Sin descanso

Seguir la actualidad desde una óptica igualitaria es un verdadero tormento.

Gabriela Cañas

 

No puedo. Hay veces que me propongo descansar un poco, relajar las antenas, pasar por los días y las horas como de puntillas, desviar la atención a otras cosas… Pero no puedo. O mejor dicho, la realidad no me deja: la violencia machista está ahí, y son muchas las mujeres que la sufren. Se manifiesta en muy diversos modos y grados, en un goteo continuo que, tristemente y muy a menudo, pasa inadvertido, como si formar parte del paisaje le restara gravedad, como si su condición de mal cotidiano menguara y el daño que produce y, lo que es peor, nuestra capacidad de escandalizarnos ante ella y de reaccionar.

Las cifras se suceden, negro sobre blanco. Por ejemplo, en Guatemala, según datos oficiales, ha habido en lo que va de año 420 feminicidios. ¿Estremece el dato? No siempre, no a todas/os, no en todos los lugares. Hay países, como México, Brasil o la India, por citar unos pocos, donde no hay cifras oficiales de las víctimas mortales de la violencia machista. En algunos, el feminicidio ni siquiera está tipificado como un tipo especial de homicidio, por lo que los asesinatos machistas –y de paso las mujeres que pierden la vida por su causa– quedan desdibujados entre el resto, como si fueran de la misma índole que los producidos en otras circunstancias. Sin embargo, no lo son. Las mujeres muertas por la violencia machista son asesinadas por ser mujeres. Si no lo fueran, seguirían con vida.

Pero los feminicidios –y los malos tratos físicos contra las mujeres– no son la única manifestación de la violencia machista. Las/os hijas/os de las mujeres también la sufren. Estos días, sin ir más lejos, todos los medios de comunicación en España han estado pendientes del juicio por el asesinato de Ruth y José, dos niños de seis y dos años, respectivamente, asesinados y calcinados por su padre, cuyo único móvil para semejante atrocidad fue causar el mayor daño posible a la madre de los pequeños, que se estaba divorciando de él. Y lo peor es que no han sido los únicos, ya que, según parece, este año doce niños han sido asesinados en España por sus padres para vengarse de sus madres.

La violencia sexual también es violencia machista. Y no han sido pocas las noticias relacionadas con ella que desde hace semanas han aparecido en periódicos y telediarios. Quizá por el alto número de víctimas, han sido especialmente llamativas las referidas a los abusos sexuales y violaciones acaecidos en la Plaza Tahrir de El Cairo durante los últimos disturbios en Egipto: centenares de mujeres han sido agredidas sexualmente en dicha plaza y en los alrededores, y no por individuos aislados, sino de forma colectiva, organizada según una estrategia bien establecida: un grupo de hombres rodea a una mujer y forma una cadena a su alrededor que, a su vez, es protegida por otro círculo de hombres mucho más numeroso; la mujer –no importa que lleve velo o no– se queda sola, en el centro de una multitud que impide que nadie la ayude, y los hombres que la rodean abusan de ella y la violan con extrema violencia. ¿El objetivo? Asustar a las mujeres para que no participen en los actos públicos: echarlas de la calle, recluirlas en casa. ¿Por qué? Porque no son tan “personas”, tan “humanas” como los varones, porque, en palabras del escritor egipcio Alaa Al Aswany, que denuncia el retroceso en su país respecto a la forma de ver a la mujer, esta “solo es un cuerpo deseado por los hombres y es considerada como una hembra de principio a fin. Es decir, un instrumento de placer, una fuente de tentación y una máquina para producir niños. De este modo, cualquier actividad fuera de sus funciones femeninas es secundaria y marginal”.

Desde aquí, resulta muy cómodo considerar bárbaras tales prácticas y verlas como algo lejano, propio de países poco desarrollados y democráticos… Pero la realidad es que, en España, son denunciadas anualmente cerca de mil doscientas violaciones[1], de las que, por otro lado, se habla muy poco. Son más de tres al día, más de una cada ocho horas. Cada ocho horas al menos, una mujer de este país civilizado y democrático es violada porque hay hombres que necesitan reafirmar su poder –no es cuestión de placer sexual– sobre esa mitad de la población a la que ven solo como cuerpos a su servicio.

Son solo unas cuantas cifras –podrían ser muchas más–, puestas en informes oficiales, o no. Son solo unos cuantos dígitos, pero detrás de ellos hay nombres, hay vidas, hay cuerpos humanos que sufren dolor, humillación, miedo y, en algunos casos, la muerte. No puedo permitirme inmunizarme ante los números solo porque duelen, solo porque no cesan, solo porque parece que no va a llegar el día en que desaparezcan. Hay realidades ante las que no es posible relajarse, ante las que no es posible el descanso ni, por supuesto, el silencio. Por más que atormenten, por más que incomoden, por más que pesen.


[1] Sin duda son muchas más, puesto que todo el mundo sabe que no todas las violaciones acaban en denuncia.

Licencia Creative Commons
Sin descanso por María José Ferrer Echávarri se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

2 Responses to “Sin descanso”

  1. María José me han impresionado algunas fotos que han salido en los periódicos de las mujeres que han corrido el encierro de Pamplona. Se aprovechan de la multitud para arrancarles la ropa y dedicarles toda clase de tocamientos

  2. Curiosamente acabo de regresar de un viaje por Mexico y en un articulo de prensa leí que en 19 de los estados el rapto esta exento de pena si el que lo comete se casa con la víctima . Asimismo consideran un atenuante de homicidio la infidelidad de la esposa y el asesinato esta penado en Michoacán con menos cárcel que el robo de una vaca.

Discussion area - Dejar un comentario






He leído y acepto las condiciones generales y la política de privacidad


Información básica sobre protección de datos
Responsable: REVISTA REINADO SOCIAL 21RS (más info)
Finalidad: • Gestión de la adquisición del producto, suscripción o donativo, así como la tramitación de los mismos.
• Envío de comunicaciones relacionadas con el proceso de compra, las suscripciones o los donativos.
• Envío de comunicaciones y ofertas comerciales, por diferentes medios, incluidos los medios electrónicos (email, SMS, entre otros). (más info)
Legitimación: Ejecución de una compra online, suscripción o donativo. (más info)
Destinatarios: No se cederán datos a terceros, salvo obligación legal. (más info)
Derechos: Acceso, rectificación, supresión, cancelación, y oposición. En determinados casos derecho a la limitación del tratamiento de sus datos. (más info)
Información adicional: Puede consultar toda la información completa sobre protección de datos a través del siguiente enlace (más info)
Los enlaces de (más info)