No lo sé

Sírvame el entendimiento

alguna vez de descanso.

Sor Juana Inés de la Cruz

Pienso que todo el mundo ha pasado alguna vez, o muchas, por la experiencia de no poder conciliar el sueño a causa de las preocupaciones. Es bastante angustioso meterse en la cama, apagar la luz, cerrar los ojos, pillar postura y comprobar que los pensamientos circulan a toda velocidad de un lado a otro de la cabeza, cruzándose, enredándose, engordando la inquietud –o la tristeza o el miedo– y, por tanto, transformando el sueño en insomnio y la vela en desvelos. La otra versión del triunfo del desasosiego sobre algo tan natural y necesario como el dormir es la de no dejar que el sueño, aunque se dé, cumpla su misión reparadora, de manera que el cansancio se acaba convirtiendo en una sombra que oscurece todas nuestras horas, aunque sean diurnas.

Las preocupaciones que nos impiden dormir o que convierten nuestras noches en un escenario perfecto para pesadillas tienen diverso origen: problemas laborales –que a menudo no tienen que ver con el puesto de trabajo, sin con la falta de él–, económicos, familiares, afectivos… A veces, nuestro cuerpo y nuestra mente se sienten sobrepasados por exceso de carga: demasiadas obligaciones, demasiados frentes abiertos, tareas que van más allá de nuestras posibilidades, demasiada implicación en realidades que escapan de nuestras manos… Otras, las preocupaciones no tienen un nombre definido, o no se lo encontramos. Sencillamente, sentimos que la vida pesa mucho y no podemos con ella, o experimentamos una intensa angustia frente a la realidad en su conjunto, porque no la entendemos o –aunque parezca paradójico– porque entendemos demasiado bien lo que (nos) sucede. Tanto, que la esperanza en un mundo mejor se resiente y, con ella, todo nuestro ser.

Leí hace tiempo un texto de Dorothee Sölle, no recuerdo de qué obra, del que copié un párrafo que me dio mucho que pensar: “Nuestro conocimiento participa poco en el poder de la vida, ya que es esencialmente un conocimiento de muerte. Quien más lee, quien más datos disponibles tiene en su mente, quien posee las más sofisticadas explicaciones de cómo se relacionan las cosas unas con otras, no se siente más sino menos fuerte, no siente la urgencia de resistir, sino de olvidarlo todo acerca de la política, de acudir a su esfera privada y, a lo mejor, de una espiritualidad de fin de semana, teniendo la menor relación posible con la realidad”. La teóloga alemana habla del miedo y de la impotencia que anidan, a veces, en quienes, precisamente porque no son ignorantes, ven la realidad con lucidez y son capaces de descubrir las manipulaciones, los engaños, los peligros… Un miedo y una impotencia que, fácilmente, invitan a la huida y al sálvese quien pueda, eso sí, con argumentos espirituales, que siempre son muy socorridos cuando de “desconectarse” de la realidad se trata.

Creo que he escrito ya más de una vez que la lucidez no es cómoda, ni fácil de sobrellevar. Si es cierto que nuestro conocimiento participa poco del poder de la vida, ¿no sería mejor no conocer? Sin duda, hay gente interesada en la propia ignorancia como forma de anestesia para alcanzar cierto grado de felicidad, pero hay mucha más empeñada en la ignorancia ajena, es decir, en que exista el mayor número posible de personas ignorantes, y no precisamente para que sean “felices”, sino para que no incomoden. ¿Nos resultaría más fácil vivir sin saber? ¿Por qué tendríamos que desear darnos cuenta de la realidad, si nos sentimos impotentes para mejorarla? Pues, como diría Chantal Maillard, “para entrar en la danza. Para jugar el gran juego de la vida con todas las cartas en la mano, o por lo menos, con alguna más”.

Y mientras escribo, no puedo evitar pensar en quienes desde el 15 de mayo ocupan las plazas de algunas ciudades españolas. En la mía se han instalado al lado de casa, por lo que puedo ver cada día cómo crece el número de personas que apoyan la iniciativa. También aumentan los mensajes que la gente deja, en distintos soportes, expresando el porqué de su indignación. Esta mañana me paré a leer los enormes plásticos blancos que cubren el suelo de la plaza y sobre los que se amontonan razones escritas con mil caligrafías y colores. Entré en el portal con la bolsa de la compra y con lágrimas en los ojos. Algunas frases son geniales: incisivas, ingeniosas, literariamente atractivas, bien construidas… Otras, las menos, tópicas y previsibles. Y otras muchas, normalmente breves y sin artificios, una auténtica expresión de vida que no se resigna a la ignorancia y de vidas que no renuncian a lo que las hace más humanas: la libertad de decir, de participar y de ser.

No voy a analizar el fenómeno. Hay, en todos los medios, debates muy interesantes donde se aborda la cuestión desde muy diferentes puntos de vista. Solo quiero expresar mi alegría por la existencia de personas –la mayoría jóvenes, en este caso– que han decidido ponerse a pensar y no quieren renunciar a un futuro mejor por no ser copartícipes y corresponsables de la construcción del presente, aunque participar y responsabilizarse les quite alguna vez el sueño.

Hay quienes dicen que es muy fácil protestar sin ofrecer alternativas, pero quizá el comienzo de las alternativas esté precisamente en protestar y seguir buscándolas. ¿Cómo se arregla el mundo? No lo sé, pero estoy segura de que la solución no vendrá “de fuera”, sino del “adentramiento” lúcido de cada una/o en la realidad con el mayor número de cartas en la mano, y del compromiso personal y social que de ello se deriva, porque estar despiertas/os no significa renunciar a los sueños, sino no perderlos de vista.

Licencia Creative Commons
No lo sé por María José Ferrer Echávarri se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Discussion area - Dejar un comentario






He leído y acepto las condiciones generales y la política de privacidad


Información básica sobre protección de datos
Responsable: REVISTA REINADO SOCIAL 21RS (más info)
Finalidad: • Gestión de la adquisición del producto, suscripción o donativo, así como la tramitación de los mismos.
• Envío de comunicaciones relacionadas con el proceso de compra, las suscripciones o los donativos.
• Envío de comunicaciones y ofertas comerciales, por diferentes medios, incluidos los medios electrónicos (email, SMS, entre otros). (más info)
Legitimación: Ejecución de una compra online, suscripción o donativo. (más info)
Destinatarios: No se cederán datos a terceros, salvo obligación legal. (más info)
Derechos: Acceso, rectificación, supresión, cancelación, y oposición. En determinados casos derecho a la limitación del tratamiento de sus datos. (más info)
Información adicional: Puede consultar toda la información completa sobre protección de datos a través del siguiente enlace (más info)
Los enlaces de (más info)