Respuesta colectiva

La teología feminista surge, como toda teología de la liberación, por las heridas experimentadas; nace de la destrucción que se ha causado a la vida de mujeres, sea una destrucción económica, política, social, física, intelectual o psíquica […]. Surge entre mujeres que se dan cuenta de su situación, rompiendo con los convencionalismos y las formas de la teología dominante y de sus avenencias con el poder.

Dorothee Sölle

Hay veces que los “elementos” se ponen de acuerdo y parecen apuntar todos en la misma dirección, aunque también es posible que sea la mirada sobre ellos la que les da un sentido, al interpretar la sincronía de algunos acontecimientos como una evidencia de su indiscutible emergencia, más que como la causa de una mal atribuida conexión de fondo.

El 31 de marzo, una amiga me envió al correo electrónico el enlace de una entrevista realizada el día 29 de marzo en televisión[1]. La protagonista, Esther Vivas, se presentaba en el programa como altermundista, término que interpreté como persona que cree que el mundo puede ser, de verdad, de otra manera y que trabaja para conseguirlo, algo que suena realmente esperanzador. Un bloguero, dos días más tarde, entresacaba una frase de Esther Vivas, a modo de titular: “Se empieza por indignarse, luego rebelarse y actuar colectivamente”.

El 2 de abril, en Informe Semanal, emitieron un documental sobre el espectacular éxito de ventas, sobre todo en Francia, del librito ¡Indignaos!, del nonagenario Stéphane Hessel, escrito para despertar las conciencias –especialmente de las personas jóvenes– y, con ellas, las emociones, sin las que resulta muy difícil sacudirse el letargo y, sobre todo, levantarse de la poltrona en la que parece que nos hemos hundido.

El lunes siguiente, el tema estrella de la conversación a la entrada y la salida del trabajo era, precisamente, la indignación. Laura, la más joven de mis compañeras, explicaba con enorme entusiasmo lo muchísimo que le había gustado el libro de Hessel. “Es que, al leerlo, sentía que me corría la sangre por las venas”, me dijo al salir, mientras fichábamos. En el tramo que recorrimos juntas antes de ir cada una a su casa, charlamos un poco sobre el tema. Laura aseguraba que el libro –que yo no he leído, por lo que no puedo corroborar su afirmación– no era tanto una fuente de ideas nuevas o desconocidas, sino un despertador, un recordatorio de cosas que todas y todos sabemos, pero que logramos mantener a raya para que no nos afecten. Cinco metros antes de despedirnos, salió la palabra-clave: esperanza: “Tenemos que creer que podemos, aunque aún no sepamos cómo”, dijo Laura cuando se alejaba.

Esta mañana, mientras andaba recogiendo la casa, el informativo de la radio, en menos de dos minutos, dio cuenta de cuatro casos de terrorismo machista –el locutor lo denominó violencia de género– que hoy son noticia, bien porque se acaban de producir, bien porque, aunque perpetrados hace tiempo, están actualmente en los tribunales. Cuando me di cuenta, me asusté, pero lo más aterrador –y, por supuesto, indignante– fueron los datos proporcionados por la Fundación ANAR (de Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo), que hoy ha presentado el nuevo teléfono común (116 111) puesto en marcha por la Unión Europea para ayudar a menores de edad. Por lo visto, el teléfono recibe más de quinientas llamadas al día, muchas de niñas-adolescentes que denuncian malos tratos por parte de sus parejas, o sea, de sus novios, que sin duda son también, en su mayoría, niños-adolescentes. La representante de ANAR decía que, a menudo, las personas que atienden el teléfono tienen que explicar a estas jovencísimas mujeres que lo que refieren en sus consultas no es “normal” en una relación afectivo-amorosa, es decir, que el amor no obliga a dejarse humillar, insultar, golpear, despreciar… ni a ser un objeto sexual.

Al mediodía, al entrar en mi correo electrónico, encontré un aviso de que había un nuevo post en “Vita Intensa”, el blog de mi amiga Estíbaliz[2], que recomiendo encarecidamente por la elección de los temas, por la lucidez y la profundidad con que la autora los trata, y por el intenso feminismo que habita cada rincón del blog, lo que la convierte, para mí, en un verdadero referente. Al margen del tema de su último post, relacionado con la presencia de las mujeres en la web 2.0, Estíbaliz se muestra contraria a “la búsqueda de respuestas individuales a las preguntas de nuestro tiempo”, lo que me  hace pensar que el compromiso personal, necesario para todo proceso de cambio, no tiene nada que ver con la individualidad entendida como aislamiento. Porque, si bien es cierto que la identidad es una especie de sistema de elementos complejamente relacionados, cada persona es, a su vez, un elemento del complejo contexto social, cultural, económico, ideológico, afectivo… del que forma parte, y sin el cual no solo “no somos nadie”, sino que podemos muy poco. Una vez más, lo personal es político, y si se hace colectivo, más.

La lista de sincronías y de eventos que mis ojos ven relacionados sería interminable, por lo que me bastan los anteriores botones –cotidianos a más no poder– para albergar y alimentar la certeza de que algo se está moviendo en las vidas concretas, de dentro afuera, que nos empuja a indignarnos y, por tanto, a rebelarnos ante la indignidad que sufren tantas personas –¿también nosotras/os?– y a mirarnos, iguales y diferentes, con esperanza, como piezas indispensables de un futuro mejor que podemos y debemos inventar y construir colectivamente. No hay otro camino.


[1] www.rtve.es/alacarta/videos/para-todos-la-2/para-todos-2-esther-vivas/1058341/

[2] http://vitaintensaestibaliz.blogspot.com/2011/04/twiteos-egos-y-huevos.html

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Respuesta colectiva por María José Ferrer Echávarri se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

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