde su capacidad transformadora.

Confío en que, en esta ocasión, no sea así. Confío en que los efectos que esta imagen ha producido en el interior de muchas mujeres –sobre todo religiosas y monjas– en cuyas conciencias han surgido algunos interrogantes inesperados, no tengan fecha de caducidad, no sean como estrellas fugaces, hermosas, pero pasajeras e inasequibles. Espero y deseo que todas estas mujeres, o la mayoría, sean/seamos atletas más resistentes que potentes y que, aunque todos los demás se olviden, ni enterremos las preguntas ni dejemos de buscar respuestas, porque, lo sepamos o no, sin nuestra participación activa, ni la igualdad ni la justicia se harán presentes en la historia.

Licencia Creative Commons
Preguntas fugaces por María José Ferrer Echávarri se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

5 Responses to “Preguntas fugaces”

  1. Como siempre, es un placer leerte

  2. Dices las cosas en su sitio, sin amargura y eso es una gran virtud

  3. Me viene hoy tu post como anillo al dedo. Cuando me dicen que ya estoy con lo mismo de siempre pienso que igual tienen razón, que tendría que relajarme un poco y dejar de irritarme e indignarme ante los casos diarios de machismo, de ninguneo, desprecio o cosificación de la mujer a los que asisto en la política, la publicidad, los medios de comunicación o cualquier otro contexto. Pero no. La realidad es que hay que seguir vigilantes y firmes contra viento y marea. Y de la mano de gente como tú es mucho más fácil. Aunque duela tanto que otros, con quienes sientes sintonía en tantas otras cuestiones, no se pongan de este lado cuando se trata de defender la igualdad y la justicia.

  4. Una imágen vale más que mil palabras y la escena ha tenido una potencia increíble. No es más que un reflejo de lo que hay. Los medios de comunicación abruman con noticias, bombardean con montones de ideas, unas buenas, otras muchas mediocres. Pero cada cual puede sacar sus propias conclusiones, lo que ocurre es que quizás la consecuencia lógica de esas reflexiones nos invite a tomar decisiones que dan miedo, y por eso, después del lógico cabreo, nos desinflemos como globos.

  5. Ahora que se evaporaron los inciensos, se fueron los peregrinos, los reyes y principes de este mundo se retiraron a sus palacios y las tropas a sus cuarteles, queda un sabor agrio y vergonzante.

    Si Dios es amor y bondad y belleza, yo no ví ni sentí nada de eso. El peregrino de la fe que llegó a España no trajo consuelo a los millones de parados, no habló de amor y misericordia para las familias de homosexuales ,o para los separados que han creado nuevas familias, no habló de los derechos de la mujer ni de la violencia que sobre ella se ejerce, no denuncio las injusticias y corrupciones que nos invaden etc…..

    Lo que nos dijo, entre otras cosas es, que la mujer en casa y la pata quebrada y que eramos unos quema-iglesias, que atacábamos a los consagrados.

    Yo tengo miedo a este peregrino, cargado con tal equipo de seguridad persona,l que mas bien parece el Bin Laden de occidente. Y siento que ataca mi ser mas profundo como mujer y cristiana. El no confia en mi y yo no puedo confiar en el. Y lo mas serio es que el no tiene motivos para desconfiar de mi ,pero yo si los tengo para desconfiar de el .

    Por último , el Jesús que que yo voy descubriendo, va solo , sin equipaje para el camino, derrocha amor , y compasión, no rechaza a nadie y a cuerpo descubierto te invita a sentarse a su mesa. El si que confia .

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