Sueños

Pasa todo tan aprisa, que parece que la vida no nos ha dado tiempo para todo lo que soñábamos…

Carmen Echávarri

 

Supongo que uno de los efectos de cumplir años es que acaba teniéndose más pasado que futuro, lo que invita de vez en cuando a analizar lo vivido con la perspectiva que da estar ya en la línea que un día era aún horizonte. De alguna manera, repasar la vida significa no solo rememorar la propia historia, sino también hacerse consciente de un proceso en el que son tan importantes los cambios como aquello que permanece como una constante. Pararse un poco y echar la vista atrás supone, asimismo, tomar conciencia del paso de tiempo y experimentar tanto sus efectos, como el modo en que nos relacionamos con él.

Cuando era joven, a veces me parecía que el tiempo transcurría con una lentitud intolerable. De niña, no veía la hora de ser mayor y de poder hacer todo aquello que la edad me impedía. En torno a los veinte años, todavía sentía el tiempo como un obstáculo, pues me devoraba la impaciencia por ver realizados mis muchos sueños. A los treinta, empecé a darme cuenta de que el tiempo no es el enemigo que hay que vencer, sino el aliado necesario para que todo sueño encuentre el modo de cumplirse o se manifieste como imposible, por lo que mi tiempo interno se fue ajustando, más o menos, al ritmo del reloj y del calendario. Ahora, estoy de nuevo “desajustada”, pero porque los días pasan mucho más rápido de lo que quisiera, porque no tengo tiempo para todo lo que me gustaría…

Hace poco, en mi grupo de reflexión teológica feminista, trabajamos un artículo de Ivone Gebara titulado “Hay un tiempo para todo: algunas lecciones aprendidas de la vida”, en el que, entre otras cosas, se podía leer: “Creo que ya no tendré tiempo para ver la justicia realizada, la tierra respetada, la vida plenamente desarrollada, como soñaba. Estos son sueños recurrentes que sin duda sustentaron y sustentan mi vida. Entretanto, reconozco que de todo eso algo vi, algo sentí, algo amé, algo sufrí, algo viví. Percibo ahora que nuestros sueños se realizan de cierta forma en tanto los estamos soñando. Los sueños no son para después. Son del presente, porque el futuro también nos invita a tener sueños, y estos serán al menos un poco diferentes de los actuales. Es en el momento único del presente que algo de nuestros sueños se realiza”.

Desde que leí el artículo de Gebara, he pensado mucho en mis propios sueños, que es una interesante forma de mirar hacia atrás… y también hacia adelante. Al hacerlo, he visto que, de los sueños del pasado, muchos de ellos ligados a mis proyectos de vida, unos, como suele pasar, quedaron frustrados a medio camino, otros se cumplieron más o menos como yo los había concebido, y otros se han ido haciendo realidad de una forma inesperada, a través de senderos que parecían conducir en otra dirección, pero que al final me han ido trayendo, sin que yo fuera del todo consciente, hacia donde apuntaban mis más profundos anhelos, a veces no pronunciados. Pero todos ellos, incluso los que se revelaron imposibles, me permitieron construir mi futuro o, lo que es lo mismo, alcanzar mi concreto presente.

Los otros sueños, los recurrentes, los que me sustentan y, al mismo tiempo, van mucho más allá de mi vida personal, siguen siendo sueños y, como Ivone Gebara, sé que no los veré realizados, no solo porque exceden con mucho mi capacidad y mi tiempo biológico, sino también porque el paso del tiempo hace que sus contenidos concretos se transformen, como si cada paso dado iluminara la realidad con una luz más clara y penetrante, haciéndome, por tanto, más consciente de mis limitaciones y, también, de mi compromiso para hacer viable aquello que sueño y quiero seguir soñando.

De cualquier forma, se cumplan o no, los sueños tienen un gran poder creador y movilizador, porque están hechos de imaginación y esperanza, sin las cuales es imposible alcanzar un futuro mejor personal y colectivo. Es más, el mero hecho de soñar adelanta ese futuro deseado y, paradójicamente, lo hace realidad, aunque no lleguemos a tocarlo con nuestras manos.

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Sueños por María José Ferrer Echávarri se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

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