Marea violeta

El peor enemigo de las mujeres es su abnegación.

Betty Friedan

 

Hace pocos días que una amiga me envió por correo electrónico información sobre la “Marea violeta”, un movimiento social surgido en Málaga a causa de los recortes económicos y sociales a las políticas de igualdad. El manifiesto redactado por dicho movimiento, que se ha extendido por todo el país, denuncia la reducción de presupuestos destinados a las políticas de igualdad, a la Ley de Autonomía Personal –lo que todo el mundo denomina “ley de dependencia” y que afecta sobre todo a las mujeres, que son las más implicadas en el cuidado de las personas no autónomas– y a la de Derechos Sexuales y Reproductivos; la eliminación de las subvenciones destinadas a los ayuntamientos para el mantenimiento de los centros municipales de atención a las mujeres, a las casas de acogida para mujeres víctimas de la violencia machista, a los centros de orientación y de asesoría jurídica a las mujeres; la desaparición de los Institutos de la Mujer, y el incumplimiento de las leyes de igualdad en cuanto al uso del lenguaje no sexista y a la obligación de los poderes públicos de promover la igualdad real entre hombres y mujeres en sus políticas. Asimismo, la “Marea violeta” invita a movilizarse hoy, viernes 10 de febrero, a las 19,30 h., con concentraciones y/o manifestaciones en las principales plazas de las ciudades de todo el país. Y, como símbolo visible del espíritu que alienta este movimiento, se propone que las/os asistentes vistan de negro con una bufanda o pañuelo violeta. Se trata, pues, de una iniciativa feminista a la que, por cierto, muy pocos medios de comunicación nacionales han dedicado un mínimo espacio.

Las últimas noticias que tengo al respecto es que, como respuesta a la convocatoria violeta, se han adherido cientos de asociaciones y grupos sociales, muchos de mujeres, que han organizado movilizaciones en cuarenta ciudades, entre las cuales, desgraciadamente, no se cuenta la mía. Así, pues, no puedo unirme a la protesta-reivindicación, pero he decidido vestirme de negro y lucir una bufanda malva –no la tengo violeta– y unirme a la marea, con la esperanza de contribuir a que se haga visible que somos muchas las personas dispuestas a trabajar por la igualdad allí donde estemos hoy, y mañana.

Confieso que nunca creí que las mujeres tendríamos que volver a tomar la calle para reivindicar nuestros derechos. La movilización de hoy es, sin duda, una mala noticia, porque evidencia un retroceso cuyas nefastas consecuencias no sé si somos capaces de vislumbrar totalmente. No obstante, me pregunto si la evidente regresión es un golpe de timón arbitrario o la normalización de una realidad –más o menos soterrada hasta hace poco, por considerarse políticamente incorrecta– que nunca nos ha dejado y que ha proyectado su sombra incluso cuando parecía que transitábamos por buen camino.

Me refiero al machismo. Durante algún tiempo, quienes defendían abiertamente las ideologías patriarcales empezaron a ser mal vistos y decidieron hablar bajito o guardar silencio, pero solo para elaborar un nuevo machismo, denominado neomachismo, con otros argumentos, más amables, más sutiles, más razonables, siempre con el objetivo de oponerse a la igualdad, aunque no de frente. Porque los neomachistas no cuestionan la igualdad en sí, sino las consecuencias de su ejercicio, lo que, en definitiva, conduce al punto de partida: la subordinación de las mujeres. Pues bien, este neomachismo, que demuestra entre otras cosas que el machismo ha estado siempre ahí y que la igualdad es una asignatura más que pendiente, empieza a reconquistar posiciones y a manifestarse abiertamente como alternativa, y, lo que es peor, a contar con el beneplácito de los poderes públicos y de algunos medios. Si no reaccionamos, en poco tiempo, no será necesario el prefijo neo-, porque este machismo renovado se parecerá cada vez más al descarado machismo de siempre. Un negro futuro para las mujeres y, por tanto, para toda la sociedad.

Dicen que el negro no es un color, sino la ausencia de luz, y que, por el contrario, los diferentes colores son el resultado de la descomposición de la luz, con su gama infinita de tonalidades. No sé si el movimiento “Marea violeta” pensó en esto cuando propuso añadir algo violeta a la vestimenta negra de fondo, pero yo quiero interpretar el símbolo como metáfora de la luz que el feminismo ha aportado, aporta y aportará a la oscuridad que la desigualdad y la subordinación de las mujeres arrojan sobre la humanidad. Y si toca volver a las calles, que sea con bufanda violeta, o malva, porque no todos los feminismos son iguales, ni falta que hace. Solo espero que la marea, tenga el tamaño que tenga, no sea flor de un día, sino un eslabón más capaz de conectar los logros del pasado con la esperanza del futuro.

Licencia Creative Commons
Marea violeta por María José Ferrer Echávarri se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Discussion area - Dejar un comentario






He leído y acepto las condiciones generales y la política de privacidad


Información básica sobre protección de datos
Responsable: REVISTA REINADO SOCIAL 21RS (más info)
Finalidad: • Gestión de la adquisición del producto, suscripción o donativo, así como la tramitación de los mismos.
• Envío de comunicaciones relacionadas con el proceso de compra, las suscripciones o los donativos.
• Envío de comunicaciones y ofertas comerciales, por diferentes medios, incluidos los medios electrónicos (email, SMS, entre otros). (más info)
Legitimación: Ejecución de una compra online, suscripción o donativo. (más info)
Destinatarios: No se cederán datos a terceros, salvo obligación legal. (más info)
Derechos: Acceso, rectificación, supresión, cancelación, y oposición. En determinados casos derecho a la limitación del tratamiento de sus datos. (más info)
Información adicional: Puede consultar toda la información completa sobre protección de datos a través del siguiente enlace (más info)
Los enlaces de (más info)