Sumar para ganar
Resulta esencial mirarnos en el espejo de todas aquellas que pueden servirnos de referente. A pesar de lo que nos hayan hecho creer, no somos huérfanas sin historia, disponemos de nuestra propia genealogía que nos legitima. Es necesario volver los ojos a la historia para reconocer el presente y abordar el futuro, con la madurez espiritual y personal que nos permita reconocernos como sujetos de nuestra propia historia.
Anabella Barroso
Acabo de volver del VI Seminario Presencial de la Escuela Feminista de Teología de Andalucía (EFETA), celebrado en la Universidad de Sevilla del 13 al 15 de octubre, bajo el título “Intimidades: mujeres, desde los textos a las nuevas tecnologías”. Noto que estoy cansada, y no solo por los cientos de kilómetros al volante. Los días pasados en Sevilla fueron intensos e interesantes y, por tanto, me entregué a ellos con interés e intensidad: escuchando, observando, sintiendo, dialogando, disfrutando… Creo que la inversión de energía ha merecido la pena.
Ayer por la mañana me puse a escribir este post con la intención de compartir las experiencias de estos días. Tecleé algunas líneas, pero acabé borrándolas todas, porque no respondían, ni de lejos, a lo que yo quería decir. La verdad es que resulta muy curioso ver cómo, a menudo, lo que circula por la mente y el corazón no llega a los dedos, aunque estos lo intuyan. Tenía ganas de hablar del tema sobre el que se articulaba el seminario, apasionante desde cualquier perspectiva que se abordara, como de hecho sucedió, pues las miradas sobre él fueron diversas y enriquecedoras. Me parecía justo mencionar, siquiera brevemente, a las/os ponentes y a algunas de las mujeres sobre las que reflexionaron. Me apetecía mucho sacar a relucir los textos clásicos objeto de estudio –diarios, epistolarios, poemas– y los menos clásicos –blogs, webs…–, así como los diferentes modos en que se crea y se transmite doctrina patriarcal a través de los iconos femeninos de los videojuegos, de los comics y de los medios de comunicación de masas, sobre todo en los programas de entretenimiento de la tele. Tenía ganas, me parecía, me apetecía… Pero no era eso lo que quería abrirse paso en mis palabras. Decidí, pues, dejarlo todo para hoy.
Esta mañana, al abrir el ordenador, he encontrado un correo de mi amiga Mari, que tuvo una ponencia magnífica en Sevilla, en el que me decía que había un post sobre el seminario presencial de EFETA en el blog de la web “Ciudad de Mujeres” (http://www.ciudaddemujeres.com/), cuyas autoras –María José Moreno y a María José Sánchez– fueron invitadas para hablar de cuál ha sido su experiencia y su trayectoria como creadoras y gestoras de una web que ha sido y es referencia indispensable para el feminismo. Su post (http://www.ciudaddemujeres.com/?p=321) contiene algo –en realidad, mucho– de lo que yo quería escribir ayer y no me salía. Verme reflejada en el espejo de sus palabras y en su “feminismo en vena” –utilizando una expresión suya– ha recolocado las mías y, de pronto, todo se me ha vuelto más fácil. Ahora, ya sé lo que quiero decir y cómo hacerlo.
Quiero decir que por el seminario pasaron ante nuestros ojos mujeres del pasado y del presente a través de las cuales se visibilizó la resistencia de las mujeres a la invisibilidad que el patriarcado ha impuesto –y aún impone–, eso sí, sin conseguirlo del todo, no solo porque, como dijo Virginia Imaz, no hay jaula con los barrotes lo suficientemente juntos para impedir que se escapen las ideas, sino porque las mujeres siempre hemos encontrado –y seguiremos encontrando– espacios de libertad para pensar, para sentir y para expresarnos con palabras y con obras.
Quiero decir que, aunque nunca es posible hablar de otras/os sin decirse un poco, hubo varias ponentes, y no pocas, que hablaron de sí mismas, que contaron contándose, que visibilizaron sus experiencias dejando entrar, que revelaron desvelándose. Y todo ello, sin violar ninguna intimidad, y mucho menos la propia, porque hay un modo de compartir que logra que lo más personal se haga universal, que la anécdota se convierta en categoría, que lo cotidiano se revele como historia, que la información se trasforme en comunicación, que la emoción se haga pensamiento y el pensamiento emocione.
Pero quiero decir, sobre todo, que fue un seminario donde se aceptaron las diferencias sin juicios de valor, sin exclusiones. Un seminario en el que no triunfó la vieja y eficaz estratagema patriarcal de dividir y enfrentar a las mujeres para debilitarnos generando desconfianza mutua. Un seminario donde, por encima de todo, se sumó. Sumamos ideas, perspectivas, fuerzas, experiencias, sueños y vidas. Y estoy convencida de que, una vez más, el resultado será mayor a la simple suma de las partes.
¿Fue todo perfecto? No. Paradójicamente –EFETA era la organizadora del seminario– la teología feminista apenas estuvo representada. Pero tomar conciencia de las limitaciones es también una forma de superarlas, una forma de no caer en la trampa del triunfalismo, cuando queda tanto por hacer, por pensar, por sentir. Y confío en que el encuentro de estos días en Sevilla sea un paso más, pues no es el primero, para que las mujeres feministas construyamos un futuro mejor para toda la humanidad, sin que ser creyente o no se convierta en un obstáculo, ni para unas ni para otras.
* El título de este post está inspirado en el de un libro de Montserrat Barderi, Perder para ganar, quien también acudió al seminario como ponente.

Qué gusto leer con esa habilidad que tienes para escribir, decir tanto, en tan poco espacio y sobretodo sentir aquello que escribes, muy buena crónica de lo vivido, como siempre gracias por la fluidez y la pluma tan inspirada y divina ¡¡¡
¡Gracias María José por compartir con nosotras del hemisferio Sur las buenas noticias de nuestra escuela EFETA! Mi encanto del año pasado, saliendo de la virtualidad de 4 años de estudio para la realidad del V Seminario en Sevilla y el re-conocimiento de quienes construyen EFETA, siga bien vivo en mi memoria del corazón.
¡Seguimos siendo EFETA!